
Barcelona (España), miércoles 11 de marzo de 2026 (Florencio Garrido Vela).- Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid (11M Madrid): 22 años sin conocer toda la verdad de la masacre. Como consecuencia de esas explosiones, murieron 191 personas y resultaron heridas más de 1.800, derivándose también innumerables daños materiales. Hoy 22 años después no se conoce la verdad de todo lo ocurrido.
Pasamientos: ¿Si las elecciones generales no hubieran estado programadas tres días después de las explosiones, se habría producido esa situación confusa que, posteriormente, hubo que justificar?
La respuesta la conocemos con gran posibilidad de acierto. Por lo tanto, realmente, el origen y la naturaleza de esas teorías son ajenos a las actuaciones policiales y más cercanas a la confrontación política de esos días.
¿El por qué no se asumió la realidad de aquel momento tal y como fue para así poder unir a la sociedad en lugar de dividirla?
La falta de sensatez de unos pocos impidió mostrarnos ante el mundo como ejemplo de un estado de derecho en la respuesta a la yihad islámica. Con esta actitud, se desprestigió la rápida y eficaz investigación del atentado y la celeridad judicial, cuyos resultados paradójicamente fueron reconocidos internacionalmente.
En España, se cuestionó la actuación policial posterior al atentado, en lugar del funcionamiento del sistema preventivo, cuya finalidad era evitar su comisión. Esas medidas de prevención tampoco queda sobradamente claro por qué las amenazas, confidencias e informes existentes con anterioridad, unidos a los datos obtenidos en los primeros momentos, no resultaron suficientes para reflexionar y, consiguientemente, obviar precipitados pronunciamientos y comunicados sobre la autoría de ETA.
Dentro del tratamiento mediático que tuvo la investigación del 11-M, queda patente la credibilidad que merecieron, y merecen hoy, los autores de las falacias publicadas sobre los agujeros negros o los enigmas de la radiografía, la mochila, la metenamina, los móviles de ETA, los análisis de los explosivos, etc., aireados antes y después de la sentencia. No es justificable que no se atendieran en su día las solicitudes de rectificación de las noticias manipuladas así como de las opiniones ofensivas. Esa pasividad solo se explica si algún sector se beneficiaba con que la polémica continuara viva hasta las siguientes elecciones del 2008.
El Gobierno del PSOE y el resto de la mayoría de la clase política pudo haber actuado. Desde las instancias oficiales se permitió el fraude informativo que se estaba lanzando a la opinión pública y que afectaba directamente a varias instituciones del Estado.
Quizá, el espectáculo dado por los malabaristas de las teorías conspirativas servía a otros para desviar debates o contraponer mensajes respecto a algunas situaciones que, simultáneamente, se estaban produciendo en el mismo periodo, como la negociación con ETA, las llamadas a un colaborador de la banda en Irún o el estatuto catalán.
La lucha política por el poder, incluso dentro de un mismo partido, no justifica esta permisibilidad y tolerancia hacia la proliferación de mentiras lanzadas a la opinión pública. Como tampoco tiene cabida que esa lucha pase por encima del sufrimiento de las víctimas, de muchos profesionales y del desgaste propio de algunas instituciones.
Tras todo lo que escuchamos, vimos, leímos y hemos conocido después de los atentados, resulta evidente que la conspiración que ha existido es la del juicio paralelo contra las certezas del 11-M que, iban constituyendo la verdad judicial. Quedaría valorar quiénes y para qué montaron esa conspiración contra la verdad basada en teorías imaginarias, en las que se cuestionaba el trabajo independiente y profesional de las instituciones del Estado, PERO NO LA DEL GOBIERNO.
Parece injustificable que todas las noticias y opiniones que ponían en duda la investigación, utilizando mentiras a sabiendas, permanezcan amparadas bajo el ejercicio legítimo y ético de la libertad de información o del derecho a la crítica. Cuando se traspasan los límites, cuando se atenta contra la imagen y el honor de las personas mediante mentiras, nada es justificable.
Sin embargo, lo más relevante eran y son las víctimas, que mantuvieron un comportamiento ejemplar y que, a cambio, recibieron planteamientos infinitos de dudas sobre lo ocurrido, lo que afectó a sus sentimientos, incrementó su sufrimiento y las dividió. Las acciones conspirativas, la mayoría por intereses mediáticos, ignoraron que lo realmente importante de todo lo ocurrido eran las víctimas.
¿Acaso la sociedad española se puede permitir que este tratamiento del 11-M, inspirado y sostenido por unas personas, quede así, sin que a día de hoy, nadie pague la factura del fraude informativo y ocultado en ciertos estamentos y organismos?
Personalmente cuestiono casi todo ya que una gran parte de periodistas los sindicatos mercenarios, gobiernos vendidos… y una sociedad que acepta casi todo sin rechistar… La verdad que libera a los hombres suele ser la que no quieren oír La gente se creerá cualquier cosa mientras no sea la verdad.
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Florencio Garrido Vela Profesor de seguridad y miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) en situación de R.
