Caso Vanesa Mayo González. La niña de 10 años violada y asesinada en Luanco (Asturias) en octubre 1989

Lasvocesdelpueblo
FOTOGRAFÍA. LUANCO (ASTURIAS), 08.10.1989. La localidad asturiana de Luanco quedó prácticamente paralizada con motivo del funeral de la niña de 10 años Vanesa Mayo González, violada y asesinada en esta localidad. Efe 

Efe – El 8 de octubre de 1989 fue hallado junto a un contenedor el cadáver de Vanessa Mayo, una niña de 10 años de Luanco (Asturias) a la que su asesino también violó. La Guardia Civil acababa de crear su Unidad Central Operativa (UCO), que casi se estrenó con este caso. Una bolsa de gominolas y la intuición de los agentes lo cerraron 47 días después. Madrid (España), domingo 13 de septiembre de 2020.

A las 16.30 horas del sábado 7 de octubre Vanessa, hija del matrimonio que regentaba la cafetería “Cuatro de Mayo” en esa localidad asturiana y estudiante de cuarto curso de EGB, salió con su bicicleta para dar un paseo y comprarse unas sandalias.

Luanco era una localidad tranquila, y más en esas fechas sin el turismo del verano. Que una niña de 10 años fuera sola de compras, seguramente a un comercio donde la conocerían, no resultaba extraño.

Pero Vanessa, la pequeña de cuatro hermanas, tardaba mucho y sus padres comenzaron a preocuparse y a buscarla por todo el pueblo, preguntando a unos y otros si la habían visto. Finalmente, se trasladaron hasta el cuartel de la Guardia Civil, ya de madrugada, para denunciar la desaparición de su hija.

Horas más tarde, un portero de discoteca que regresaba a su casa encontró al lado de un contenedor, en la plaza de la Solara, el cadáver de una niña, prácticamente desnudo. Solo una chaqueta, abrochada en su botón superior, le cubría los hombros.Enseguida fue identificada. Se trataba de Vanessa, a la que habían violado y estrangulado.

Con las técnicas de identificación por ADN aún en fase de ensayo y escasas evidencias en el lugar del hallazgo, la investigación se tornó difícil para los agentes de la Guardia Civil en Asturias, que veían como sus pesquisas se encallaban en un caso al que le dieron absoluta prioridad.

LLEGA LA UCO

Hacía pocos meses que la Guardia Civil había creado la UCO, una unidad de elite para ayudar a las comandancias territoriales en los casos más complicados.

A la cabeza del grupo que se encargaría de investigar los delitos contra las personas, formado por una decena de agentes, estaba el entonces capitán Pedro Garrido, actualmente general jefe de la Guardia Civil de Cataluña.

Garrido relata a Efe que la Comandancia de Gijón pidió ayuda a la UCO. En ese momento, el grupo que dirigía el entonces capitán ni siquiera contaba con vehículos propios, por lo que él y sus agentes se desplazaron a Asturias en tren.

Con la víctima enterrada, algunos efectos encontrados en el lugar del hallazgo del cadáver devueltos a la familia o ya destruidos y con una autopsia que lógicamente no pudo hacerse con los medios que hay ahora, los agentes de la UCO tampoco lo tenían fácil.

Pese a que la inspección ocular fue muy completa, había pasado ya un tiempo, alrededor de un mes, y el lugar donde fue arrojado el cadáver ya se había “contaminado”.

Y no solo eso. Como recuerda Garrido, las técnicas de identificación por ADN estaban en pañales, con apenas un par de universidades en España que trabajaban en ese momento en ellas.Así las cosas, a los investigadores les quedaba una única baza: los interrogatorios a todas las personas que pudieran aportar información sobre la víctima.

LA AMIGA DE VANESSA

Se centraron los agentes en una amiga de la niña asesinada. Ya la habían interrogado los investigadores de la Comandancia, pero la menor, con algún año menos que Vanessa, se había “bloqueado”. No quería hablar de nada, explican a Efe investigadores de la Unidad Técnica de Policía Judicial (UTPJ) de la Guardia Civil.

Pero era la baza que había que jugar. Había que volver a entrevistarla porque era la única persona que podía decir qué hacía Vanessa fuera del control de sus padres.

Los padres de esta testigo, según cuenta Garrido, no pusieron inconveniente alguno para que se “trabajara” con su hija, en presencia también de una psicóloga que estaba intentado romper el “bloqueo” de la pequeña.

Había que seguir intentándolo y los agentes de la UCO decidieron abordar la “entrevista” con la niña de forma distinta.

“En 1989 -continúa Garrido- no llevábamos en la mochila un psicólogo. Pero teníamos que ser todoterreno, empatizar con las víctima en un momento en el que todavía no estaban desarrolladas las técnicas de investigación con menores, el perfilado criminal etc… Lo hicimos como pudimos”.

UNA BOLSA DE GOMINOLAS

Los agentes, siempre con el beneplácito de los padres, se encontraron con la amiga de Vanessa en su habitación, se sentaron con ella en el suelo armados de una bolsa de gominolas y entablaron conversación con ella. Una charla normal, sin preguntas sobre la víctima ni sobre lo que esta hacía.

“Decidí sentarme en el suelo con ella para estar a su nivel. Hablamos de sus inquietudes, del curso escolar, de lo que había pedido a los Reyes, de banalidades”, prosigue Garrido.

Y así hasta llevar la conversación hacia quiénes eran sus amigos y los amigos de sus amigos. Incluso, con preguntas sobre qué chico le gustaba a ella y cuál a su amiga. Una conversación, en suma, que aportó no poco a los agentes de la UCO.

Porque la amiga de Vanessa -una niña con importante desarrollo físico para su edad- contó que a la víctima le gustaba un chico más o menos de su edad, pero que a otro chaval de veintipocos años le gustaba Vanessa y muchas veces se hacía el encontradizo con ella para verla.

A los investigadores, este detalle les llamó la atención y centraron sus pesquisas en este chico, que, como recuerdan las fuentes consultadas, estaba separado, tenía un hijo y se había trasladado a Luanco desde Gijón por problemas con los vecinos.

Según se supo después, y aunque no había diligencias abiertas por esos casos, este joven, Manuel Jesús Rodríguez, ya había protagonizado en Gijón algún intento de tocamientos a niñas de su vecindad.

CASO RESUELTO

Manuel Jesús vivía con su padres, trabajaba en una pizzería y tenía moto. A Vanessa le gustaban las motos y ese fue el gancho con el que su asesino la llevó hasta su casa para enseñarle un catálogo de estos vehículos de dos ruedas.

Aprovechó que sus padres estaban de viaje para llevar a Vanessa a la casa. Allí la violó y después la estranguló.

Cuando fue interrogado, 47 días después del asesinato, reconoció los hechos, que corroboraron algunas pruebas, como restos de sangre hallados bajo la cama matrimonial de la casa o el pelo de un perro que se encontró en el cuerpo de Vanessa y que podría corresponder al caniche que tenía Manuel.

En el juicio, el detenido volvió a repetir la declaración que ya hizo ante la Guardia Civil y fue condenado a 35 años de cárcel.Quizá lo extraordinario de este caso, el primer homicidio que resolvió la UCO, esté en que pudo resolverse con la pericia de los investigadores, con una técnica de entrevista más intuitiva que sistemática.

Una técnica que se ha ido desarrollando y que en la actualidad se emplea en muchos casos. De hecho, la UTPJ de la Guardia Civil cuenta con una sección de análisis de la conducta criminal que apoya a los agentes de Policía Judicial para el esclarecimiento de muchos hechos delictivos.

En 1989 y en Luanco, los agentes de la UCO no pudieron echar mano de esa sección porque aún no existía. Pero hay técnicas criminalísticas quizás más de andar por casa que siguen dando resultado.

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