Comienza a percatarse de que Vox ha venido para dar voz a los que no la tenían

Rocío Monasterio San Martín
FOTOGRAFÍA. MADRID (ESPAÑA), AÑO 2019. Vista e la presidente de VOX en la provincia de Madrid y portavoz de este partido político en la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Madrid, Rocío Monasterio San Martín, durante un mitin de su partido. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Redacción – Nosotros siempre hemos sido muy claros respecto al rol que deben jugar las familias y, más concretamente, los padres en la educación de los hijos, por eso resulta sorprendente la actitud del Partido Popular o de Ciudadanos. Son estos partidos los que deben decidir si posicionarse del lado de quienes pretenden imponer medidas como el Plan Skolae, que implica la enseñanza de juegos eróticos a los niños de 0 a 6 años, o quienes queremos hacer que el Estado respete el derecho de los padres a proporcionar a sus hijos una formación conforme a sus principios. 

Cuestión de libertad

La izquierda sectaria siempre ha pensado en la educación de nuestros jóvenes como el espacio idóneo para colocarnos su ideología caduca y trasnochada. Apoyada en un Estado que aumenta sus atribuciones para desarrollar su agenda política, las familias observan con perplejidad cómo se produce la merma de su autonomía para criar y educar a los hijos.

El pin parental, amparado en el artículo 27.3 de nuestra Constitución, es un proyecto pensado para devolver autonomía a la sociedad civil, para que sean los padres quienes, mediante un ejercicio responsable, decidan si sus hijos deben participar o no en actividades que se sitúan al margen de los contenidos establecidos por el currículo educativo.

El escándalo mediático que ha producido nuestra propuesta demuestra lo inquieta que está la izquierda ante el desafío a sus políticas de supremacismo cultural. Acostumbrada, como estaba, a hacer y deshacer en el ámbito educativo y a que la derecha practicara una política continuista, comienza a percatarse de que Vox ha venido para dar voz a los que no la tenían, para poner en el centro de las políticas a los padres y las familias frente a su ideología totalitaria.

Nosotros siempre hemos sido muy claros respecto al rol que deben jugar las familias y, más concretamente, los padres en la educación de los hijos, por eso resulta sorprendente la actitud del Partido Popular o de Ciudadanos. Son estos partidos los que deben decidir si posicionarse del lado de quienes pretenden imponer medidas como el Plan Skolae, que implica la enseñanza de juegos eróticos a los niños de 0 a 6 años, o quienes queremos hacer que el Estado respete el derecho de los padres a proporcionar a sus hijos una formación conforme a sus principios.

El desmedido y sospechoso interés en adoctrinar a los niños que tiene la izquierda encuentra su explicación en actitudes como la de Boti García, nueva directora de Diversidad Sexual, quien, a pregunta del actual vicepresidente de España, confesó haber mantenido una relación con una alumna menor de edad, lo que es un ejemplo de manual de abuso sexual. Por eso hemos pedido su cese.

Si ese es el concepto de educación que maneja el actual Gobierno, se entiende que el pin parental es una propuesta de mínimos, defensiva frente al ataque de este tipo de desaprensivos. Pretendemos ir más allá y derogar leyes como la ley Cifuentes, redactada por el Partido Popular y aprobada por el resto de los partidos que conforman el consenso progre; y que implica que pueda ser sancionado todo aquel que no esté dispuesto a asumirla o que se atreva a criticarla.

Además, nuestra propuesta también persigue que los profesores vean reforzado su papel como autoridades en sus asignaturas, de modo que no tengan que preocuparse por la planificación de actividades que, ni gozan del consentimiento de los padres, ni están contempladas en el currículo de las asignaturas.

El pin parental no es más que un primer paso para rearticular un sistema educativo que se ha convertido en objeto de deseo de separatistas, activistas y de todo tipo de movimientos disgregadores de la nación, favorecidos por un Estado de las autonomías que está deshaciendo la unidad nacional que nos queda.

Los españoles comienzan a darse cuenta de que Vox es más que un partido, es un instrumento creado para la defensa del bien común, de la nación y de sus ciudadanos, una herramienta que desafía el monopolio cultural y moral de la izquierda, un bastión que hace frente tanto a los complejos del Partido Popular y Ciudadanos como al totalitarismo propio de la izquierda.
La dictadura progre ha penetrado de manera muy intensa en nuestro país, imponiendo cuestiones como el cambio climático o la ideología de género y creando disensiones ficticias entre unos españoles que se han visto obligados a transigir hasta ahora. Y todo ello, promovido por unas élites progresistas, irresponsables, caprichosas y privilegiadas que no tienen inconveniente en diseñar experimentos ideológicos con los niños de los demás.

Con la irrupción de Vox emerge la promesa de la lucha incansable frente a este consenso totalitario, que entiende la educación como un instrumento ideológico, disuelve la jerarquía en la relación entre profesor y alumno y destruye la libertad de las familias y el derecho fundamental a la educación.

Rocío Monasterio

Presidente de Vox en la Comunidad de Madrid y portavoz del partido en la Asamblea autonómica.

Este artículo también ha sido publicado al diario El Mundo y en la web del partido político VOX

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