Cultivando muñecos rotos

. ¿Estamos cultivando generaciones de peleles colectivizados (muñecos rotos)? Hay quienes los llaman generación de cristal, por su fragilidad tanto personal como de grupos y colectivos.

FOTOGRAFÍA. MUNDO, 11.06.2022. Amigos de tiro medio tomando selfies. Los jóvenes de «Generación Z», también conocida con otros nombres como posmilénica (nacidos después del año 2000​, centúrica o Generación de Cristal,​ que es la cohorte demográfica que sigue a la generación milénica y precede a la Generación Alfa o Generación X. Imagen creada por Freepik. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Redacción.- Barcelona (España), sábado 11 de junio de 2022. Años de experiencia, de reflexión, de observación, de información, de expresión y exposición, han sedimentado en certidumbre que, varias veces contrastada, ha desembocado en convicción incuestionable. ¿Estamos cultivando generaciones de peleles colectivizados (muñecos rotos)? Hay quienes los llaman generación de cristal, por su fragilidad tanto personal como de grupos y colectivos. En este orden, más que en ningún otro, sería un error generalizar y, por ello, ya desde ahora, afirmo tajante que hay muchos niños, adolescentes y jóvenes que remontan, se libran, se sobreponen o son educados y cultivan su personal individualidad con un ‘yo’ que neutraliza y supera el colectivismo simplista y borreguil. Vayamos al núcleo del problema: Los niños a la edad de 2 y 3 años están en la fase del intenso egoísmo saludable, absolutamente positivo para fortalecer su ‘yo’ en construcción, en formación; que necesita esa intensidad, ese asegurarse para arraigar, para no ser derribado, perforado por el nosotros que viene pronto, a los 4 años (como norma). Solo un ‘yo’ sólido integra, favorece y enriquece al nosotros.

La realidad social justifica que los niños sean atendidos fuera del ámbito familiar desde tempranas edades. Lo importante es el dónde, el quién y el cómo. La ignorancia, la improvisación, planificar desde la política desdeñando el conocimiento y la experiencia, y, como diría Mafalda «de tanto ahorrar en educación nos hemos hecho ricos en ignorancia». Sin más criterio que la facilidad, la comodidad, la economía y la ignorancia; se sienta a los niños de 2 y 3 años en la escuela, con el personal disponible y al como salga… Pues bien, lo que sale es que el ‘yo’ inmaduro en formación y con gran necesidad del sano egoísmo que le fortalece, se ve arrojado en un medio nosotros-vosotros durante muchas horas al día. Resultado: difuminado en la multitud (más de 3-4 niños en esas edades son multitud) ruidosa y marcial, el ‘yo’ débil no tiene opciones; se diluye en el grupo. Porque esto dura los años clave, los meses interminables y las largas horas de cada día. El ‘yo’ se evapora por el elemental principio (que a nivel cerebral está totalmente confirmado) «lo que no se utiliza se pierde».

Mucho o todo lo que desarrolla el sentido propio del ‘yo’ ha cambiado: lo importante que soy, mi ritmo de juego libre y divertido, las propias rutinas que delimitan mis formas personales. Mi cubo emocional apenas recibe algunas gotas que nunca le llenarán para que desborde y pueda compartir, esperar, empatizar y cooperar con el ‘nosotros’. El ‘nosotros’ se desarrolla a destiempo, antes y a costa del ‘yo’ del niño que ha quedado coartado, neutralizado o eliminado. El sujeto así podado queda para siempre insatisfecho y reclamará siempre que ese vacío sea ocupado, rellenado con química, pues química son las hormonas de la autonomía; hormonas que ha robado la heteronomía del grupo, el colectivo, «la clase», vosotros, nosotros y ellos.

Esos niños crecen necesitados, por carencia del ‘yo’ personalizante; van a ser adolescentes y jóvenes que demandan atención de mil maneras, que necesitan ser tranquilizados, serenados porque les falta autoestima, autoconfianza, autonomía. Dependientes del grupo, sujetos a su presión, dóciles a la identidad del grupo por carencia de la propia. Su cubo emocional está perforado, nunca se llenará; nunca serán suficientes la atención, el tiempo, las ayudas, ni siquiera el amor. Los comportamientos inmaduros abren enormes puertas al bullying, a ser utilizados, a romperse como frágil cristal, a ser fácil pasto de cualquier abuso y adicciones: drogas, juego, sexo, bebida o pantallas.

La etapa estratégica y básica en la formación y fortalecimiento del ‘yo’, es la edad de 2 y 3 años. Si en esas edades el ‘nosotros’ neutraliza por solapamiento al ‘yo’ inmerso en grupo cuya heteronomía impide la autonomía que personaliza, el resultado a menudo son peleles colectivos, muñecos rotos en vez de personas autónomas y responsables. La escuela a los 2 años es el caldo de cultivo más propicio para ello. La realidad social puede tener otra respuesta educativa. Hay otro dónde, otro quién y otro cómo.

Continuará…

Isidro García Getino, Pedagogo y Psicólogo

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