De Rociito y de la presunción de inocencia

.Actualmente estamos viviendo en una sociedad donde la presunción de inocencia ya no significa nada

FOTOGRAFÍA. AGOSTO DE 2020. Celda. Imagen creada por Freepik. (Ñ Pueblo) FOTOGRAFÍA. AGOSTO DE 2020. Celda de prisión con ventanas enrejadas, interior de la cárcel vacía con paredes de hormigón gris y rayos de sol cayendo sobre el piso. Imagen creada por Freepik. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Reus (Tarragona) España, martes 6 de julio de 2021. “Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y a la asistencia de letrado, a ser informados de la acusación formulada contra ellos, a un proceso público sin dilaciones indebidas y con todas las garantías, a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia”. Así es tal y como lo establece el artículo 24.2 de la Constitución española sobre la vulnerada presunción de inocencia en nuestra sociedad.

Actualmente estamos viviendo en una sociedad donde la presunción de inocencia ya no significa nada, no tiene valor alguno, donde solo imperan y valen las condenas de telediarios y telecotilleos. Para la muestra, un botón: El caso de Rociito, hija de la popular cantante Rocío Jurado, con su ex marido, Antonio David Flores, cuyas vidas siempre han ido ligadas a la crónica rosa de nuestro país, pero hace unas semanas se cruzó una raya roja que jamás debió cruzarse: la vulneración de la presunción de inocencia. Se ha “condenado” por TV al ex marido, en vez de llevarlo por los pertinentes cauces judiciales. Por si no fuera poco que Rociito contara su caso en TV, nos enteramos, como apuntan algunos medios, que se le pagó 200.000 euros por capítulo emitido. ¡Guau! ¿Cuánto dolor, verdad?

Desconozco si lo que explicó en TV pasó realmente en su vida conyugal. Pero no veo bien las condenas televisivas con solo el testimonio de una parte, sin ser un tribunal de justicia, ni mucho menos “las condenas” de políticos arribistas y oportunistas, porque si son falsas las acusaciones ¿Quién resarcirá el honor del damnificado? ¿No se está sustituyendo la justicia por una especie de tribunales “inquisitoriales” televisivos para dar espectáculo como si fuera un circo? ¿Recordamos el caso de Dolores Vázquez, condenada por un jurado popular y por la sociedad, pero posteriormente absuelta por encontrar pruebas que demostraron su inocencia?

La presunción de inocencia es un derecho fundamental que ha costado mucho conquistarlo para evitar el abuso del poder, las torturas, las falsas acusaciones, las condenas injustas, y así poder instaurar el Estado de Derecho. Este derecho fue una gran conquista de la Ilustración, siendo uno de los pilares fundamentales de la reforma liberal contra el abuso de poder y contra las torturas de la época. Y efectivamente, se estableció en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789; en España la tenemos establecida en la Constitución de 1978 en el citado artículo 24.2, pero ya en la Antigua Roma, bajo la influencia del cristianismo, mediante el código Justiniano, se establecía: “Todos los acusadores entiendan que sus cargos no serán preferidos a menos que puedan ser probados por testigos probos o por documentos concluyentes, o por evidencias circunstanciales que equivalgan a pruebas indubitadas y claras como el día”.

Aunque la mejor frase que se ajusta a este caso y a la vulneración de la presunción de inocencia, es la afirmación de uno de los autores del S.XVIII, la del italiano Cesare Bonessana (el Marqués de Beccaria) literato, filósofo, jurista y economista, que afirmaba: “Un hombre no puede ser llamado culpable antes de la sentencia del juez, ni la sociedad puede quitarle la protección pública sino cuando se haya decidido que violó los pactos con los que aquella protección le fue acordada”.

¿Hasta cuándo tendremos que aguantar las condenas de telediario y de telecotilleo, que dañan a las víctimas reales y debilitan nuestros derechos que nos protegen ante las injusticias? Tenemos unos derechos humanos, civiles y sociales, pero pertenece al ciudadano de a pie, como especialmente a la justicia, en no dejarlos manipular por nadie, ya que el individuo debe ser libre de pensar y de opinar por si mismo. Debemos evitar que nos manipulen para que no tengamos una sociedad injusta y corrompida hasta el tuétano.

Jordi Ferré Rey

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