Desamparo, los partidos secesionistas son premiados

Ana Maria Torrijos
FOTOGRAFÍA. MADRID (ESPAÑA), MARZO DE 2019. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante una intervención en la sesión de control al Gobierno del Senado. Efe.

Redacción [Ana María Torrijos. Cuando nos documentamos para conocer con exactitud el verdadero significado del término democracia y para saber el momento en el que se necesitó crearla, aplastantes son las conclusiones de deterioro al que la hemos sometido. Barcelona (España), domingo 5 de mayo de 2019. 

La ley D’Hondt no permite equilibrar la cantidad de votos conseguidos con el número de diputados alcanzados. Esta anomalía distorsiona los resultados y proyecta un modelo de sociedad no real a la que es. Los partidos secesionistas son premiados, lo que hace que ocupen con menos votos más escaños en la sede de la soberanía popular. Presencia que usan para desestabilizar el Estado de Derecho.

El poder del pueblo, nos indica con firmeza la etimología del griego clásico, un poder que transmite cada ciudadano con su voto para delegar en los elegidos esa capacidad de mando. Antes sólo las élites o los tiranos organizaban el funcionamiento de las ciudades-estado. Cuando la burguesía asumió que tenía iguales derechos que los que hasta ese momento organizaban la gobernabilidad de la comunidad, el desarrollo de los derechos individuales gracias a la evolución de la formación y del bienestar, hizo que se recuperase el sistema político perdido en las páginas de la historia.

Hace pocas fechas hubo la oportunidad de ver una instantánea de esa puesta a punto. Con los resultados electorales en la pantalla de la televisión, foto fija de una situación de gran incertidumbre, se cuestionó la libertad, el desarrollo económico y la estabilidad nacional. No es arriesgado afirmar con cierta rotundidad que la incertidumbre es el rastro que nos han dejado los comicios pasados. La ley electoral que prima a quienes desde sus posturas dogmáticas presentan como alternativa una ruptura de la igualdad en derechos de todos los ciudadanos, un dirigismo narcotizante, un saltarse toda pauta de convivencia, aceptar la violencia institucional para conseguir sus fines, es una de las piezas que han desestructurado el modelo político que mejor se ajusta a las aspiraciones de la paz social.

A partir de ahí, aparecen en cadena todas las demás piezas que han dificultado el funcionamiento, por estar deterioradas o por el mal uso que se ha hecho de ellas. Somos campeones en legislar, trabajamos a destajo, pero muchas de esas leyes quedan indefinidas, a la interpretación del juez que debe dictar sentencia y en ocasiones es tan laxa por las presiones “ambientales”, que provoca un rechazo generalizado. Ejemplos los hay y muchos, entre ellos se puede señalar en esta última campaña electoral, el veto a VOX a debatir en igualdad de condiciones que las otras fuerzas políticas. El motivo argumentado por la Junta Central es el de no ocupar aún un escaño en el Congreso de los Diputados, cuando en las anteriores elecciones, en situación similar se permitió hacerlo a C’s y a Podemos. Otro ejemplo más llamativo por el daño que se hace a la esencia de los derechos individuales, es que el Tribunal Constitucional, después de diez años de “meditación” ha ninguneado su sentencia sobre la ley catalana de la enseñanza. No ha afirmado con rotundidad la obligación de cumplir la libertad de lengua vehicular, el principal requisito para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos en cualquier rincón bilingüe del Estado.

Si nos centramos en la seguridad de las vías públicas, también encontramos casos escandalosos de incoherencia democrática. En Barcelona, una ciudadana fue brutalmente agredida por un descontrolado , por uno de esos emigrantes ilegales que pululan de una acera a otra, duermen en los soportales y cuando sienten sus apetitos carnales excitados, se lanzan con desenfreno, pero en esta ocasión sin la presencia reivindicativa en la calle de las feministas ni de las cámaras de televisión. Feministas, agrupaciones al servicio de los partidos de izquierda, marionetas de los que se denominan progresistas, han sido arrolladas últimamente por otras mujeres, libres, capaces de pensar por ellas mismas, no sujetas a la disciplina del que reparte subvenciones. Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo son los referentes de los derechos de la mujer, que no necesitan una ley tan confusa como la de Violencia de Género. Ciudadanas con el apoyo de la Constitución en cuanto a derechos y libertades, actúan, opinan y son capaces de retar a los que intentan destruir la España surgida en la transición democrática. Una señal de esperanza.

Desde las 9:00 horas de la mañana hasta las 20:00 horas de la tarde-noche del domingo 28 de abril de 2019, las urnas han estado abiertas para recibir a cada uno de los ciudadanos con derecho a voto. Un largo desfilar de personas de todas las edades, de toda condición, risueñas como si fueran a una feria o apesadumbradas igual que acompañantes de un oficio mortuorio, gente joven que completaba su ejercicio deportivo o de otra índole, con el deber a la participación política, y también se acercaban con pie vacilante personas de muy avanzada edad solas o acompañadas para dejar su deseo en la caja transparente de la que saldría el nuevo Ejecutivo. Después del recuento, la sentencia de cómo se configuraba el Congreso de los diputados, ha dejado en gran perplejidad a muchos ciudadanos.

La ley D’Hondt no permite equilibrar la cantidad de votos conseguidos con el número de diputados alcanzados. Esta anomalía distorsiona los resultados y proyecta un modelo de sociedad no real a la que es. Los partidos secesionistas son premiados, lo que hace que ocupen con menos votos más escaños en la sede de la soberanía popular. Presencia que usan para desestabilizar el Estado de Derecho.

Muchos ciudadanos en las comunidades autónomas dominadas por los nacionalistas, están desamparados. Intereses partidistas identitarios son los que imponen su fuerza y el resto de la población no claudicante a su péndulo doctrinario, no existe. Sólo presentes para justificar el funcionamiento del sistema, pagar impuestos. No tienen iguales derechos ni gozan de la misma libertad que otros españoles. Una soledad les ahoga desde que el Gobierno de la Nación prefirió tener mayoría parlamentaria antes que representar al pueblo en su conjunto. El desamparo como una epidemia se va extendiendo, ya domina Cataluña, el País Vasco, y ahora alcanza también niveles amplios en otras zonas colindantes, la Comunidad Valenciana, Baleares, Navarra.

Urge reparar estas graves grietas que anuncian un derrumbe de la unidad de la Nación, el vaciado de la Constitución y el abandono de los ciudadanos. Los nuevos comicios en puertas deben servir para enmendar decisiones tomadas sin reflexionar a fondo. Las bases del constitucionalismo están en peligro. Reformas varias y profundas son necesarias si aún queremos salvar la libertad.

Ana María Torrijos

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