
Madrid (España), viernes 11 de septiembre de 2026 (Lasvocesdelpueblo).- Intervención completa de la portavoz del Grupo Parlamentario VOX en la Asamblea de Madrid, Isabel Pérez Moñino-Aranda, en el Debate sobre el Estado de la Región 2026. Saludos iniciales y recuerdo para los madrileños afectados por el mayor incendio en la historia de la Comunidad de Madrid. Petición de apoyo intenso al mundo rural y a la prevención para evitar un futuro peor para todos.
Señorías, ayer escuchamos a la señora Ayuso hablarnos de Madrid, un lugar, donde según nos contó, no debe haber ningún problema. Nos habló de crecimiento, de inversiones, de empleo, de recaudación, de nuevos proyectos. De cifras históricas y de récords. Y no dudamos de que muchas de esas cifras sean ciertas. Pero una cosa es que las cifras de Madrid vayan bien y otra muy distinta es que a los madrileños les vaya bien. Porque el estado de una región no se conoce únicamente leyendo cifras desde un atril. Se conoce bajando a la calle. El verdadero estado de Madrid es ese joven que cada mañana espera el Metro en un andén abarrotado, entra como puede en un vagón colapsado y tarda una hora en llegar a un trabajo cuyo sueldo no le permite pagar un alquiler. El verdadero estado de Madrid es esa pareja que lleva meses mirando pisos, haciendo números y rebajando expectativas hasta descubrir que, si quieren tener una casa y formar una familia, toca abandonar Madrid.
El verdadero estado de Madrid es el vecino que se despierta con la noticia de un nuevo apuñalamiento, amputación o asesinato cometido por una banda latina en su barrio. El verdadero estado de Madrid es la familia trabajadora que recorta cada mes en la cesta de la compra para poder pagar un seguro médico privado porque conseguir una cita en su centro de salud está reservado para otros. El verdadero estado de Madrid es el joven español que nunca se fue de su barrio y que, sin embargo, siente que su barrio se ha ido de él. A toda esta gente, Ayuso le dijo que en Madrid ni hay ningún problema. Madrid corre mucho, señora Ayuso. No sabemos hacia dónde. Sabemos que corre dejando a los madrileños atrás. Hay un Madrid que aparece en sus cifras, en sus discursos o en sus medios afines y otro Madrid que se encuentra uno al entrar al Metro, paseando por el barrio o en la sala de espera de un hospital. Y de ese segundo Madrid vamos a hablar nosotros hoy. Señora Ayuso, ¿Cree usted que hoy se vive mejor en Madrid que hace un año? Usted nos habló del Madrid de los récords. Hoy VOX va hablar del Madrid de las consecuencias de esos records. Usted ha presumido y medido el éxito de Madrid innumerables veces por toda la gente que consigue atraer. El cruce de caminos, que suena muy bien. Nosotros preferimos medir el éxito de su gestión por cuántos madrileños consiguen quedarse. Y para quedarse hace falta algo bastante elemental: una vivienda.
¿Cómo está la vivienda en Madrid, lo sabe usted? ¿sabe cuánto ha subido el precio? ¿Sabe lo que cuesta alquilar un piso en Madrid? Yo, por lo que sea, este verano me he enterado de lo que vale un ático de lujo. Pero bueno…¿Sabe lo que cuesta un piso normal? El otro día estuvo en Getafe, ¿no? ¿Sabe cuánto ha subido la vivienda en Getafe en el último año? Pues con cifras que ya eran de récord, el alquiler ha subido un 8,5% en el centro de Getafe, donde estuvo usted. Más de un 10 % en Fuenlabrada, Aranjuez, Alcalá de Henares o Carabanchel, un 12,5 % en Villaverde, un 17 % en Villaverde Alto o más de un 18 % en Butarque. No estamos hablando de zonas exclusivas. Estamos hablando de los barrios y municipios donde viven las familias trabajadoras de Madrid. Eso no son precios de vivienda. Para miles de jóvenes españoles son precios de expulsión. Ustedes callan pero entonces llega la izquierda muy brava con su explicación favorita: «la especulación». ¿A que sí? Claro que existe especulación. Claro que existen fondos extranjeros buscando rentabilidad. Para los que, por cierto, VOX propuso una fiscalidad diferenciada y ustedes votaron en contra. Ustedes hablan de la especulación como si los especuladores hubieran inventado la escasez. Pero la especulación no crea la escasez: hace negocio con ella. Y mientras la demanda aumenta mucho más deprisa que la capacidad de Madrid para absorberla, una vivienda se convierte inevitablemente en un bien de especulación.
Señora Ayuso y señores de la izquierda, ¿cree aquí alguien que meter a 200.000 extranjeros por año en Madrid no tiene consecuencias sobre la vivienda? Un joven madrileño que busca su primer alquiler podría permitirse destinar una parte limitada de su sueldo a una vivienda. Una pareja joven podría reunir dos nóminas. Pero el estado de la región es que ese joven es incapaz de competir por un piso con 4 familias extranjeras dispuestas a compartir el alquiler para hacinarse en él. El hacinamiento en Madrid es hoy una ventaja competitiva. Han convertido la escasez de vivienda en una competición en la que el joven español que quiere emanciparse está condenado a perder. ¿Y frente a esta realidad, qué nos ofrecen? La izquierda pretende intervenir el precio ignorando por qué existe semejante presión sobre la vivienda. Y no solo ignorándolo, sino promoviendo políticas que aumentan esa presión. Y ustedes en el PP, celebran continuamente que Madrid sea una aspiradora humana que incorpora población como si las casas fueran infinitas. Pero Madrid ni puede ni debe seguir creciendo indefinidamente. En Madrid no cabe nadie más. Y quien se niegue a aceptar que Madrid tiene límites podrá presentar diez, veinte o cien planes de vivienda. Estará mintiendo a nuestros jóvenes. Porque mientras la demanda no tenga límites, ninguna oferta ni plan será suficiente.
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En VOX no tenemos miedo a decir que la primera y mejor política de vivienda empieza en la frontera. Por cierto, hablando de casas ¿donde están las 25.000 viviendas que prometió en 2019? Va a contestarme algún día? Madrid puede atraer talento, inversión y oportunidades. Pero ninguna región puede absorber indefinidamente más demanda de la que su parque residencial y sus infraestructuras pueden soportar. Una política de vivienda sensata debería responder a una pregunta elemental: ¿para quién queremos que sea habitable Madrid? Pero señora Ayuso, las consecuencias de su modelo no terminan en la puerta de casa. Continúan cada día cuando los madrileños salen para ir a trabajar. El verdadero estado de la región también se mide a las ocho de la mañana en un andén de Metro. Es llegar a la estación y dejar pasar un tren porque no cabe nadie más. Es conseguir entrar en el siguiente y hacer todo el trayecto pegado a la puerta. Es calcular cada mañana no cuánto tardas en llegar al trabajo, sino cuánto tiempo tienes que regalarle al colapso para no llegar tarde. Presumirán de que nunca ha habido tantos viajeros. Por supuesto. Ese es precisamente el problema. Ustedes celebran como un récord lo que cientos de miles de madrileños experimentan cada mañana como saturación.
Metro de Madrid cerró 2025 con más de 736 millones de usuarios, su máximo histórico. Y la demanda ha seguido creciendo. Pero los trenes no se estiran. Los andenes no se ensanchan cuando llega un nuevo vecino. Las líneas no aparecen automáticamente cuando aumenta la población. Hay algo que su propaganda nunca consigue explicar: cada nuevo récord de población también coge el Metro por la mañana. Y esto no ocurre por casualidad. ¿Creen que meter cada año en Madrid a un número de extranjeros equivalente a toda la ciudad de Almería no tiene consecuencias en el transporte? No se puede aumentar semejante volumen de población y comportarse después como si todos esos nuevos habitantes no necesitaran desplazarse. Por eso, cuando un madrileño se queda esta mañana en el andén porque no cabe, y tiene que esperar el siguiente tren, no está sufriendo una estadística. Está sufriendo las consecuencias de la política de fronteras abiertas. Y mientras ustedes siguen presumiendo de que cada vez somos más, nosotros formulamos una pregunta bastante más sencilla: ¿De qué sirve tener el Metro con más viajeros de su historia si el madrileño que lo paga y lo utiliza cada mañana viaja cada vez peor? Porque gobernar no consiste en batir récords de usuarios. Gobernar consiste en que los españoles quepan en el vagón. Pero el madrileño que consigue salir del Metro abarrotado no deja atrás las consecuencias del crecimiento sin límites.
Porque una población que llega masivamente no solo demanda casa y transporte. Demanda ayudas, demanda educación o demanda atención sanitaria y ahí vuelve a aparecer el mismo problema. Las personas llegan a su Madrid donde caben todos los acentos mucho más rápido de lo que crecen los servicios públicos que las atienden. Del coladero de Barajas, al centro de salud. El propio Gobierno de Ayuso reconoce haber prestado más de 700.000 atenciones sanitarias a ilegales en los últimos años. Muchos de ellos entrando como falsos turistas y pasando por delante de los españoles. ¿Usted cree que atender a 700.000 ilegales no tiene relación con el aumento del 70 % en listas de espera en Madrid? Señora Ayuso, usted presume constantemente de bajar impuestos. Y hace unos días decía algo con lo que, en principio, podríamos estar de acuerdo: que hay que dejar de asfixiar a quien trabaja para mantener a quien no quiere hacerlo. Perfecto. Pero entonces expliquemos la historia completa. Porque hoy el estado de la región son familias madrileñas que primero trabajan y pagan sus impuestos para sostener la sanidad pública y que, después, tienen que sentarse, hacer números y buscar de dónde recortar otros 200 euros para contratar un seguro médico privado para ellos y para sus hijos. No porque sean ricos. No porque quieran lujos. Sino porque están cansados de esperar porque necesitan un especialista. Porque quieren que un pediatra vea a su hijo o porque no pueden permitirse meses perdidos en una lista de espera. Y entonces yo le pregunto. ¿Bajos impuestos para qué? ¿para dejar algo más de dinero en el bolsillo del trabajador y que después tenga que sacarlo de ese mismo bolsillo para pagarse un seguro privado junto a la sanidad que ya ha pagado con sus impuestos?
A ese madrileño usted no le ha bajado realmente el coste de vivir. Le ha cambiado el impuesto por la factura. Y termina pagando dos veces: una vez cuando recibe su nómina y otra cuando llega el recibo del seguro privado. Mientras tanto, Madrid sigue incorporando población extranjera que colapsa sus servicios. Más pacientes. Más alumnos. Más solicitudes. Más necesidades. Y ustedes vuelven a presentarnos el aumento de población como una historia de éxito sin explicar nunca quién paga las consecuencias cuando los servicios no crecen al mismo ritmo. Un nuevo habitante puede empadronarse mañana. Pero un médico no se forma mañana. Un colegio no se construye mañana. Un hospital no aparece mañana. Esa diferencia entre la velocidad a la que crece la población y la velocidad a la que podemos ampliar nuestros servicios tiene consecuencias directas contra la vida de la gente. Las conoce el médico que termina una consulta y ya tiene la siguiente llena. Las conoce el profesor que intenta atender aulas cada vez más llenas y conflictivas. Las conocen los servicios sociales de los municipios sometidos a mayor presión. Y, sobre todo, las conoce quien paga. Porque usted hablaba de los curritos, señora Ayuso. Pues hablemos de ellos. El currito es precisamente quien no puede escapar del colapso. El que no puede elegir un colegio de 1.000 euros al mes. El que hace cuentas antes de contratar Sanitas. El que depende del Metro para llegar al trabajo.
El que necesita que su centro de salud funcione. El que paga impuestos porque cumple y después descubre que cumplir no garantiza recibir a tiempo aquello que ha pagado. Y mientras el trabajador español soporta ese coste, hay grandes empresas, intermediarios y determinados sectores que hacen negocio con la invasión y con su demanda masiva de sanidad, servicios y mano de obra. Por eso la pregunta no es únicamente cuánto dinero deja usted en el bolsillo de los madrileños. La pregunta es ¿cuánto les obliga después a sacar de ese bolsillo en un Madrid cada vez más saturado? Porque bajar impuestos es bueno. Pero la mejor política fiscal fracasa si el trabajador español termina utilizando lo que ahorra en impuestos para comprarse por su cuenta los servicios que ya había pagado. Madrid demuestra que no hay mejor promotor de lo privado que la degradación de lo público. Ese es el Madrid que ustedes están construyendo y ese es el estado de la región: familias pagando dos veces. una con sus impuestos y otra para poder escapar del colapso. ¿Y con qué sueldo pagan ese doble coste? Porque los salarios en su Madrid cada vez dan para menos. El problema de Madrid no es solo cuánto cuesta vivir, es también lo que se cobra por trabajar. Las fronteras abiertas suponen la llegada masiva a nuestra región de mano de obra barata que afecta, especialmente, a los sectores de baja cualificación, suponiendo competencia desleal contra el trabajador español y reforzando el poder de quienes ofrecen las peores condiciones laborales.
Si siempre hay alguien dispuesto a aceptar menos salario, más horas o mayor precariedad, el perjudicado es el trabajador que ya estaba aquí y que pierde capacidad para negociar un sueldo y unas condiciones dignas. Su modelo de crecimiento de empleo, señora Ayuso, puede ser estupendo para quien necesita mano de obra barata. O no es usted la misma Isabel Díaz Ayuso que hace unos meses dijo que tienen que seguir viniendo a recoger nuestras cosechas, limpiar nuestras casa o poner los ladrillos? Ese es su modelo. Un modelo que perjudica directamente al camarero, al repartidor, al dependiente, al trabajador nacional de la construcción o al joven español que intenta empezar su vida en Madrid. Porque cuando una economía acostumbra a determinados sectores a disponer permanentemente de trabajadores dispuestos a aceptar salarios bajos y peores condiciones, desaparecen buena parte de los incentivos para mejorar esos empleos. El resultado es la cronificación de la precariedad: trabajos que deberían ser una puerta de entrada se convierten en un callejón sin salida, los salarios pierden capacidad para sostener un proyecto de vida y miles de jóvenes descubren que trabajar ya no basta para independizarse y construir un futuro en Madrid. Y así llegamos quizá al síntoma más triste del Madrid actual. Durante décadas, gente de toda España venía aquí buscando una oportunidad. Hoy cada vez escuchamos a más jóvenes madrileños decir exactamente lo contrario: «Me quiero ir de Madrid». Ese es también el estado de la región.
Y cuando una región que presumía de ser tierra de oportunidades consigue que sus propios jóvenes quieran marcharse, señora Ayuso, algo muy profundo ha dejado de funcionar. Madrid cada día ofrece menos seguridad. Y no solo hay que hablar de seguridad económica. El estado de la región también es el de miles de vecinos que se despiertan cada día con la noticia de un nuevo apuñalamiento, una reyerta, un ajuste de cuentas o un asesinato. Escuchándola ayer, parece que todo esto me lo estoy inventando aquí ahora. ¿Cuándo decidimos que un machete podía formar parte del paisaje de Madrid? ¿Cuándo aceptamos aprender los nombres de bandas latinas como los Trinitarios o los Dominican Don t Play como si fueran equipos de fútbol? ¿Cuándo empezamos a considerar normal que haya menores captados para asesinar a otros menores en una calle, un parque o una estación de Metro? Tan españoles como Abascal… ¿Lo recuerda, señora presidenta? ¿En qué momento una reyerta con machetes dejó de estremecernos y se convirtió simplemente en otra noticia del día? ¿Cuántos padres tienen que esperar despiertos a que sus hijos vuelvan a casa? ¿Cuántas mujeres tienen que mirar hacia atrás cuando salen del Metro de madrugada? ¿Cuántos asesinos, sicarios o pandilleros están entrando por Barajas como falsos turistas?
Y, sobre todo, señora Ayuso: ¿cuándo decidió su Gobierno que reconocer el problema era más peligroso que el problema mismo? Lo digo porque VOX trajo a esta Asamblea una propuesta muy sencilla de la que seguro se acuerda: exigir al Ministerio del Interior que publique el país origen de quienes delinquen en la Comunidad de Madrid. No opiniones. No prejuicios. Datos. Los datos que permitirían conocer con precisión qué está ocurriendo en nuestras calles y diseñar las políticas de seguridad adecuadas. Se acordará porque se dio la mano con la izquierda para votar en contra. O no. Quizás no se acuerde porque esa alianza es algo que pasa aquí cada jueves. Señora Ayuso ¿Por qué votó junto a la izquierda para ocultar el origen de los detenidos en Madrid? ¿Por qué no quieren que los madrileños conozcan esos datos? ¿Qué hay de peligroso en saber la verdad? ¿Tienen acaso miedo de que los madrileños puedan comprobar por sí mismos cuál es el impacto de ese “Madrid de todos los acentos” del que llevan años presumiendo? Porque no se pueden llenar discursos hablando de convivencia y cruce de caminos y, cuando llega el momento de medir los resultados de esas políticas, votar para que los datos no se conozcan. Mientras ustedes hablan en atriles del Madrid abierto, sin límites, donde caben todos los acentos, nosotros hablamos en la calle con quien paga la factura de que no haya límites. Hablamos con el comerciante que ha sufrido varios robos, con padres preocupados por la violencia de las bandas latinas o con la joven agredida sexualmente por un falso mena mantenido con el dinero de los impuestos que ustedes le han robado a sus padres. ¿Miento? Nosotros no tenemos miedo a los datos. Publíquense. Todos. Y después veremos quién miente.
Y tras esto nos dirán: VOX está relacionando inmigración con inseguridad. Pues efectivamente. VOX relaciona fronteras abiertas con inseguridad porque es la puñetera verdad. Y si no, vayan a un bar o a una plaza de Vallecas, de Carabanchel o de Parla y pregunten quién es el autor del último robo del barrio, quién es el autor de la última agresión niña, quien dio el tirón a la señora o quiénes son los que dieron la última paliza a un chaval. Ya basta de fingir que la realidad no es la que es. Y hablando de fronteras abiertas, ¿Qué pasa con Ceuta? ¿Qué broma macabra es esta del traidor Sánchez diciendo que Ceuta tiene que asumir una realidad estructural de seguir teniendo instalados en la ciudad a más de 15.000 invasores? ¿Tenemos que asumir que la economía de Ceuta quiebre? ¿Que violen más niñas? ¿Que apedreen a más policías? ¿Que sigan asesinando a más animales? ¿O estamos esperando a que se marchen por voluntad propia renunciando a su traslado en avión a la península, a su regularización y a un ingreso mínimo vital de por vida? Dice Sánchez que no son invasores porque buscan una vida mejor. ¿nos puede explicar Sánchez que invasor a lo largo de la historia buscaba una vida peor? Sabemos los planes de Marruecos para Ceuta, que son los de Sánchez. Pero, ¿ustedes desde la extrema izquierda que sostienen al gobierno, a qué aspiran? ¿También a que dentro de unos meses nadie recuerde cómo entraron esos ilegales y el problema simplemente cambie de código postal?
¿A que acaben aquí, en nuestras calles? Porque pobrecitos ¿verdad? Qué solidarios son ustedes con el dinero y la seguridad de los demás. ¿Va a meterlos en alguna de sus ocho propiedades señor Martínez Abarca? Señor Emilio Delgado, que le veo últimamente muy discreto, con lo que ha sido usted… ¿a qué barrio obrero de Madrid, donde viven tantas hijas de trabajadores, quiere llevar a esos que están hoy en Ceuta y que piensan que una mujer que no lleve velo es una prostituta de la que se puede abusar? ¿No le apetecerá a la diputada trans Jimena Gonzalez esta vez acercarse en una flotilla y darse una vuelta sola por la playa invadida del Trampolín? Sin salir corriendo como las que ya han ido a solidarizarse con ellos. ¿No la asustará haber visto cómo tratan a los delfines, verdad? Los españoles contemplan con preocupación y sobre todo con indignación lo que está sucediendo en Ceuta. Contemplan cómo se vulnera nuestra frontera con total impunidad, cómo miles de invasores permanecen todavía en la ciudad y cómo el Gobierno de Sánchez, cómplice del agresor Marruecos, parece confiar en que el paso de las semanas convierta lo intolerable en cotidiano. Los ceutíes contemplan cómo su ciudad carga sola con las consecuencias de una crisis que no han provocado. Ven cómo su economía cae mientras la izquierda decide usar los recursos de los españoles para mantener en la ciudad, junto a ONG al servicio de intereses extranjeros, a los miles de invasores que provocan la caída.
Desde VOX y desde esta Asamblea quiero que se escuche hoy algo con absoluta claridad: Ceuta no está sola. Los madrileños estamos con quienes defienden nuestra frontera, con nuestros policías, militares, guardias civiles y con todos los ceutíes que exigen recuperar su ciudad. Porque lo que ocurre en Ceuta no es un problema de los ceutíes. Es un problema de todos los españoles. Ceuta es España. Su frontera es nuestra frontera. Y defender Ceuta es defender España. Los invasores, los ilegales, menores, mayores y mayores que se hacen pasar por menores, fuera. Ni en Ceuta, ni en Madrid ni en España. Hayan entrado por la frontera, en patera o por el coladero de barajas como falsos turistas, fuera. Ni todos los acentos ni nada. En España y en Madrid ni los queremos, ni los necesitamos ni tenemos que ser el albergue, el comedor o el hospital del mundo. Que los atiendan en sus países.
Durante esta intervención he señalado los grandes problemas que afectan y preocupan a la mayoría de españoles que residen en nuestra Región. Podríamos tratarlos como problemas aislados y sin conexión entre sí. Señora Ayuso, podríamos hablar de la vivienda en Madrid como si fuera únicamente un problema de vivienda. Del colapso del Metro como si fuera únicamente un problema de transporte. De la saturación de la sanidad como si fuera únicamente un problema de gestión o de la inseguridad como si hubiera aparecido de la nada. Pero estaríamos mintiendo. Porque todos esos problemas están atravesados por una misma realidad que este Gobierno se niega a afrontar: han convertido Madrid en una aspiradora humana infinita hasta hacerla crecer a un ritmo que no puede soportar.
SÍ, Sánchez decidió que podía entrar todo el mundo, pero ustedes decidieron que en Madrid cabía todo el mundo. Porque usted lleva años diciendo que en Madrid caben todos los acentos. Cada año llegan desde el extranjero, gran parte de ellos por barajas como falsos turistas, centenares de miles de personas más, que demandan vivienda, utilizan el Metro, acuden a los centros de salud, llevan a sus hijos a los colegios y que demandan ayudas que no llegan a los españoles. Y llegan a una región con un mercado de vivienda, con unos servicios, con unas infraestructuras e incluso con unas normas de convivencia pensados para un Madrid que ya no existe. Y no hay ningún presupuesto, ningún plan de vivienda, ninguna ampliación del Metro ni ningún anuncio desde esta tribuna, como ayer hizo usted, capaz de hacer crecer una región indefinidamente sin que quienes ya viven en ella terminen pagando las consecuencias. Ese es el debate que ustedes llevan años negándose a tener y cuando VOX habla de ello, usted nos insulta. Nos hablan de crecimiento, pero nunca se preguntan cuánto crecimiento puede soportar Madrid. Nos hablan de atraer población, pero nunca se preguntan dónde van a vivir. Nos hablan de nuevos usuarios del transporte público, pero no de los madrileños que viajan cada mañana hacinados.
Nos hablan de nuevos beneficiarios de los servicios públicos, pero no de los españoles que llevan toda su vida sosteniéndolos y ahora ven como quienes acceden a ellos, son otros. Han confundido durante demasiado tiempo que Madrid crezca, con que Madrid mejore. Y no es lo mismo. Una región puede tener más habitantes, más PIB, más recaudación y más actividad económica y , al mismo tiempo, convertirse en un lugar invivible. En VOX nos negamos a esta transformación de Madrid contra su gente, impuesta y planificada desde arriba. Nos negamos a aceptar que todo esto sea inevitable. Que Madrid tenga que crecer sin límite. Que nuestros barrios tengan que cambiar hasta hacerse irreconocibles. Que nuestros jóvenes tengan que marcharse para prosperar. Que nuestros servicios públicos tengan que vivir permanentemente al borde del colapso. Que cada año haya que construir más, ampliar más, gastar más, correr más, simplemente para intentar alcanzar las consecuencias de decisiones que nadie ha preguntado a los madrileños si querían.
En VOX creemos que otro Madrid es posible:
– Un Madrid donde el crecimiento vaya acorde con la capacidad de la región y no la capacidad de la región corra siempre desesperadamente detrás del crecimiento.
– Un Madrid donde antes de preguntarnos cuánta gente podemos traer, nos preguntemos cómo viven quienes ya están aquí.
– Donde la vivienda vuelva a estar al alcance de nuestros jóvenes y formar una familia no sea un privilegio.
– Donde coger el metro, no signifique asumir cada mañana que viajar hacinado es otro peaje de vivir aquí.
– Donde acudir a un centro de salud no obligue a esperar semanas, ni empuje a una familia trabajadora a pagar un seguro privado después de haber sostenido toda su vida la sanidad pública.
– Un Madrid seguro, donde limpiar de criminales nuestras calles y nuestros barrios no sea considerado radical, sino lo mínimo que puede exigir cualquier sociedad decente.
– Y sobre todo un Madrid donde vuelva a existir una idea que ustedes han querido desterrar de las políticas públicas: la prioridad nacional. PRIORIDAD para los españoles en el acceso a vivienda protegida. PRIORIDAD para los españoles en las ayudas sociales. PRIORIDAD para quienes han trabajado, cotizado y sostenido nuestros servicios públicos. PRIORIDAD para nuestros jóvenes, nuestros mayores y nuestras familias. Porque gobernar consiste en elegir. Y cuando los recursos, las viviendas y las plazas son limitadas, negarse a establecer prioridades no significa que no existan. Significa aceptar que los españoles sean siempre los últimos. Señorías, este es el último Debate sobre el Estado de la Región antes de que los madrileños vuelvan a las urnas. Y también es, señora Ayuso, el último en el que usted podrá subir a esta tribuna a explicar qué Madrid quiere construir antes de que los madrileños juzguen el Madrid que realmente ha construido. Porque usted llegó prometiendo proteger una forma de vida.
Habló de libertad, de prosperidad, de una región donde quien trabajaba podía salir adelante, de un Madrid que era refugio frente a las políticas de izquierdas. Y después de todos estos años gobernando, conviene mirar más allá de los eslóganes y preguntarse qué queda de aquellas promesas. ¿Qué libertad tiene un joven que aún trabajando no puede independizarse? ¿Qué prosperidad siente una familia que dedica cada vez más de su sueldo a pagar una vivienda? ¿De qué sirve presumir de crecimiento si ese crecimiento desborda nuestros servicios públicos, encarece nuestros barrios y empeora la vida cotidiana de quienes ya estaban aquí? ¿Y de qué sirve presentarse como alternativa a la izquierda si aquí aplica las mismas recetas que aceleran esa transformación de Madrid? Ese es su balance, señora Ayuso. Y podrá comparase una vez más con Pedro Sánchez, pero Pedro Sánchez no puede ser la respuesta a cada problema de Madrid. En mayo los madrileños decidirán si el Madrid que usted deja es el Madrid en el que quieren vivir. Tendrán que decidir si el futuro consiste simplemente en gestionar las consecuencias de una decadencia que nos dicen que es inevitable o si ha llegado el momento de detenerla. El Madrid de todos los acentos o el Madrid del sentido común. En VOX creemos que Madrid todavía está a tiempo antes de caer. Porque ninguna decadencia es inevitable mientras un pueblo conserve la capacidad de elegir su futuro.
Dentro de unos meses los madrileños volverán a tener esa oportunidad. Podrán resignarse al Madrid que les están dejando o podrán defender el Madrid que quieren dejar a sus hijos. Podrán seguir gestionando su decadencia o podrán elegir salvar Madrid.

