
La Bisbal d’Empordà (Gerona), viernes 3 de julio de 2026 (Efe).- El incendio forestal que avanza sin control por el macizo de Les Gavarres, en la provincia de Gerona, y que ya ha calcinado más de 750 hectáreas de masa forestal en las inmediaciones de La Bisbal d’Empordà, ha vuelto a poner el foco sobre un fenómeno cada vez más frecuente y preocupante: los incendios de sexta generación, conocidos también como megaincendios.
Su rápida propagación, su enorme capacidad destructiva y un comportamiento extremadamente impredecible los convierten en algunos de los mayores desafíos a los que se enfrentan actualmente los servicios de emergencias y los especialistas en la lucha contra el fuego.
Los técnicos consultados por Efe coinciden en que estos incendios representan una nueva dimensión de los fuegos forestales.
A diferencia de los incendios convencionales, poseen una intensidad tan elevada que son capaces de modificar el entorno en el que se desarrollan e incluso generar sus propios fenómenos meteorológicos.
Entre ellos se encuentran fuertes corrientes de aire, vientos de intensidad similar a los huracanados o las denominadas tormentas de fuego, capaces de alterar de forma repentina la dirección y velocidad de las llamas, incrementando considerablemente el riesgo para los equipos de extinción y para la población.
Otra de las características que definen a los incendios de sexta generación es la aparición simultánea de múltiples focos activos distribuidos sobre grandes extensiones de terreno.
Esta circunstancia dificulta enormemente las labores de control, ya que obliga a repartir los recursos disponibles mientras el fuego continúa expandiéndose a gran velocidad.
Aunque las condiciones meteorológicas extremas favorecen este tipo de episodios, los especialistas recuerdan que el origen de la inmensa mayoría de los incendios forestales sigue estando relacionado con la actividad humana.
En el caso del incendio declarado en Les Gavarres, la investigación de los Agentes Rurales apunta como principal causa a unos trabajos realizados sin autorización mediante el uso de una sierra radial ilegal junto a la carretera C-660.
Las elevadas temperaturas, las sucesivas olas de calor y el fuerte viento constituyen algunos de los factores que favorecen la evolución de estos incendios.
En el caso de Girona, la intensa tramontana ha acelerado la propagación de las llamas, dificultando las tareas de los equipos de emergencia.
A ello se suma el déficit hídrico acumulado en el suelo tras varios años de sequía, que deja la vegetación extremadamente seca y facilita la combustión.
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Los expertos advierten además de que el abandono progresivo del medio rural ha provocado una acumulación descontrolada de biomasa en los montes.
La ausencia de aprovechamientos forestales tradicionales y la falta de limpieza del terreno incrementan notablemente la cantidad de combustible disponible, favoreciendo incendios mucho más intensos y difíciles de contener.
Precisamente, una de las principales diferencias de los megaincendios respecto a otros fuegos forestales es que, en muchas ocasiones, resulta imposible extinguirlos directamente, incluso recurriendo a los medios terrestres y aéreos más avanzados.
Cuando alcanzan una intensidad extrema, las estrategias de los servicios de emergencias dejan de centrarse en apagar las llamas y pasan a intentar contener su avance mediante cortafuegos, maniobras defensivas y la protección de infraestructuras y núcleos habitados, mientras se ordenan evacuaciones preventivas de las poblaciones amenazadas.
En numerosos casos, los especialistas reconocen que la verdadera oportunidad para controlar el incendio no llega hasta que cambian las condiciones meteorológicas y disminuyen el viento y las temperaturas.
Ante un escenario en el que el cambio climático favorece la aparición de episodios de calor extremo cada vez más frecuentes e intensos, los expertos insisten en que la mejor herramienta para reducir el impacto de los incendios de sexta generación sigue siendo la prevención.
Una adecuada gestión forestal, la eliminación del exceso de biomasa, la planificación del paisaje para reducir la continuidad del combustible vegetal y una mayor concienciación ciudadana son consideradas medidas esenciales para disminuir el riesgo y limitar las consecuencias de unos incendios que ya no solo queman grandes superficies forestales, sino que suponen una amenaza creciente para las personas, los ecosistemas y las infraestructuras.
