El trato de los entrenadores deportivos a sus jugadores

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FOTOGRAFÍA. LEÓN (CASTILLA Y LEÓN) ESPAÑA, 06 DE MAYO DE 2026. Este miércoles, Luis Castillo Alonso, entrenador del equipo de baloncesto de la Cultural y Deportiva Leonesa, ha hecho balance de la temporada una vez finalizado el año deportivo. Junto a él, ha estado Natichu Alvarado, consejera ejecutiva del club. Ambos han agradecido el apoyo de la afición durante toda la temporada, siendo referente en la categoría, así como el impulso de los patrocinadores y de instituciones. Captura vídeo YouTube "CulturalyDeportivaLeonesa SAD"/Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)
FOTOGRAFÍA. LEÓN (CASTILLA Y LEÓN) ESPAÑA, 06 DE MAYO DE 2026. Este miércoles, Luis Castillo Alonso, entrenador del equipo de baloncesto de la Cultural y Deportiva Leonesa, ha hecho balance de la temporada una vez finalizado el año deportivo. Junto a él, ha estado Natichu Alvarado, consejera ejecutiva del club. Ambos han agradecido el apoyo de la afición durante toda la temporada, siendo referente en la categoría, así como el impulso de los patrocinadores y de instituciones. Captura vídeo YouTube "CulturalyDeportivaLeonesa SAD"/Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Barcelona (España), martes 2 de junio de 2026 (Amaya Guerra).- El trato de los entrenadores deportivos a sus jugadores. El domingo 8 de marzo de 2026, en el pabellón «Urbano González Escapa» (León), presencié el partido de baloncesto que el equipo «Cultural y Deportiva Leonesa» jugó contra el equipo «Caja 87».

Su entrenador, Luis Castillo Alonso, se dirigió a sus jugadores durante todo el partido, gritando fuera de sí, con un tono sumamente despreciativo, e incontables blasfemias. Todo ello acompañado de muecas de aversión constantes.

Dada la posición de autoridad y representación que un entrenador deportivo sostiene, frente a sus jugadores y cada persona en el recinto (el equipo contrario, aficionados de ambos conjuntos, incluso el personal sanitario y de seguridad), el entrenador debe ser un ejemplo de civismo, ética laboral, y autocontrol emocional. Me pregunto qué pensaron los patrocinadores del equipo Cultural, al contemplar al representante de éste ofreciendo semejante espectáculo. Qué ejemplo mostró a los niños presentes sobre comportamiento adulto, y sobre cómo serán tratados si llegan a convertirse en jugadores del equipo Cultural.

Si el estallido colérico no se permite en la calle o en un hogar, ¿por qué se acepta en un evento deportivo? Si desea dignificarse el deporte, que deje de asociarse a visceralidad y faltas de respeto excusadas, si en el reverso de la entrada al partido se menciona el Real Decreto 203/2010 sobre prevención de la violencia en el deporte, debe empezarse exigiendo a los entrenadores un comportamiento cívico.

«Violencia» y «maltrato» no sólo implican un acto físico, y «falta de respeto» incluye más acepciones que un adjetivo considerado insulto. Que el entrenador no vuelva a denunciar que sus jugadores han recibido maltrato verbal (lo hizo tras el partido celebrado el 21 de febrero de 2026, cuando afirmó que miembros del otro equipo, el Ponferrada, habían ofendido a sus jugadores): que empiece por analizar las formas que él utiliza con ellos. Pese a lo decepcionante y frustrante que resulta para un entrenador, que el jugador falle en el partido aquello que han entrenado juntos diez horas, ello no valida que el primero hable al segundo de semejante manera. Citando las palabras del propio Castillo tras el partido mencionado contra Ponferrada, «esto no es baloncesto, no todo vale en el deporte».

No es a la afición a quien debe pedir «perdón», sino a sus jugadores. Lo único «indigno» que sucedió en el partido del 8 de marzo, no fue el bajo rendimiento de los jugadores sino el comportamiento del entrenador. Tal vez el motivo de que lo ofrecido en la cancha fuese «lo contrario» de lo entrenado durante la semana, se debiera al trato que reciben los jugadores por parte de Castillo. Es innecesario poseer un doctorado en Psicología, para saber que no se obtiene nada positivo de un ser humano mediante el maltrato verbal. Existe un punto medio entre alaridos de asco durante hora y media, y los algodones. Se puede abroncar, exigir, disciplinar, manteniendo el respeto hacia el otro, y la dignidad propia. Si uno no ha aprendido a hablar con educación y a controlarse, si no sabe dirigir sin propasarse, si es incapaz de sacar lo mejor de un «equipazo», debería replantearse su puesto. [enlace: «La nueva cronica«]. [Enlace: «Leonoticias«]

Que la persona pertinente informe a dicho entrenador, de que el autocontrol emocional es un rasgo que caracteriza el paso de la infancia a la adultez, que existe terapia para aprender a gestionar la ira. Que la talla moral de una persona se mide fácilmente cuando, encontrándose junto a otro de quien podría abusar, decide no hacerlo. Cuando uno de los árbitros en el partido del 8 de marzo, se dirigió al entrenador Castillo con gestos que le sugerían que atemperase su ánimo, éste al instante suavizó sus reacciones. Dado que con sus jugadores nada le reprime, se explaya. Ello constituye un abuso de autoridad.

Don Vicente del Bosque, entrenador de la Selección Nacional, por ende con una responsabilidad incomparable a la de cualquier entrenador contemporáneo suyo, en cada momento de su vida profesional pública, demostró una absoluta calma y ejemplares buenos modales hacia sus jugadores, sin importar el fallo que hubiesen cometido.

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En caso de que la violencia física sea la única línea infranqueable en un estadio deportivo: el entrenador Castillo propinó tal patada a una botella durante el transcurso del partido del 8 de marzo, que el agua voló para después inundar parte del suelo. Ello fue observado por al menos dos miembros de la Mesa de Control (aquellos que se encontraban en el extremo derecho, al lado del banquillo del equipo Cultural), los cuales no le llamaron al orden. Quien debió haber secado el suelo, no es quien lo hizo, sino quien lo causó.

Amaya Guerra