
Barcelona (Cataluña) España, martes 14 de abril de 2026 (Isidro García Getino).- Ideologías = no criterio = Sánchez (Pedro Sánchez Pérez-Castejón). Las ideologías y otras orgías se multiplican; parece una competición a ver quién hace más daño a la sociedad, a la verdad, a la humanidad. Peor aún, casi todas esas barbaridades operan, sobre todo, en el Occidente ¿desarrollado, culto, científico y hasta democrático (más bien demoníaco)». Con ello de «demos» no tiene nada; son grupos, lobbies, partidos, manadas, hordas; pero nunca el pueblo, el demos.
A título de ejemplo nombraremos algunas: Los globalistas radicales que han captado a la Comisión Europea (la Comisión lo formas gente ge nadie ha votado, se forma a dedos, casi todos dedos podridos, como el de Sánchez y otros parecidos), los Agenda 2030, los lobbies LGTBJQA++, los woke, los progre, los ideólogos del género y sus secuaces, los Soros y su sociedad abierta (abierta a todo mal), etc..
Y Sánchez se apunta a todas, todas, todas; son su criterio. Empezó con Soros el primer día que se sentó en Moncloa y se ha ido adhiriendo a todas las demás que se las van trayendo sus ministras/os.
Ahora está intentando hablar con cierta cordura a veces, vano intento; o hacer el ridículo, que sí lo logra. ¿Dónde pueden resonar sus palabras? No en su medio, o sus seguidores, donde el exceso de ruido lo impide. Callar, el silencio es indispensable para escuchar palabras con verdad, con sentido, con sabiduría, con paz (parece una broma); pero esto es tan antiguo como que lo decía San Isidoro, aunque él lo refería a Dios cuando nos habla.
Imposible escuchar a este nuevo «héroe mundial», don narciso Sánchez que ha salido a la palestra mundial para lucir su pobreza mental, esa que ya no puede exhibir en España por exceso de abucheos. Ahora clama en el desierto europeo donde sólo florecen las ideologías que más pueden dañar al pueblo.
No hay duda de que ha llegado el tiempo en que hay que desenvainar la espada para afirmar que la hierba es verde, como muy bien decía Chesterton. Yo, como Ortega y Gasset, lo que quiero es ser español, hablar el idioma de Cervantes, recitar a Calderón, quiero fantasear con los colores de la paleta de Murillo y de Velázquez; quiero vivir la cultura secular del cristianismo moral, humano, social, trascendente, vital y eterno. No quiero aberraciones genéricas, ni trans, ni universalistas, ni igualadoras de las naturales diferencias, ni el cultivo del odio, tampoco el odio ese de Sánchez, ni vivir rodeado de la corrupción, la mentira y la contradicción permanentes.
Tampoco quiero los fanatismos climáticos que tanto daño hacen a la tierra y sus cultivadores, ni quiero los engaños de la agenda 2030 o del «no a la guerra» de Sánchez porque es falso, es mentira, como todo lo suyo. Quiero la verdad, la justicia, el humanismo, la equidad del bien común, la comprensión y la caridad de las personas de bien, eso que tan bien entiende el demos, el pueblo.
Detesto el Sanchismo y todo lo que hace, todo lo que significa, todo lo que desgobierna exprimiendo a los trabajadores y hundiendo a los pobres. No lo odio, lo rechazo por pura coherencia y por simple ley natural; o sea, por lo que ellos ignoran de forma malintencionada y por puro egoísmo que llaman progresismo.
Frente a esas ideologías, todas, tenemos que saber que la dignidad encarnada del hombre se realiza en la consumación de la naturaleza humana por cada persona al asumir las propias responsabilidades, ser plenamente criatura humana.
Pero, nos lo están poniendo muy difícil al 90 % que estamos pagando (con nuestra responsabilidad que produce nuestro dinero) a ese multitudinario 10 % que son políticos nacionales y autonómicos, una barbaridad de políticos que consumen 130.000.000.000 (ciento treinta mil millones) cada año; gasto político improductivo, que se quita de sanidad, educación, servicios sociales, viviendas sociales, sueldos decentes, ayuda a las familias necesitadas, ferrocarriles no peligrosos y mortales, carreteras en condiciones, profesionales no fugados a países mejor financiados. En síntesis, se quita al bien común de los españoles para darlo al Estado de malestar que tenemos.
Este Sánchez, como otro Godoy, se autodeclara «príncipe de la paz», y los españoles somos los príncipes de la paz-iencia. ¿Hasta cuándo? De momento se va a China para aprender, de aquel tirano régimen político, cómo conservar el poder sine díe, tiranizando a impuestos, que para Sánchez es lo más rentable y cómodo. Es, la suya, una ideología más cínica que muchas otras, una más.
Isidro García Getino
