
Sevilla (Andalucía) España, 28 de julio de 2026 (Lasvocesdelpueblo).- Incendios España | «es fundamental que aprendamos a convivir con el fuego». Antonio Jordán, investigador del Departamento de Mineralogía, Cristalografía y Química Agrícola de la Universidad de Sevilla (US), ofrece recomendaciones para la prevención y para convivir con el fuego a través de la preparación, la planificación y la responsabilidad compartida.
Los grandes incendios a los que estamos asistiendo van a seguir formando parte del paisaje mediterráneo, por eso «es fundamental que aprendamos a convivir con el fuego», es la opinión de Jordán, a raíz del incendio de Ávila que ya ha calcinado más de 50.000 hectáreas y se ha erigido como el mayor fuego en España desde que hay registros.
Jordán lleva más de 20 años estudiando estos fenómenos y figura en ediciones recientes de la lista de investigadores altamente citados -Highly Cited Researchers-, que lo sitúa como referente mundial.
El investigador considera la gestión del territorio y la prevención como claves para reducir el impacto de los grandes incendios forestales, defiende una nueva cultura del fuego basada en la gestión forestal, la revitalización del medio rural y la corresponsabilidad ciudadana frente al avance del cambio climático.
Viviendas rodeadas de naturaleza
Para el especialista, los grandes incendios forestales no dependen únicamente de quién inicia el fuego, sino, sobre todo, de un paisaje abandonado, con una elevada acumulación de combustible vegetal y agravado por los efectos del cambio climático.
Así lo sostiene Jordán, que subraya que la prevención pasa por una gestión forestal continua, la recuperación del mosaico agroforestal, la revitalización del mundo rural y la protección de las zonas donde el bosque y las viviendas entran en contacto.
El experto destaca que la expansión de urbanizaciones, viviendas aisladas e infraestructuras hacia zonas forestales ha incrementado el riesgo en la denominada interfaz urbano-forestal, un espacio donde confluyen el bosque y las áreas habitadas.
En estos entornos, explica, los equipos de extinción deben priorizar la protección de las personas y de las viviendas antes que la defensa del monte.
Además, advierte de que el fuego no necesita alcanzar directamente una vivienda para causar daños.
Las pavesas transportadas por el viento pueden recorrer cientos de metros y provocar nuevos focos, así como incendios en jardines, cubiertas o elementos exteriores antes de la llegada del frente de llamas.
Por ello, insiste en la importancia de la autoprotección mediante medidas como mantener una franja despejada alrededor de las viviendas, evitar la acumulación de materiales combustibles junto a las fachadas, emplear materiales resistentes al fuego y disponer de planes de evacuación familiares.
El papel de las administraciones
Jordán también señala el papel de las administraciones públicas en la reducción del riesgo mediante la dotación de infraestructuras adecuadas, como pistas forestales, puntos de agua, cortafuegos estratégicos y sistemas de vigilancia capaces de detectar los incendios en sus fases iniciales.
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El investigador vincula igualmente la prevención con la recuperación de las actividades tradicionales del medio rural.
Durante siglos, agricultores, ganaderos, así como profesionales dedicados a la resina, la extracción de corcho, la apicultura o la recolección de productos forestales, contribuyeron al mantenimiento del paisaje al reducir la biomasa y evitar la acumulación de combustible vegetal.
La desaparición progresiva de muchas de estas actividades ha dejado amplias superficies forestales sin apenas gestión.
En este contexto, destaca el valor de la ganadería extensiva como herramienta de prevención.
Un rebaño de cabras puede consumir cada día cientos de kilos de vegetación inflamable mientras produce alimentos, mantiene la biodiversidad y ayuda a conservar el paisaje.
Asimismo, considera que impulsar aprovechamientos como el corcho, la resina, la miel, las setas, los piñones o las plantas aromáticas aporta valor económico al monte y favorece su conservación.
El especialista recuerda que los ecosistemas mediterráneos han convivido con el fuego durante miles de años y que numerosas especies vegetales han desarrollado mecanismos para adaptarse a él.
No obstante, advierte de que los grandes incendios actuales pueden provocar daños ecológicos y sociales enormes, favorecidos por el cambio climático y la enorme acumulación de combustible.
Una cultura del fuego basada en el conocimiento y no en el miedo
Frente a este escenario, Antonio Jordán propone recuperar una cultura del fuego basada en el conocimiento y no en el miedo.
Esta perspectiva pasa por explicar el papel de las quemas prescritas, comprender la función ecológica que pueden desempeñar algunos incendios de baja intensidad y fomentar una ciudadanía informada, preparada y corresponsable.
Para el investigador, afrontar la nueva realidad exige asumir que los grandes incendios seguirán formando parte del paisaje mediterráneo, por lo que la respuesta, concluye, debe centrarse en construir territorios más resilientes, capaces de convivir con el fuego y ello conlleva una preparación responsable por parte de todos.
En su opinión, un pacto de estado sería «básico» para hacer frente, al margen de quien gobierne, a la nueva realidad, que ha llegado para quedarse.

