
Barcelona, lunes 19 de octubre de 2026 (Lasvocesdelpueblo).- Los colectivos de la extrema izquierda y las organizaciones radicales de inquilinos han puesto en marcha este lunes la maquinaria para la huelga general del próximo 11 de noviembre de 2026 (11N), a apenas dos días del inicio formal de la campaña electoral para las elecciones generales del 29 de noviembre (29N). Una maniobra zurda que pretende instrumentalizar la grave crisis habitacional que sufren los españoles tras casi ocho años de inacción y experimentos intervencionistas del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez Pérez-Castejón y la ultraizquierda de Movimiento Sumar.
El movimiento radical del Sindicat de Llogateres y organizaciones de ultraizquierda han escenificado este lunes la apertura de la denominada «Casa de la Vaga» mediante la ocupación del recinto histórico del rectorado de la Universitat de Barcelona (UB). En su comunicado enviado a Lasvocesdelpueblo, la entidad zurda presume de convertir las instalaciones universitarias en un centro de operaciones logístico y asambleario para «transformarlo todo», invitando a comités de huelga y colectivos a sumarse a una escalada movilizadora. Entre sus pretensiones reclaman la intervención directa del mercado con la «bajada de los precios del alquiler por ley», la «aprobación de medidas contra la especulación» y el aumento del Salario Mínimo Interprofesional a los 1.500 euros. De forma paralela, dirigentes sindicales como Unai Sordo (CCOO), Pepe Álvarez (UGT), Miguel Fadrique (CGT) y Valeria Racu (Confederación de Sindicatos de Inquilinas) han acudido al registro del Ministerio de Trabajo y Economía Social para formalizar la convocatoria del 11N.
El desmadre zurdo en las acampadas de Barcelona y Madrid
Las imágenes de las acampadas instaladas por la extrema izquierda en el centro de Madrid (Puerta del Sol) y Barcelona dejan al descubierto el perfil real de los grupos que promueven estas movilizaciones. Lejos de representar a los jóvenes golpeados por el problema del acceso a la vivienda, en los campamentos improvisados proliferan pancartas comunistas con el rostro del ‘Che’ Guevara, símbolos contra los desahucios y banderas del grupo terrorista islamista Hamás (bandera de Palestina), prescindiendo por completo de la bandera de España. Los ocupantes, caracterizados por atuendos desaliñados, cabellos teñidos de colores chillones, rastas y múltiples perforaciones en la cara, han transformado los espacios públicos en campamentos insalubres donde conviven perros, cerdos sueltos, tiendas de campaña apiñadas y basuras acumuladas.
El testimonio de los propios acampados en la Plaza del Ayuntamiento de Valencia ratifica el perfil de inactividad que domina estas concentraciones. Ante el micrófono de la prensa, los portavoces reconocieron no realizar actividad laboral alguna: «Pedimos a todo el comercio local que quiera unirse a la lucha que nos permitan o faciliten el uso de sus aseos, ya que aquí somos más de 700 personas que necesitan ir al aseo. Pedimos a los comercios esa ayuda para mantener el estado cívico y la lucha pacífica que estamos intentando defender», declaró uno de los coordinadores provisto de chaleco reflectante tras la retirada de los sanitarios portátiles.
Asimismo, una joven de la comisión de avituallamiento instó a la ciudadanía a abastecerles: «Desde la comisión de comida hemos creado un correo electrónico para que puedan donar raciones o comida preparada para que nos informen y nosotras saberlo y tenerlo en cuenta». Ante la pregunta directa sobre su situación laboral, los manifestantes evidenciaron su realidad: «Yo ni trabajo ni estudio, no me gusta ni la escuela, ni la cárcel, ni el trabajo; emplearme era algo que no me gusta, me parece violencia», aseguró un varón barbudo en la acampada, mientras otros dos jóvenes admitieron con evasivas no encontrarse trabajando en la actualidad.
La indignación ciudadana ante el deterioro del espacio urbano ha quedado reflejada en las denuncias de los vecinos y viandantes que cruzan la Puerta del Sol. Una joven empresaria expresó su repulsa ante el espectáculo montado en el centro de la capital: «Que te puedan multar por acampar en una montaña o en un monte y luego esté esta gente aquí haciendo esto, cortando las líneas de metro y dando esta imagen de España… Me parece lamentable. El olor y el hecho de que hayan tenido que cortar la línea de metro de Sol me parece increíble. Esto parece una simulación, una cabalgata. Mi país se está convirtiendo en esto y me parece triste y lamentable».
Hostilidad, agresiones y violencia ultraizquierdista contra los jóvenes españoles
El sectarismo de las plataformas zurdas se traduce en violencia directa contra cualquier ciudadano que disienta de sus postulados comunistas o exhiba los símbolos nacionales de España. En un vídeo grabado en la acampada del Bloque Papallona en Cataluña, dirigentes del Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya exigen abiertamente la «expropiación a beneficio cero» de inmuebles privados, exclamando ante la cámara: «No marcharemos, esto es casa nuestra. Que marchen ellos, los buitres, expropiemos a los buitres».
Esta agresividad verbal desemboca de forma habitual en violencia física hacia los jóvenes que sufren la crisis habitacional pero rechazan el adoctrinamiento ultraizquierdista. En pleno centro madrileño, un grupo de radicales encapuchados y ataviados con pañuelos palestinos emboscó y agredió a una joven que caminaba por la zona. Entre forcejeos y empujones contra los muros de un establecimiento, los agresores zurdos la increparon con insultos como «¡hija de puta, no la toques!», mientras viandantes intervinieron para frenar el linchamiento.
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Los ataques se extienden a cualquier español que porte la insignia nacional. En otro testimonio recogido tras las agresiones en la Puerta del Sol, dos jóvenes mostraron el rostro ensangrentado de uno de ellos tras recibir un fuerte puñetazo en la nariz: «Hoy la extrema izquierda nos ha agredido en la Puerta del Sol. Mi compañero Asier ha sido el más perjudicado. Son unos violentos, tienen armas, porras extensibles, cuchillos y adoquines. Gracias a Dios solo ha sido un puñetazo que podría haber sido un apuñalamiento. Nos han pegado simplemente por llevar unas pulseras de España y por llevar una pulsera de Vox. No respetan la libertad de prensa, ocupan la vía pública de forma ilegal y tienen la protección del Gobierno y del poder judicial».
El acoso sistemático provoca episodios de pánico entre las ciudadanas acosadas por los piquetes zurdos. Una joven rompió a llorar desconsoladamente tras salir del cerco de la acampada en Madrid: «Lo he pasado fatal. Me han dicho de todo, me han llamado puta, me han dicho que cómo se me ocurre pasar por aquí vestida así. Una persona me ha reconocido de redes y me ha empezado a increpar preguntándome cómo podía hacer eso. Me han dicho cosas horribles simplemente por andar por la calle».
El entramado globalista y la reacción ciudadana en las calles
El trasfondo de estas acampadas y movilizaciones responde a una red perfectamente estructurada que conecta a colectivos ultraizquierdistas locales con el entramado globalista financiado por magnates internacionales como George Soros a través de fundaciones como la Open Society Foundations. Los esquemas organizativos revelan la financiación y articulación de grupos como la Confederación de Sindicatos de Inquilinas, el Sindicat de Llogateres y plataformas de acción directa que operan bajo una agenda común de intervención del mercado inmobiliario y agitación social en las calles.
Ante esta situación, ciudadanas patriotas han alzado la voz para denunciar la complicidad institucional que permite la impunidad de estos grupos urbanos. «Nos parece muy curioso que en la Puerta del Sol no haya ni un solo marronero, que sean todos los cachorritos de George Soros, los antifa que son antifaces porque van todos cubiertitos ahí. Tanto que hablan de alguien que está muerto, que siempre fue a cara descubierta. Sois todos unos cobardes. Y lo que no es lógico ni normal es que se os permita hacer esto, pero bueno, ya vemos lo que pasa en Ceuta, Melilla y Canarias. ¡Arriba españoles, arriba, viva España y viva Cristo Rey!», denunció con firmeza una joven mostrando las pulseras con la bandera nacional.
En las proximidades de las zonas acampadas en Madrid, ciudadanos que caminaban por las calles adyacentes sufrieron el hostigamiento y los lanzamientos de objetos por parte de los manifestantes zurdos. Pese a la presencia de cordones de las Unidades de Intervención Policial (UIP), grupos de jóvenes patriotas se mantuvieron firmes entonando vítores por la unidad nacional y gritando «¡Viva Cristo Rey!» y «¡Firme por la Patria!», rechazando las agresiones y la ocupación del espacio público por parte de la ultraizquierda. Asimismo, la degradación de la convivencia en los campamentos improvisados ha quedado evidenciada en grabaciones donde se observa el consumo explícito de sustancias estupefacientes a plena luz del día entre los manifestantes, así como enfrentamientos nocturnos y cargas policiales desatadas por la violencia de los colectivos radicales que intentaron rebasar los perímetros de seguridad.
El chalaneo institucional de Pedro Sánchez y la treta electoral del 29N
El trasfondo político de la movilización del 11N responde al colapso de la estrategia legislativa del Gobierno socialcomunista del PSOE y la ultraizquierda de Movimiento Sumar. El pasado 2 de octubre de 2026, el Pleno del Congreso de los Diputados asestó un duro varapalo al Ejecutivo de Pedro Sánchez Pérez-Castejón al derogar sus reales decretos leyes intervencionistas en materia de vivienda. Un varapalo parlamentario que dejó en evidencia la fragilidad de un Gobierno que ha sido incapaz de aprobar los Presupuestos Generales del Estado a lo largo de la legislatura.
Ante el revés en la Cámara Baja y con la convocatoria de las elecciones generales fijada para el 29 de noviembre (29N), la coalición de Gobierno activó un plan de choque mediático y normativo. Tras preparar el terreno otorgando una sobrerrepresentación a Movimiento Sumar y valiéndose de la complicidad de la presidente del Congreso, la socialista Francesca Lluc Armengol Socías, el Consejo de Ministros aprobó a toda prisa nuevos decretos leyes parches —como los Reales Decretos-leyes 28/2026 y 29/2026 de 6 de octubre— para su tramitación en la Diputación Permanente. Con estas maniobras de última hora y el respaldo de la agitación en las calles impulsada por la ultraizquierda, el sanchismo busca tapar casi ocho años de abandono a los jóvenes españoles e imponer su agenda de control e intervencionismo en vísperas de las urnas.
