
Madrid (España), lunes 8 de junio de 2026 (Lasvocesdelpueblo).- «Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando puede comparecer ante la dignidad de la persona», defendió hoy el Papa León XIV ante las Cortes Generales de España. Por su parte, la presidente del Congreso de los Diputados, Francesca Lluc Armengol Socías (Francina Armengol), subrayó que «hay que restaurar el orden internacional: deben imperar las leyes, no la fuerza; deben vencer el humanismo y la solidaridad».
El Papa Robert Francis Prevost (Papa León XIV) ha subrayado hoy, en su discurso ante las Cortes Generales de España, desde el Salón de Sesiones del Congreso de los Diputados, que «una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse».
Añadió: «Les invito a alzar la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír».
Agregó: «Porque la altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública. Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral».
«En este hemiciclo se da forma jurídica a la convivencia social», exponía Su Santidad ante parlamentarios, miembros del Gobierno, representantes de las altas instituciones del Estado e invitados.
Afirmó: «Aquí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida. Por eso, más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes».
El jefe de Estado del Vaticano, que ha acudido esta mañana a las Cortes Generales en el marco de la visita de Estado a España, ha sido recibido ante la escalinata del Palacio del Congreso en la Carrera de San Jerónimo por la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y por el presidente del Senado, Pedro Rollán.
En el Patio de Floridablanca, ha recibido el saludo del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido; y la presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló.
Tras la rendición de honores, las autoridades del Estado y el sumo pontífice, acompañado de la delegación oficial vaticana, han escuchado los himnos de la Ciudad del Vaticano y de España, interpretados por la Banda Sinfónica de Música de la Policía Nacional.
Precedidos por los maceros, los presidentes del Congreso y del Senado y el jefe de Estado del Vaticano han accedido al Palacio y se han dirigido al Salón de Conferencias o Salón de los Pasos Perdidos, donde han tenido lugar los saludos a los miembros de las Mesas del Congreso y del Senado, el jefe del partido mayoritario de la oposición y los portavoces de los grupos parlamentarios de ambas Cámaras.
A continuación, el sumo pontífice ha firmado en el Libro de Honor de la Cámara Baja, en el que ha escrito las siguientes palabras: Con el deseo de que los derechos de todos estén siempre en el ejercicio de la actividad legislativa de esta sede democrática de la soberanía nacional española. Después, ha recibido los regalos institucionales: un facsímil del manuscrito Beato de Liébana, códice de Fernando I y Doña Sancha, por parte del Senado; y un facsímil del manuscrito Liber Horarum o Libro de Horas, un ejemplar iluminado del siglo XV, por parte del Congreso.
Armengol apela al entendimiento entre instituciones
Desde el Salón de Conferencias, León XIV, Armengol y Rollán han accedido a la Presidencia del Salón de Sesiones por la escalera que da entrada directa a este espacio desde la Galería del Orden del Día.
Una vez en el Hemiciclo, la presidente del Congreso de los Diputados y dirigente del PSOE, Francesca Lluc Armengol Socías (Francina Armengol), ha declarado abierta la sesión y ha dado la bienvenida a Su Santidad «con la voluntad de escuchar y con el convencimiento de que el entendimiento entre instituciones, culturas y pueblos es imprescindible para afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo».
«En esta casa parlamentaria que hoy le abre las puertas se vertebra una democracia plural y abierta, construida sobre el respeto a la libertad de conciencia y el valor del diálogo. Diálogo, respeto y también escucha activa, tres artífices fundamentales para la libertad de nuestras sociedades, cuya confianza en unas instituciones públicas sólidas, cercanas y transparentes es crucial para la estabilidad de las democracias», resaltaba.
En su discurso, la presidente del Congreso ha destacado, ante la situación internacional, que «es urgente posicionarse en el lado correcto. La paz ha de ocupar de nuevo el centro de la acción política internacional», una paz «dialogada y con vocación de permanencia: una tarea ardua y minuciosa que requiere valentía, diplomacia y cooperación. Una paz que exige defender y respetar plenamente el derecho internacional humanitario, fortalecer las instituciones multilaterales y preservar los espacios comunes desde los que las naciones pueden responder juntas a desafíos que ninguna puede resolver por separado».
«Hay que restaurar el orden internacional: deben imperar las leyes, no la fuerza; deben vencer el humanismo y la solidaridad.
Y solo vencerán», enfatizó la presidenta, «si concentramos nuestro empeño en las tareas democráticas que las sociedades a las que representamos nos encomiendan. Sabemos bien cuáles son estas tareas. La lucha contra la pobreza, contra la precariedad y contra las violencias: la violencia de género, la violencia racista o la que premia el privilegio frente a la vulnerabilidad».
Discurso completo de León XIV ante el Senado y Congreso español
Armengol subrayó también que «tenemos la tarea fundamental de acabar con las desigualdades», porque la sociedad a la que debemos aspirar es «aquella que reconoce tal y como Su Santidad ha escrito en la encíclica Magnifica humanitas» que «en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad».
León XIX invita a «alzar la mirada»
León XIX comenzaba su intervención indicando que «mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana».
En la sede parlamentaria, invitó a diputados, senadores y autoridades a «alzar la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír. Porque la altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública. Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral».
Desde la Presidencia del Hemiciclo, se quiso detener en «algunas imágenes que adornan esta Cámara. En este Salón de Sesiones, la luz natural entra por el lucernario que corona la sala».
«Esa luz que viene de lo alto puede recordar que también la política necesita reconocer una medida que la precede y la supera. También las pinturas que evocan, en la parte superior del muro principal, la recepción del Evangelio y del Decálogo recuerdan algo esencial». dijo.
Añadió: «Sin confundir el orden político con el religioso, esos signos invitan a reconocer que la libertad moderna ha sido preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana».
Continuó: «En esa escuela interior, los pueblos aprendieron que el derecho debe servir al bien, que la justicia pone límites a la fuerza, que el poder necesita legitimidad, que los pobres pertenecen plenamente a la comunidad, que el extranjero debe ser acogido conforme a su dignidad y que la vida humana jamás puede ser tratada como mercancía».
Para concluir su discurso, pidió «que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza».
Siguió: «Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio. Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias».
Afirmó: «Y que, sobre el Reino de España, marcado por la huella apostólica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan días de prosperidad, justicia y paz duradera».
Sentenció: «Muchas gracias; mi presencia entre ustedes quiere ser un gesto de cercanía hacia España, en el marco de la mutua cooperación, y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana».
El discurso de S. S. el Papa se cerró con un largo aplauso el Salón de Sesiones, además de diputados, senadores, el presidente del Gobierno y los ministros, desde las tribunas escucharon los discursos la presidenta del Consejo de Estado, Carmen Calvo; el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo; la fiscal general del Estado, Teresa Peramato; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida; los presidentes de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa, y del Principado de Asturias, Adrián Barbón; los ex presidentes del Gobierno Mariano Rajoy y José María Aznar; los ex presidentes del Congreso Meritxell Batet, Ana Pastor, José Bono, Jesús Posada y Federico Trillo; los ex presidentes del Senado Ander Gil, Esperanza Aguirre y Juan José Lucas, entre otras autoridades e invitados.
Levantada la sesión, los presidentes del Congreso y del Senado han acompañado a Su Santidad hacia el Patio de Floridablanca, para la despedida en la Carrera de San Jerónimo, donde el sumo pontífice ha saludado a las personas que habían acudido a ver su visita a la sede parlamentaria.
