
Madrid (España), domingo 31 de mayo de 2026 (Lasvocesdelpueblo y Agencias).- El PNV rechaza la moción de censura para no alinearse con VOX: un suicidio electoral en las Vascongadas en las elecciones municipales y autonómicas, que beneficiaría al brazo político del grupo terrorista vascongado en las Instituciones españolas Euskadi Ta Askatasuna (ETA), EH Bildu del asesino terrorista Arnaldo Otegi Mondragón, partido que se ha convertido en el socio más leal del Partido Socialista (PSOE) y del jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón.
La formación separatista vascongada Partido Nacionalista Vasco (PNV) parece haber puesto fin a su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez Pérez-Castejón con la exigencia de convocar elecciones este mismo año, un giro estratégico derivado de la creciente incomodidad que le generan los casos judiciales que cercan al PSOE, pero también de sus propios cálculos políticos en las Vascongadas.
Desgaste político
La incomodidad de los jeltzales como socios del Gobierno de Sánchez resulta evidente y se ha ido incrementando en las últimas semanas, en las que las nuevas causas judiciales han situado en el foco al propio PSOE, como partido, y no únicamente a algunos de sus militantes, como podía argumentarse hasta ahora.
Pese a que no contempla apoyar una moción de censura, a la formación de Aitor Esteban Bravo le preocupa el desgaste que supone sustentar un ejecutivo acosado judicialmente y sin capacidad para sostener su actuación en un marco presupuestario estable, aunque ese coste lo asume también su máximo oponente, el brazo político del grupo terrorista vascongado en las Instituciones Euskadi Ta Askatasuna (ETA), EH Bildu, partido que se ha convertido en uno de los socios más leales del Gobierno del Partido Socialista (PSOE).
Elecciones municipales y forales
Pero en el ánimo del PNV pesan, además, otros cálculos. El PNV ha repetido esta semana que Sánchez debe convocar elecciones «este año», en 2026. El horizonte temporal establecido por los separatistas no es inocente. Su mirada está puesta, fundamentalmente, en el 23 de mayo de 2027, día en el que el PNV se juega buena parte de su actual poder institucional en las Vascongadas.
Con encuestas en las que el brazo político terrorista etarra EH Bildu les pisan los talones, los jeltzales prefieren llegar a la cita de las elecciones municipales y forales sin interferencias de la política nacional. La posibilidad de que Sánchez haga coincidir las generales con las locales, en un superdomingo electoral en mayo se dibuja como el peor escenario posible para el PNV.
Las dinámicas electorales en las Vascongadas son muy diferentes en función de qué comicios se celebren. Basta repasar los datos de las últimas elecciones generales, el 23 de julio de 2023. El PNV obtuvo 277.289 votos en las Vascongadas y fue superado por el PSOE, que ganó los comicios con 291.932.
Nueve meses después, el 21 de abril de 2024, en las elecciones autonómicas, los jeltzales se impusieron con 372.456 votos, 95.167 votos más que en las generales. EH Bildu le siguió con 343.609 sufragios, 67.434 más que nueve meses antes. El PSOE logró 150.752 sufragios en las autonómicas de 2024, una pérdida de 141.180 votos en tan solo nueve meses.
Las diputaciones, una bastión de poder en las Vascongadas
Las dinámicas de voto de las elecciones forales son similares a las de las autonómicas. El PNV maneja sondeos que reflejan que la pujanza de EH Bildu amenaza seriamente su poder en Álava y, sobre todo, en Guipúzcoa, donde ya ganaron los independentistas en 2023, aunque el pacto PNV-PSOE, que necesitó el apoyo del PP, evitó un nuevo gobierno foral abertzale.
Las diputaciones forales representan un importante bastión de poder en las Vascongadas, son auténticos gobiernos que controlan las haciendas forales, la joya de la corona del autogobierno vasco.
Con semejante reto en juego, el PNV no quiere encarar mayo de 2027 en medio de una polarización entre el PSOE de Sánchez y el PP, con Vox acechando, que le dejaría desubicado en tierra de nadie, sino que prefiere una campaña limpia de injerencias en la que el juego se reparta en la confrontación directa con EH Bildu, su verdadero rival político.
Vox, línea roja
Pese a ello, el PNV aprieta, pero no ahoga. Ya ha aclarado que no apoyará una moción de censura, porque para que salga adelante sería necesario alinearse con Vox, lo que constituye un suicidio electoral en las Vascongadas.
El PNV puede hacer gestos al PP -partido con el que ya pactó en el pasado-, como el que tuvo el pasado 4 de marzo en Bilbao, cuando Aitor Esteban y la vicelehendakari Ibone Bengoetxea asistieron a un foro protagonizado por el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Pero no se plantearía llegar a acuerdos con los populares si van de la mano de Vox, formación que representa una línea roja infranqueable.
El PSE-EE, socio de gobierno
Además, los jeltzales miran de reojo al PSE-EE, con el que gobierna las principales instituciones vascas: el Gobierno Vasco, las tres diputaciones y las tres capitales. Pese a las discrepancias que han aflorado en las últimas semanas, los jeltzales no desean un hundimiento electoral de los socialistas vascos, que podría poner en jaque dicha alianza en alguna de estas instituciones y allanar el camino a Bildu.
Transferencias pendientes
Como en otras ocasiones, el PNV ha puesto de nuevo de manifiesto la debilidad de un Gobierno al que sigue demandando que cumpla con su compromiso de completar este año las transferencias pendientes. En julio está prevista una nueva reunión de la comisión bilateral y los jeltzales buscarán impulsar el traspaso de las materias relacionadas con la Seguridad Social, la transferencia más complicada y polémica que queda pendiente.
