
Madrid (España), miércoles 12 de agosto de 2026 (Efe).- Se acerca el momento esperado: el primer eclipse total de Sol visible desde la península ibérica en 114 años. Ante la inminencia del fenómeno, algunos de los principales representantes de la comunidad científica española han lanzado una recomendación: dejar a un lado las pantallas, mirar al cielo y compartir la experiencia con quienes estén alrededor.
El mensaje se ha trasladado desde el Observatorio Astronómico de Yebes (Guadalajara), elegido por el Ministerio de Ciencia como sede de la retransmisión oficial del eclipse. Para Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y exdirector del centro de Yebes, el fenómeno supone también una oportunidad para experimentar una emoción colectiva.
«Es el momento de olvidarse de las pantallas, de mirar hacia arriba, de mirar a nuestro alrededor y concentrarse solo en nuestras emociones», señaló a Efe.
Bachiller destacó además la sensación de «comunión» que puede producir que miles de personas contemplen simultáneamente el mismo punto del cielo bajo la sombra de la Luna.
El eclipse no solo será un espectáculo para el público, sino también un laboratorio natural para la ciencia.
Los investigadores aprovecharán el fenómeno para estudiar diferentes efectos que se producen durante los minutos de oscuridad, entre ellos las respuestas de la atmósfera y de los seres vivos ante el brusco cambio de las condiciones ambientales.
En Yebes, la totalidad tendrá una duración de 63 segundos, que serán registrados por dos radiotelescopios considerados referentes internacionales, de 40 y 13,2 metros de diámetro.
La ministra de Ciencia, Diana Morant, también ha destacado la excepcionalidad del fenómeno y la posición privilegiada de España para contemplarlo. «Es un fenómeno excepcional y somos un país privilegiado para verlo. Disfrutemos de la ciencia», afirmó.
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Para Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, observar la corona solar durante la totalidad debe servir para reflexionar sobre el lugar de la humanidad en el universo y sobre la conexión de la Tierra con su estrella. «Hoy es un día muy bonito porque la gente está levantando la mirada al cielo y haciéndose muchas preguntas en torno a un fenómeno natural abrumador», señaló.
El astronauta Pablo Álvarez tampoco ha ocultado su emoción ante un acontecimiento que lleva esperando desde hace décadas.
Asegura que lleva preparándose «más tiempo para el eclipse que para ser astronauta», después de que su interés surgiera al contemplar el eclipse parcial de 1999 desde su localidad natal en León.
Álvarez considera que el fenómeno supondrá un importante impulso para la divulgación de la astronomía y la astrofísica y que puede incluso despertar vocaciones investigadoras, aunque insiste en que lo fundamental es disfrutar de la experiencia.
En la misma línea se ha pronunciado la astronauta Sara García, que ha llamado a contemplar el eclipse sin estar pendientes del teléfono y, preferiblemente, en compañía.
«Hay pocas ocasiones en las que todos estemos a la vez tan apasionados con algo tan único», explicó. A su juicio, la jornada permitirá «no solo aprender del Sol», sino también «aprender mucho de nosotros mismos».
Desde el punto de vista científico, el eclipse permitirá estudiar además las alteraciones provocadas por la desaparición repentina de la luz solar. Montse Villar, investigadora del Centro de Astrobiología (CAB, INTA-CSIC), ha explicado que la atmósfera terrestre experimentará un cambio muy rápido en sus condiciones, con modificaciones en parámetros como la luz y la presión.
Los científicos también prestarán atención al comportamiento de los animales. Villar ha destacado cómo durante los eclipses pueden modificarse los cantos y patrones de vuelo de las aves, así como los movimientos de los peces. El fenómeno, explica, enfrentará el reloj interno de los animales con unas señales ambientales que cambiarán de manera repentina.
Así, el eclipse total se presenta no solo como un acontecimiento astronómico excepcional, sino también como una oportunidad para la investigación y para vivir una experiencia colectiva que, según los científicos, merece ser contemplada lejos de las pantallas y con la mirada puesta en el cielo.
