Una anciana de 87 años, primera muerte oficial por covid el 6 de marzo de 2020 en Cataluña (España)

FOTOGRAFÍA. BARCELONA (ESPAÑA), MARZO DE 2020. El parking del tanatorio de Collserola (Barcelona), actualmente cerrado al público, se ha convertido en un tanatorio de campaña. Efe

Efe – Una anciana de 87 años con patologías previas que falleció el 6 de marzo en el Hospital Can Ruti de Badalona (Barcelona) fue la primera víctima anunciada oficialmente por coronavirus en Cataluña, donde, al cumplirse tres meses, la COVID-19 ha causado ya más de 12.300 muertes, el 0,16% de la población catalana. Barcelona (España), domingo 7 de junio de 2020. 

Aunque probablemente el SARS-CoV-2 causó fallecidos anteriores a esta anciana, a los que no se les llegó a diagnosticar la nueva enfermedad, camuflada entre la epidemia de gripe estacional, esta anciana figura como la primera víctima oficial de la epidemia en Cataluña, la octava en toda España.

Sin embargo, aunque falleció a primera hora de la tarde del 6 de marzo, el registro de Salud la inscribe como difunta el 7 de marzo, junto a una segunda víctima, porque fue notificada por la funeraria al día siguiente, han explicado a Efe fuentes de Salud.

El anuncio de esta primera víctima por la COVID-19 en Cataluña la hizo en una rueda de prensa el entonces secretario de Salud Pública, Joan Guix, que la semana pasada renunció al cargo por motivos de salud y quien aquel 6 de marzo confirmó que hasta ese día había 46 pacientes diagnosticados de la nueva y desconocida enfermedad.

Acompañado por la jefa de Urgencias de Can Ruti, Anna Carreras, reveló que la anciana no había viajado a ninguna zona de riesgo, que se desconocía cómo se había contagiado y que había ingresado pocas horas antes de morir con un cuadro grave de fiebre, inestabilidad termodinámica e insuficiencia respiratoria.

Ese día saltaron todas las alarmas, el departamento de Salud comprobó que no podía controlar los contagios, que la enfermedad causaba muertes rápidas en personas mayores con patologías previas y que se estaban dando casos similares en otras partes de España.

El 6 de marzo ya había en Cataluña un centenar los profesionales sanitarios aislados porque habían estado en contacto sin protección con pacientes infectados y otras 500 personas en cuarentena por ser contactos.

Con la mujer muerta en Badalona, ya eran ocho las personas fallecidas por la epidemia en España -cuatro en Madrid, una en Zaragoza, una en Valencia y otra en el País Vasco- y 383 los casos confirmados.

Ocho días después, el 14 de marzo, el gobierno español aprobó decretar el estado de alarma para combatir una pandemia que se extendió como un reguero de pólvora.

Madrid y Cataluña evolucionaron peor que las otras comunidades y, probablemente por su densidad demográfica, la pandemia se cebó en sus zonas urbanas, y en sus geriátricos.

También el 6 de marzo, se dio a conocer que el Hotel Arts tuvo que poner en cuarentena a muchos de sus trabajadores porque se había alojado, entre el 1 y el 4 de marzo, un turista contagiado, cuya habitación fue precintada y desinfectada.

Semanas después, muchos hoteles tuvieron que convertirse en extensiones hospitalarias para aislar a pacientes leves de COVID.

El mismo 6 de marzo, la Generalitat pidió públicamente extremar precauciones y evitar visitas a residencias de personas mayores, con discapacidad o trastornos de salud mental, “si se tiene fiebre o si se ha estado en zonas de riesgo de contagio del coronavirus”.

El director de la Agencia Catalana de Evaluación Sanitaria, César Velasco, la directora general de Autonomía Personal y discapacidad del Departamento de Asuntos Sociales, Aina Plaza, y el director del programa de Atención Integrada, Social y Sanitaria, Sebastià Santaeugenia, celebraron una reunión con patronales y sindicatos de trabajadores de residencias, sin saber todavía la devastación que se avecinaba sobre los geriátricos.

Los responsables de la Generalitat trasladaron a las patronales y trabajadores de las residencias el protocolo que pedía a familiares y trabajadores que se lavaran las manos, utilizaran siempre pañuelos desechables, se tapasen con el codo o con un pañuelo al estornudar y se distanciasen dos metros de las personas con síntomas respiratorios.

La Generalitat instó aquel 6 de marzo a las residencias a registrar a todas las personas que entrasen para identificar posibles contactos si hubiese algún infectado y estipuló que los ancianos fueran atendidos en la misma residencia si resultaban afectados leves y trasladarlos al hospital solo cuando presentasen un cuadro grave.

“De momento, no tenemos evidencias de que el virus esté circulando de forma comunitaria”, dijo el 6 de marzo César Velasco.

24 días después, las UCI estaban saturadas, se improvisaban nuevas camas para casos graves, se urgían respiradores, y 414 personas murieron en un solo día, el 30 de marzo, en Cataluña.

Solo tres meses después: 12.333 fallecidos, el 80 % de ellos mayores de 70 años, más de 67.500 infectados confirmados y más de 300.000 sospechosos, 83 días de estado de alarma, más de 700.000 trabajadores en ERTE, y las personas en situación de pobreza se han triplicado.

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