Antonia de 88 años, superviviente del covid 19 en Madrid: “Casi no me di ni cuenta, he pasado mucho miedo”

.”Ahora ya estoy tranquila, pero he pasado mucho miedo”, asegura Antonia Sánchez Gil, madrileña del barrio de Lavapiés, en una conversación con Efe desde el Centro de Mayores Casaverde Navalcarnero, en Madrid

FOTOGRAFÍA. ORENSE 8ESPAÑA), 10.03.2021. Una trabajadora de la residencia San Carlos de Celanova (Orense) sirve el desayuno a unos ancianos. Efe 

Efe – Antonia tiene 88 años y vive desde hace cinco en una residencia de Madrid. Venció a la covid, tuvo suerte, cuenta a Efe: “Casi no me di ni cuenta”. Ahora, más tranquila después de “haber pasado mucho miedo”, repasa los últimos doce meses de pandemia. Madrid (España), miércoles 10 de marzo de 2021.

El coronavirus entró como un tsunami hace un año en los centros residenciales, en los que han muerto más de 30.000 personas; desde hace unas semanas la vacuna les está devolviendo ese “espacio seguro” en el que retomar su proyecto de vida.

“Ahora ya estoy tranquila, pero he pasado mucho miedo”, asegura Antonia Sánchez Gil, madrileña del barrio de Lavapiés, en una conversación con Efe desde el Centro de Mayores Casaverde Navalcarnero, en Madrid.

Con ella recordamos, mes a mes, cómo avanzó la pandemia y cómo intentaban combatirla desde los más de 5.500 centros residenciales que hay en España -1.435 públicos y 4.100 privados-, en los que conviven 327.814 usuarios, según los últimos datos de la vicepresidencia de Derechos Sociales.

La vacuna le ha devuelto también la esperanza y la salud. “Desde que me han vacunado incluso respiro mejor por las mañanas”, explica esta residente sentada en su silla de ruedas.

Ha costado algo más de un año estrechar el cerco a la covid-19 y la fotografía que ha dejado en las residencias es desoladora.

De la tragedia, se han aprendido varias lecciones, como la que las residencias son hogares, no hospitales, y la de que es urgente mejorar la atención sociosanitaria entre centros y sistema público.

Existe consenso entre Gobierno y comunidades autónomas para cambiar el modelo de cuidados por otro que sitúe “en el centro a las personas”.

Se plantea mejorar la prevención, residencias más pequeñas, poner la tecnología al servicio del mayor para que pueda vivir en su casa todo el tiempo posible -si lo desea- y concebir las residencias como unidades de convivencia.

De la mano de Antonia hacemos el recorrido de ese año vivido dentro de las residencias, desde ese 14 de marzo de 2020 que encerró a todos los españoles en sus casas ante una pandemia descontrolada, al momento actual en el que la vacuna ha traído a nuestras vidas el principio del fin de esta pesadilla.

MARZO: EL CIERRE

Unos días antes del estado de alarma, los Centros de Mayores Casaverde acordaron el confinamiento en las habitaciones, y prácticamente el cierre, señala a Efe la directora del centro de Navalcarnero, Cristina Bravo.

Antonia y su compañera estuvieron sin salir de la habitación hasta finales de mayo (más de dos meses y medio).

“Le reconozco que se me pasó rápido, no me parece que estuviera dentro tanto tiempo, como me dice; venían a asearnos y a traernos la comida protegidas con mascarillas. Casi no me he enterado en esos meses allí metida porque tenía dibujos, hablábamos con la familia con un espejo (tableta); no me sentí abandonada”.

ABRIL: EL PICO

Que la covid estaba atacando con virulencia a las residencias era obvio, pero nadie precisaba las víctimas. Los fallecidos y contagiados se dispararon en todas las comunidades. El Ejército tuvo que entrar en residencias para ayudar en las labores de desinfección, pero también para trasladar fallecidos a improvisadas morgues (recintos feriales, palacio de hielo, aparcamientos).

Los encierros voluntarios de trabajadores se extendieron por distintos puntos de España, para apoyar y proteger a los ingresados del contagio, pero también a sus familias.

“Pasé mucho miedo, mucho; yo se que me voy al hospital y me quedo allí”, confiesa Antonia, que veía lo que estaba ocurriendo por la televisión, en la que se hablaba también de rechazo de mayores en las UCI de los hospitales.

MAYO: LOS PASEOS

Casi a finales de mayo, los residentes dieron ya los primeros paseos por su planta. Se hicieron grupos burbuja, solo se relacionaban con los de su planta para comer y hacer ejercicios.

Para el resto de la población, llegaron las anheladas salidas de los domicilios, por horas y por edades: la desescalada.

“Nos sacaban por delante de las habitaciones; yo creo que ya también salí a la terraza, me gusta mucho tomar el sol”, apunta.

JUNIO: LAS VISITAS

“Cuando vinieron a verme mis sobrinos me entró una emoción que no podía parar de llorar, después de tanto tiempo, fue muy emocionante”, recuerda Antonia. Son como los hijos que nunca tuvo: “Están pendientes de mí, aunque aquí también me siento muy querida, la gente te habla y te quiere, eso es muy importante”.

Se reanudaron las visitas: una a la semana, sin contacto, manteniendo la distancia de seguridad, mascarillas, toma de temperatura y guantes, detalla la directora del centro.

El 21 de junio, toda España recobró la plena libertad de movimientos tras 98 días en alarma y abrió las fronteras a Europa.

Meses después se ha conocido, que la mayor parte de los fallecimientos de mayores fueron durante la primera ola, entre el 14 de marzo y el 22 de junio. Murieron casi 20.000 personas.

JULIO : EL VERANO

Las terrazas de las playas y de las ciudades llenas. En medio de la euforia, los sanitarios pedían responsabilidad porque los contagiados seguían ingresando en hospitales.

Antonia daba paseos por el patio y los exteriores.

AGOSTO: LOS BROTES

Se inició el mes con el brote en un centro de los Hermanos de la Cruz Blanca en Burbáguena (Teruel), con 95 residentes: 10 fallecieron y 63 estaban contagiados, al igual la mayor parte de sus trabajadores.

El virus se asomaba de nuevo por las residencias, pero los principales brotes estaban vinculados a la noche. En la segunda quincena, se cierran discotecas, se limita horario a restaurantes e incluso se prohíbe fumar en la calle.

“Cuando les veo en la tele con el botellón a estos jóvenes, me da miedo, no hay derecho, lo que está haciendo la juventud que nos está matando a los mayores”, asevera.

SEPTIEMBRE: LAS CIFRAS

Cuando a Antonia y a los otros residentes les hicieron test serológicos le detectaron la presencia de anticuerpos frente al SARS-CoV-2. Su compañera de habitación también fue positivo. “No me enteré, estuve unos días mala, subió la doctora y me lo dijo”.

“Yo creo que lo ha cogido poca gente el virus en la residencia”, añade. Tiene razón, porque han muerto tres personas con covid confirmado a lo largo de este año, confirma la responsable del centro.

Como despedida del verano y coincidiendo con las fiestas de Navalcarnero hicieron algo especial: “Raúl, el psicoterapeuta, que es muy salao y nos hizo una fiesta; las viejecillas bailan, yo no puedo porque estoy en esta silla de ruedas”.

OCTUBRE: OTRO CIERRE

Se superaban el millón de casos y la situación estaba de nuevo descontrolada. Hay un segundo y tercer estado de alarma.

En las residencias, se vuelven a prohibir las visitas y se cierra el centro cada vez que hay una persona positiva, los residentes contagiados se aislaban en zonas.

Había que superar un nuevo pico, pero las residencias estaban más preparadas con material de protección y con planes diseñados frente a la pandemia.

NOVIEMBRE: LAS SECUELAS

Otra vez visitas, una a la semana y un solo familiar, los contagios empiezan a estabilizarse a mitad del mes.

Antonia echa de menos a su compañera Luisa, que ha fallecido estos meses. “Me acuerdo mucho de ella era muy divertida, en plena pandemia nos mandamos mensajes con vídeos que nos grababan las chicas porque estábamos en distintas habitaciones; jugábamos a las cartas y hacía trampas, tenía un alegría”.

“Ay madre, cuánto paro veo en la tele y esas colas del hambre, qué pena todo”.

DICIEMBRE: LA NAVIDAD

Doblegada la segunda curva, llegaron los planes de Navidad. “La pasé aquí, antes iba con mi sobrina”. Celebraron las “pre-uvas” el 31 en la residencia. Algunos familiares sacaron a sus parientes para pasar esas fechas con condiciones: mínimo tres días y regreso con PCR negativa.

Araceli Hidalgo, de 96 años, fue la primera vacunada de España el 27 de diciembre en la residencia Los Olmos (Guadalajara).

Cierre de 2020: más de 26.000 fallecimientos de mayores.

“Las personas mayores hemos sido las primeras en caer, porque hay que ver las que han muerto, muchísimas, pobrecitas y qué pena para los familiares”.

ENERO 2021: LAS VACUNAS

Tras recibir el regalo especial de Reyes enviado por las familias, llegaron las vacunas, el mejor regalo. En enero, se puso la primera dosis en todas las residencias y en algunas, incluso la segunda. Sanidad pide a los mayores no bajar la guardia aunque estén vacunados.

“La primera dosis me cayó muy mala, pero la segunda ni enterarme. Estoy muy contenta, sin la vacuna no podría estar con usted”.

FEBRERO 2021: EL CARNAVAL

La residencia abrió una ventana al Carnaval: “Hicimos gorros y las chicas se disfrazaron de los 80: Dan el golpe cuando se disfrazan”, sonríe.

Momentos buenos para olvidar otros muy duros: “Debo ser fuerte porque he pasado mucho en la vida, se me ha muerto mi hermana y mi cuñado ahora en febrero, también el marido de mi sobrina; es una mala época”.

En el calendario de la pandemia, febrero se ha convertido en el mes con más fallecidos notificados desde la primera ola, por encima de 9.300 muertos.

MARZO 2021: LA VIDA

Las autoridades piden un último esfuerzo en la lucha contra el coronavirus porque “no queda tanto”. En algunas residencias ya se permite salir a los usuarios y se relajan algunas de las medidas sobre las visitas. La vacuna ha devuelto las ganas y la esperanza a muchos mayores.

Pero hay que escuchar sus consejos de cara a la Semana Santa: “No que hay ir a lo loco, sino despacito. Como dejen salir, todos a la calle, y luego pagan justos por pecadores”.

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