Cuando la mediocridad se impone a la eficacia 

.Una tropa que jamás conjuga el verbo dimitir o cesar, por muy negligente que sea la gestión, la culpa siempre es del adversario político, censurando con distinta vara de medir
.La política actual, salvo contadas excepciones, se ha convertido en un “cementerio de elefantes”, donde vegetan multitud de sujetos mediocres y parásitos que lastran el progreso de nuestra sociedad castigándonos con impuestos injustos para mantener sus prebendas y privilegios de casta

FOTOGRAFÍA. PALACIO DEL GOBIERNO DE ESPAÑA (LA MONCLOA), MADRID (ESPAÑA), AÑO 2018. El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez (d), y el líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias (i), durante una reunión en el Palacio de la Moncloa. Efe

¿Usted contrataría a un filósofo para dirigir una clínica sanitaria? ¿Usted emplearía como gestor en consumo a un tipo que no conoce ni ha creado una empresa jamás? ¿Usted arriesgaría su dinero en una inversión, contratando como asesora a una persona cuyo logro laboral consistió en ser cajera de un súper? ¿Usted se fiaría de sujetos que falsifican currículos, tesis doctorales, másters y otras licenciaturas sospechosas de ser fraudulentas? ¿Usted pagaría a cientos de asesores para después ignorarlos o lo que es peor, descubrir que son unas marionetas que solo esperan el sueldo por su inocua asesoría? Este tipo de preguntas son las que el sufrido ciudadano de la calle se plantea, mucho más después de asistir a la nefasta gestión política, sanitaria y económica de este tipo de personajes que he descrito. Gestores de cuota o la parte más impúdica del iceberg a la deriva que nos gobierna.

España se ha convertido en un país de advenedizos a todos los niveles, de trileros y vendedores de “crecepelo”, donde el embaucador es premiado y ascendido, el inepto es catapultado a la fama, el “globo sonda” es una herramienta política, el eslogan es la receta mágica que cubre al gobierno de gloria, la publicidad de lo que no hacen se lo arrogan con descaro si les beneficia. En cambio las responsabilidades las eluden con una habilidad pasmosa. Presumen de lo que no tienen, derrochan mucho más de lo que recudan, lloran como pedigüeños para que Europa los salve, aunque sin asumir criterios serios de gestión. Pero a ellos les da igual el déficit, la deuda o la inviabilidad del futuro de las pensiones, después de un cierto tiempo de despilfarro caprichoso, de ocurrencias utópicas, recurrirán a su generosa pensión vitalicia asegurada, se irán a su “casoplón” a descansar y “contar nubes” o dar conferencias bien remuneradas, y ya vendrán otros que se “comerán el marrón” que diría un castizo.

Una tropa que jamás conjuga el verbo dimitir o cesar, por muy negligente que sea la gestión, la culpa siempre es del adversario político, censurando con distinta vara de medir. La mayoría de nuestros gobernantes tienen relación familiar y personal, parejas, esposas, novias, novios, el nepotismo solo es escandaloso si lo practica la oposición. El macho alfa, hace y deshace desde el feminismo más cínico, practicando lo contrario de lo que predican, demiurgos de la propaganda falaz. El mantra es la moneda de cambio y la mentira es practicada con obscenidad por los máximos responsables de un país anestesiado por estos magos de la burda demagogia.

La política española hace tiempo que no goza del favor del pueblo, siempre estuvo en entredicho pero en los últimos años asistimos a la “conjura de los necios”, pues la degradación es absoluta, deleznable y digna de desprecio, plena de sectarismo y caprichos estúpidos, de una impostura patética, poblada de personajes estrafalarios, tránsfugas, ineptos que buscan con urgencia un cargo para subsistir, ya que no encuentran salida profesional la mayoría de ellos. La política actual, salvo contadas excepciones, se ha convertido en un “cementerio de elefantes”, donde vegetan multitud de sujetos mediocres y parásitos que lastran el progreso de nuestra sociedad castigándonos con impuestos injustos para mantener sus prebendas y privilegios de casta. Pero ya lo dijo Anaxágoras, el filósofo griego: “Si me engañas una vez la culpa es tuya, si lo haces dos veces, la culpa es mía”.

Antonio Morales Sánchez, un ciudadano preocupado por el futuro

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