
Barcelona (Cataluña) España, domingo 12 de julio de 2026 (Óscar Bermán Boldú).- Gobernar no es cobrar: el fracaso político de los peajes en Cataluña. Al final resulta que la política actual tiene una regla no escrita: si la lías gestionando, que pague el de siempre. El cacao que tienen montado con la AP-7 es de traca. Estuvimos décadas pagando peajes, aguantando un agravio comparativo brutal respecto al resto de España donde las autovías eran gratis, y cuando por fin quitan las barreras resulta que la alegría dura un suspiro. Ahora, como no saben qué hacer con el tráfico y los camiones, la brillante idea de la Generalitat es volver a cobrarnos. Aviso «señores», es para que nos vayamos preparando.
Esto ya no va de movilidad ni de ecología. Esto va de que nos están acollando a base de tasas y ya no cola señores.
Es de un cinismo que asusta. Pagamos las carreteras con el IVA, con el IRPF, con el impuesto de matriculación y cada vez que llenamos el depósito de gasolina. Y ahora nos salen con que, como la autopista se colapsa, hay que volver a pagar para «disuadir». Es decir, que te cobran para que no la uses. El mensaje es asqueroso: si tienes pasta viajas rápido y seguro; si vas ahogado a fin de mes, te vuelves a la nacional a comerte el atasco y el peligro. Eso no es sostenibilidad, es clasismo puro y duro.
Lo peor es que se veía venir. Cualquiera con dos dedos de frente sabía que al quitar los peajes el tráfico se iba a disparar. ¿Y qué han hecho los políticos estos años para solucionarlo? Nada. Los trenes de Rodalies siguen dando pena y funcionando de pena, las alternativas no existen y el transporte público da risa. El coche no es un capricho para irse de vacaciones, es la única opción que tiene la mayoría para ir a currar cada mañana.
Poner cámaras en la carretera para cobrarte por respirar no es gestionar. Es admitir que eres un incompetente y que no tienes ni puta idea de resolver un problema técnico sin meterle la mano en el bolsillo al ciudadano. Ya basta de excusas y de tomarnos el pelo. Si no tienen ideas, si les viene grande el cargo o si no saben gobernar sin asfixiar al trabajador, lo tienen muy fácil: que tengan un mínimo de decencia, cojan la puerta y pleguen.
Óscar Bermán Boldú
