Guardias Civiles denuncian la participación de “bomberos” en el golpe en Cataluña

Lasvocesdelpueblo
FOTOGRAFÍA. MADRID (ESPAÑA), TRIBUNAL DLE PROCÉS, 28.03.2019. Captura de la señal institucional del Tribunal Supremo. El presidente del Tribunal Manuel Marchena (2i), junto a los jueces Andrés Martínez (i), Juan Ramón Berdugo (2d) y Antonio del Moral (d), durante la sesión del juicio del "procés" centrada este jueves en las protestas contra las fuerzas de seguridad en otoño de 2017, con las testificales de varios guardias civiles y de una mossa que difundió lugares donde se hospedaban agentes del instituto armado. Efe.

Efe – Los protagonistas aquí fueron los bomberos uniformados que se unieron a las protestas subidos a un camión con la sirena. “Pusieron la sirena, apoyando el escrache y dándose un baño de masas con la gente que estaba allí”, ha dicho uno de los agentes. Hoy también han declarado cuatro mossos. Los tres, que junto a los dos agentes de ayer, resultaron heridos el 20-S en un registro de Sabadell (Barcelona) donde recibieron patadas, puñetazos y golpes con cascos. Y una mossa que ha negado enviar un whatsapp animando a la gente a participar en los escraches, pese a reconocer como suyo el número de teléfono desde el que se mandó ese mensaje. Madrid (España), jueves 28 de marzo de 2019. 

Varios guardias civiles han declarado ante el tribunal que juzga el “procés” que sufrieron hostigamiento”, “temor” y “tensión” en una multitud de escraches a los cuarteles y hoteles donde se alojaban los agentes antes y después del 1-O, si bien han precisado que no hubo riesgo de asalto, ni detenidos ni agresiones.

La Sala ha escuchado este jueves diez testimonios de guardias civiles que fueron testigos de algunos de los 117 escraches que el Cuerpo ha contabilizado contra sus agentes destinados en las cuatro provincias de Cataluña durante dos meses, desde primeros de septiembre hasta la primera semana de noviembre.

Todas ellas acciones marcadas por el clima de “hostigamiento” y “tensión” que generaban aquellos grupos, que en algunos casos, han dicho, fueron de 2.000 personas situadas en primera línea de los cuarteles.

Las caceroladas, pegada de carteles, pintadas e insultos protagonizaron aquellos episodios que demostraron, según los agentes, que “se había perdido la vergüenza” a su autoridad con una actitud de “yo hago esto porque quiero”.

Algunos guardias han dejado claro que se trataban de acciones “organizadas, estructuradas y orquestadas”, puesto que algunos de esos carteles los habían distribuido los partidos y asociaciones, como ocurrió en el escrache al acuartelamiento de Valls (Tarragona).

En cambio, otros guardias les han dado un carácter más espontáneo, fruto de llamamientos ciudadanos en las redes sociales, hasta el punto de que más que protestas eran “performances”.

Como así lo ha definido el jefe del acuartelamiento de Manresa (Barcelona), que el 20-S sufrió un escrache de unas 2.000 personas que simularon que votaban con urnas de cartón y que izaron una estelada del mástil del cuartel, después de que un guardia retirase la bandera española para evitar problemas. “Fue bastante impactante”, ha dicho el agente que ha añadido que “cuando se cansaron, tal como la izaron, la arriaron y se fueron”.

Y aquí, como en la mayoría de lo escraches, los guardias civiles se dedicaban a aguantar en el interior hasta que la protesta se fuera desinflando, si bien en Manresa trataron de crear un perímetro de seguridad, pero los Mossos no atendieron esta petición.

Lo que no hubo fueron detenciones, agresiones ni riesgo de asalto, como así han reconocido los agentes a preguntas de las defensas, menos incisivas y más ausentes en la jornada de hoy.

Más allá de describir cómo fueron esos escraches, los fiscales han hecho hincapié en saber cómo afectaron esas protestas a los familiares que residen en los acuartelamientos, que acabaron teniendo “cierta aprehensión” por ver lo que “se iban a encontrar” cuando llegasen al cuartel y que llevó a que cambiasen el dormitorio de los niños a la parte interior de las instalaciones.

De hecho, el episodio más preocupante ocurrió en el cuartel de Igualada (Barcelona) el 28 de septiembre cuando cayó un artefacto incendiario, que era “un bulto de ropa y trapos que estaba envuelto en algo impregnable”, probablemente gasolina, que lanzó una persona que iba “embozada” y con pasamontañas.

Preguntado por si ellos y sus familiares sintieron temor en algún momento, un agente ha reconocido: “Claro, puede ser una escalada, un día te tiran un paquete incendiario y otro vete a saber”.

Mientras que este agente ha señalado no recordar si las autoridades políticas se preocuparon por ellos tras los escraches, otro de los guardias ha lamentado que en lugar de eso hubiese autoridades locales que criticasen el envío de refuerzos a Cataluña.

Estos episodios se dieron también frente a dos hoteles de La Seo de Urgell (Lleida) que alojaban guardias civiles y que provocaron que los propietarios no renovaran sus reservas.

Los protagonistas aquí fueron los bomberos uniformados que se unieron a las protestas subidos a un camión con la sirena. “Pusieron la sirena, apoyando el escrache y dándose un baño de masas con la gente que estaba allí”, ha dicho uno de los agentes.

Además, otro guardia que vigilaba la Comandancia de Girona ha relatado otro episodio con los bomberos el 2 de octubre, cuando un convoy de unos 15 vehículos de bomberos, entre camiones, furgonetas y otros, pasó por delante del edificio con las luces puestas y haciendo sonar sus sirenas y cláxones.

En ese momento, ha narrado, los ocupantes hicieron “gestos enseñando el dedo anular en forma de peineta, dándose en la cara como que éramos unos caraduras y con los pulgares hacia abajo” y profirieron gritos de “fascistas, hijos de puta y cobardes”.

Hoy también han declarado cuatro mossos. Los tres, que junto a los dos agentes de ayer, resultaron heridos el 20-S en un registro de Sabadell (Barcelona) donde recibieron patadas, puñetazos y golpes con cascos. Y una mossa que ha negado enviar un whatsapp animando a la gente a participar en los escraches, pese a reconocer como suyo el número de teléfono desde el que se mandó ese mensaje.

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