La vuelta al colegio en COVID 19

.El psicopedagogo explica, por su parte, que esta adaptación a los cambios se debe a que “cualquier tipo de aprendizaje se consolida más en los primeros años de vida”, por lo que es en las etapas de infancia y adolescencia cuando es más fácil adquirir nuevos aprendizajes y los expertos recomiendan las inmersiones lingüísticas y aprender instrumentos musicales, porque “el conocimiento se absorbe más fácilmente”

FOTOGRAFÍA. BARCELONA (ESPAÑA), 01.09.2021. "Los niños aterrizan en la escuela mucho más fácilmente que sus padres en el trabajo", según el psicopedagogo y profesor de Psicología en la Universidad Abat Oliba CEU Ramón Novella, que, en una entrevista con Efe, advierte que, cuando se da ansiedad posvacacional en niños, en la mayoría de los casos, está generada por los propios padres.

Efe.- Barcelona (España), miércoles 1 de septiembre de 2021. “Los niños aterrizan en la escuela mucho más fácilmente que sus padres en el trabajo”, según el psicopedagogo y profesor de Psicología en la Universidad Abat Oliba CEU Ramón Novella, que, en una entrevista con Efe, advierte que, cuando se da ansiedad posvacacional en niños, en la mayoría de los casos, está generada por los propios padres.

El experto señala que los niños “son muy flexibles” y capaces de adaptarse con facilidad a cualquier tipo de novedad, por lo que no les es complicado adaptarse a la rutina después del período vacacional porque en ellos “prima mucho la ilusión y los nuevos retos”.

Muestra de ello es la facilidad con la que los más pequeños se han adaptado a la batería de nuevas medidas que ha traído consigo la pandemia de COVID-19, y el hecho de que en muchos casos han reaccionado mejor que los propios adultos a esta nueva situación: “Los adultos ya tienen muy marcado su ritmo y sus hábitos, por lo que cualquier cambio se les hace mucho más difícil”, destaca.

También la maestra y bloguera Pilu Hernández considera que “como parece que estas medidas han llegado para quedarse un tiempo es bueno que no las cuestionemos delante de ellos y se las comuniquemos como parte de un juego”.

En este sentido, Novella anima a los padres a hacer todo lo posible para “transmitir positivamente cualquier hecho”, argumentando que los niños prestan más atención a todas aquellas cosas que se hacen desde la novedad y el reto: “Cuando las cosas se hacen desde la ilusión -sostiene- llegan mucho más a los chavales”.

En el caso de los niños que este año acuden por primera vez a la escuela, la maestra Hernández pide “no dar más importancia de la que tienen” a los lloros que causa en los más pequeños este cambio de etapa, recordando que “todos necesitamos un período de adaptación y hay que darles su tiempo”.

“Los padres tienen que escuchar cuando lloran y explicarles el proceso para que sepan que en tan solo unas horas volveremos a vernos para que nos cuenten qué han hecho durante el día”, añade.

El psicopedagogo explica, por su parte, que esta adaptación a los cambios se debe a que “cualquier tipo de aprendizaje se consolida más en los primeros años de vida”, por lo que es en las etapas de infancia y adolescencia cuando es más fácil adquirir nuevos aprendizajes y los expertos recomiendan las inmersiones lingüísticas y aprender instrumentos musicales, porque “el conocimiento se absorbe más fácilmente”.

“La infancia es un momento en el que las capacidades están en pleno desarrollo, mientras que los adultos ya hemos adquirido la mayor parte del conocimiento y tenemos un límite”, añade.

En cualquier caso, Novella considera básico observar si durante los primeros días del curso hay un cambio de actitud o de hábitos en los más pequeños, porque cosas tan básicas como la alimentación o el sueño pueden servir a los padres para darse cuenta de que la vuelta al colegio ha podido suponer algún tipo de angustia en los niños.

También defiende que los niños tienen que mantener “algún tipo de hábito o rutina” durante el verano, pero que esto no se tiene que traducir en “pasar dos horas al día haciendo deberes durante las vacaciones”, sino en buscar actividades que les gusten, como la lectura o la práctica deportiva, para “marcar el hábito”.

“El ejemplo es básico -recalca- cuando en una casa los padres leen de manera natural, eso se trasmite”, por lo que cree imprescindible que para que los niños creen un hábito estos lo vean primero en sus padres.

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