Llaman «a destruir» las 1800 diferencias naturales entre una mujer y un hombre. Si lo logran producirán monstruos

.La familia es una sociedad de vida y la mujer-madre tiene la función preponderante
.Para los hombres solo tengo cuatro palabras: tontos quienes se dejan. Hoy me centro en las mujeres: la esencia de la familia y la esencia de la sociedad misma, toda y siempre existe por las mujeres

FOTOGRAFÍA. MADRID (ESPAÑA), 23.10.2021. Varias mujeres que se definen como «feministas radicales» participan en la manifestación convocada en Madrid por asociaciones feministas en defensa de los derechos de las mujeres, contra la ley trans que impulsa el Ministerio de Igualdad y a favor de abolir la prostitución. Efe

Redacción.- Barcelona (España), domingo 8 de mayo de 2022. No hablamos de Putin y sus matones; esos no tienen remedio. Aquí hablamos de los muchos instrumentos y herramientas que utilizan ministerios, partidos políticos, muchos parlamentarios, sindicatos, grupos de presión, colectivos literales, etc. para destruir la sociedad a base de socavar, dinamitar y escombrar sus cimientos: la familia. Esto parece Mariupol.

Su táctica implica trabajar simultáneamente en cuatro frentes: el primero consiste en volver peleles a los hombres; el segundo transformar a las mujeres disfrazándolas; el tercero, romper a los hijos adoctrinándoles con ideología desquiciante; y el cuarto frente es redactar leyes, absurdas por irracionales pero amenazantes, injustas y contra derechos superiores y mayoritarios; lo que las convierte en meros pasquines ideológicos de simple revanchismo pueril, o sea, leyes destructoras. En defensa de los hijos ya escribí recientemente y lo seguiré haciendo. Para los hombres solo tengo cuatro palabras: tontos quienes se dejan. Hoy me centro en las mujeres: la esencia de la familia y la esencia de la sociedad misma, toda y siempre existe por las mujeres.

La familia es una sociedad de vida y la mujer-madre tiene la función preponderante. La esencia de mujer es vida; dar vida, cultivarla y hacerla útil y feliz. Ella se da, como sentimiento natural pues las personas son para ella como su propia estancia y en eso está la feminidad que no separa, que acoge el todo, el suyo y el de los otros. Esas características y condiciones son la razón por la que quiere y busca vivir su vida en libertad, sin condicionamientos externos, sin imposiciones. Su naturaleza de mujer le dicta elegir por sí misma y tener los mismos derechos que todos, garantizados por las mismas leyes para todos.

Así es la mujer auténtica. No reivindica especiales derechos, leyes, privilegios, cuotas, ideologías, progresismo, colectivización, etc. No lo necesita. Ella elige en derecho y sigue su propia naturaleza; con naturalidad porque es un ser humano funcionando como tal. Hoy se pretende, desde medios políticos e ideológicos, distorsionar todo lo anterior; intentan hacer miserables a las mujeres a base de tratarlas como si no fuesen diferentes de los hombres. Eso es encerrona, mientras hablan de inclusión.

Las 1800 diferencias naturales entre una mujer y un hombre pretenden anularlas. Si lo logran producirán monstruos. Y en ello está empeñado el ministerio igualitario. Por fortuna, carecen de tiempo para dedicarlo a transformar mujeres, tienen todo el tiempo dedicado a inventarse cómo malgastar el inmenso montón de euros que Sánchez les regala. Richard Weaver habla de la peor dolencia que subyace en muchas mentes modernas. Es, dice, el desprecio por el orden natural. Así es en el tema que comentamos. Su rabia por la igualdad está destrozando tanto física como mental y socialmente a muchas mujeres.

Tenemos la gran suerte de que son lo mejor de nuestra sociedad las que pasan olímpicamente de esa rabia. Ellas son mujeres y les basta con ello; no necesitan ni masculinizarse, ni mutilarse; tampoco des-feminizarse ni dejar de ser plenas al natural. Son muchas las que, además, alcanzan la plenitud de su naturaleza más excelsa con la maternidad; y ello a pesar de las muchas dificultades y una gran oposición que las rabiadas les ponen por el camino. Ellas siguen su naturaleza y con ello logran esa plenitud que las desiguala y las coloca en el supremo logro humano. ¿Por qué tendrían ellas que igualarse a los simples varones que no pueden acceder a tal plenitud?

«Mujer es la orquesta de volcanes sobre un terreno dormido», dice la escritora Cristina M. Gago. Maravilla de expresión que nos ofrece la autora. Y eso me sirve para recordar que, a lo largo de la historia, ningún otro ser terrenal ha sido tan ensalzado, tan alabado, tan bien tratado por la literatura de todos los siglos como lo ha sido la mujer. ¿Estarán todos equivocados y solo tendrán razón las ultra-féminas de hoy que rebajan, insultan, desprecian y disfrazan a la mujer que lo es en toda su grandeza?

La mujer que lo es, que tiene esencia auténtica de mujer, femenina, fuerte en su ser-obrar-pensar; quiere, busca, aprecia al hombre con energía masculina, al hombre que compite con nobleza, al que toma y asume riesgos, al hombre que muestra coraje y determinación, al hombre resiliente que cree en algo y está dispuesto a sacrificar su vida por ese algo. Esos que son más que los peleles idiotizados por la ideología progre, éstos últimos son los buscados y moldeados por las masas de chillonas callejeras, muchas carentes de feminidad y que se han vuelto misándricas.

Termino citando a Reese Leyva en su oda «Recuerda mujer»: «Naciste la narradora de tu propia historia, ante nadie te has de arrodillar… Recuerda mujer tu poder y tu armonía; la profundidad de tu corazón inmenso como el mar. Nunca olvides que eres mujer, divina, como lo has sido desde el comienzo». ¿Cuándo nos libraremos de tantos destructores sociales? El daño que causan a niños, mujeres y hombres débiles es inmenso. Deben reconocer algo tan simple como es el respeto a toda persona: Todos iguales en derechos y deberes ante la ley. Lo que se sale de ahí es: ¿violencia, odio, ideología antihumana, rabia, envidia…? ¡Cuán miserables valores! Agudas herramientas para la destrucción.

PD. Llaman a destruir con la inestimable ayuda y colaboración del Gobierno de turno a la cabeza.

Isidro García Getino

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