Radiografía de una cesta de la compra en alerta: los alimentos frescos suben un 5,8 % en el último año

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FOTOGRAFÍA. MUNDO, 20.08.2022. Los precios, Inflación. Mujer con carrito de compras comprando alimentos en el supermercado. imagen Freepik. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)
FOTOGRAFÍA. MUNDO, 20.08.2022. Los precios, Inflación. Mujer con carrito de compras comprando alimentos en el supermercado. imagen Freepik. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Madrid, sábado 3 de octubre de 2026 (EFE).- Mientras los agricultores deciden sus protestas por el encarecimiento de dos de sus costes básicos -fertilizantes y gasóleo-, fabricantes y distribuidores advierten del impacto de la guerra en Irán, y los clientes responden con hábitos de «alerta» ante una cesta un 33,7 % más cara que hace un lustro.

Tras el episodio histórico de inflación alimentaria de hace dos años, el estallido (el pasado 28 de febrero) del conflicto en Oriente Medio por los ataques de EE. UU. e Israel a Irán ha impactado en el conjunto de la cadena alimentaria afectada por la subida de los precios de la gasolina, los fletes o los fertilizantes, entre otros.

Esta semana, el Consejo de Ministros ha dado luz verde al tercer Real Decreto-ley del Plan Integral de Respuesta a la Crisis en Oriente Medio con medidas como la prórroga de ayudas de 20 céntimos para el gasóleo agrícola, que se suman a las ya adoptadas para otros insumos clave en el campo, como son los fertilizantes.

Como un parche han tomado esta decisión en el campo, que ya anuncia movilizaciones con un calendario para toda España que probablemente se conocerá el próximo lunes.

Desde organizaciones agrarias como COAG han trasladado con rotundidad que la subida de sus costes se trasladará a la cesta de la compra.

Más adelante en la cadena, la industria alimentaria advierte de que el conflicto se está prolongando y está teniendo un importante impacto en los consumidores y las empresas.

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El encarecimiento del gas y de la electricidad desde el inicio de la crisis del Golfo y hasta final de año podría generar un sobrecoste energético de casi 7.400 millones de euros para la industria manufacturera española, lo que supone una «presión inaguantable», han reiterado desde la patronal FIAB.

La cadena funciona con eficiencia, según la distribución

En declaraciones a EFE, el director general de la patronal de supermercados Asedas, Ignacio García Magarzo, ha hecho una llamada a la tranquilidad porque, hasta ahora, «la cadena está funcionando eficientemente».

Según sus cálculos, la distribución alimentaria está soportando un sobrecoste por el precio de la energía desde que arrancó la guerra en Irán que supera los 110 millones de euros y que «ha aguantado a costa de sus márgenes».

El IPC adelantado de septiembre, publicado esa semana, reflejó un incremento del precio de la cesta de la compra del 2,7 % en términos anuales, tras avanzar un 0,3 % mensual, una cifra que sube hasta el 5,8 % en el caso de los alimentos no elaborados.

Aún así, el precio de los alimentos y bebidas ha subido mucho menos que el coste de la vida en general, que escaló el 4,9 % en el noveno mes del año.

Para García Magarzo, esto «puede tener» más de una causa, más allá de la subida de costes y, en el caso de los alimentos frescos, especialmente, ha llamado a tener en cuenta la estacionalidad en ciertas producciones.

Qué más dice el IPC

De acuerdo a los datos oficiales del Índice de Precios al Consumo (IPC), el grupo especial de «alimentos, bebidas y tabaco» es un 37 % más caro que hace cinco años y un 43 % si se retrotrae el análisis a hace una década.

En el caso de los alimentos sin elaboración, el alza se va hasta el 37,6 % en cinco años y al 52,8 % en la comparativa con 2016.

Todos estos registros superan el coste de la vida general, que ha subido un 24,2 % en un lustro y un 33 % en diez años.

Un consumidor en alerta

En el otro extremo de la cadena se encuentra el consumidor, que adapta sus hábitos de compra a este escenario, tal y como ha precisado el director de Negocio de Retail de Worldpanel by Numerator, Berardo Rodilla.

«Cuando empezó el año nos encontramos con un consumidor que parecía que relajaba ciertos comportamientos, pero muy ligado a la incertidumbre que generó la guerra -que es cierto que no tuvo un impacto directo inmediato en los precios de la cesta de la compra-, sí vimos que el consumidor quería controlar», ha apuntado.

Se trata del comportamiento «típico» de «ir más veces a comprar y llenar un poco menos la cesta» para «tener esa percepción de control»; además, la «promoción se incrementó de manera importante».

En resumen, es un comprador «sensible con respecto al precio», consciente de una «inflación acumulada» que insta a la distribución a «hacer movimientos» para «no perder clientes».