
Inglewood (Estado de California) Estados Unidos de América EEUU, jueves 2 de julio de 2026 (Efe).- MUNDIAL 2026 | Más de 2.000 aficionados españoles tiñen este jueves de rojo los alrededores del Estadio de Los Ángeles al ritmo de tambor, trompeta y mucho baile para calentar motores ante el partido clave de España contra Austria de dieciseisavos de final del Mundial.
Vestidos de flamenca, de torero y con la bandera de España al viento, los seguidores se reunieron en las afueras del recinto para caminar juntos hacia el interior al ritmo de canciones tradicionales españolas y cánticos de ánimo a los jugadores.
Entre los aficionados se encontraba Pedro, un español de 27 años procedente de Granada que iba vestido de torero. Reside en la ciudad estadounidense de Orlando y que ha seguido el itinerario de la selección española desde la ciudad de Atlanta.
«Estuve en el partido contra Arabia Saudí, que fue un partidazo, y a partir de ahora lo que siga. Esto pasa cada cuatro años y para eso trabajamos, y si ganan, se va a todo», dijo a Efe.
Santiago y Felipe, por su parte, viajaron desde Valencia junto a su familia «para ver ganar a La Roja». «España es una unión, ojalá podamos ganar», indicaron a Efe.
«Es una tradición ir a ver a La Roja», celebró por su parte a Efe Antonio, un español que viene de Madrid para ver a La Roja acompañado de varios colegas de la peña española.
Entre los cánticos de «Viva España», «¡A Por Ellos!» y «Yo soy español», una familia entera que viajaba a propósito desde Abu Dhabi a EE.UU. para reunirse con sus sobrinos ondeaba una bandera grande española y se unía a los ánimos de la multitud.
«Estuve en Sudáfrica, en Catar y ahora aquí. El ambiente es muy distinto, aquí (en Los Ángeles) somos muchos más», comentaron a Efe.
La familia se mostró esperanzada de que España no solo gane este encuentro, sino que pueda llegar a la final. «Tenemos billete hasta 21, aunque sea solo por eso, que nos permitan ir a más encuentro y podamos vivirlos», agregaron.
El ambiente festivo se trasladó a las gradas, dibujando un mosaico vibrante donde el rojo español y los colores del rival se fundieron en una misma marea, borrando las fronteras de las tribunas y convirtiendo la rivalidad en una fiesta compartida a miles de kilómetros de casa.
