
Madrid, miércoles 14 de octubre de 2026 (Lasvocesdelpueblo y EFE). La guerra sin cuartel que desangra a las facciones de la ultraizquierda radical y antisemita en España ha entrado en su fase más desesperada a escasamente 48 horas de que expire el plazo legal para registrar coaliciones ante la Junta Electoral Central (JEC). Ante el pánico generalizado a cosechar un desastre electoral sin precedentes en las elecciones generales anticipadas del próximo domingo 29 de noviembre (29N), la exalcaldesa de Barcelona por la extrema izquierda catalana de los Comunes, Ada Colau Ballano, se ha mostrado dispuesta a renunciar a su candidatura a la presidencia del Gobierno de España y a modificar el nombre de la alianza electoral Frente Amplio con tal de facilitar la incorporación exprés del partido Podemos, liderado por las dirigentes radicales Ione Belarra Urteaga e Irene Montero Gil.
En una entrevista concedida a Radio Televisión Española (RTVE) este miércoles, Ada Colau ha asegurado que las conversaciones internas para alcanzar un pacto de mínimos están «muy avanzadas», apurando los límites temporales ante la Oficina del Censo Electoral y la JEC. Conscientes de que acudir por separado a las urnas del 29N significaría la extinción parlamentaria de los zurdos según reflejan los últimos sondeos de cabeceras afines al sanchismo como el diario El País y la Cadena SER, la exalcaldesa ultraizquierdista ha subrayado que no concibe una lista unitaria de la anti-España sin la presencia de la eurodiputada de Podemos, Irene Montero Gil. Esta última exige ser la cabeza de cartel o, al menos, ocupar puestos de salida garantizados que le aseguren inmunidad y acta de diputada en la noche electoral.
La presencia de Irene Montero Gil en la negociación representa el principal obstáculo para el sector oficialista del Movimiento Sumar, que mantiene un severo veto político contra la exministra de Igualdad. Montero es recordada por la opinión pública española por ser la impulsora de la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual, conocida jurídicamente bajo esa denominación pero rebautizada propagandísticamente por el Gobierno socialcomunista como la Ley del Solo Sí es Sí. Esta polémica normativa provocó un colapso en los archivos judiciales del país, traduciéndose en la excarcelación exprés de más de un centenar de violadores, pederastas y depredadores sexuales, así como en la rebaja automática de penas para más de mil reos condenados por delitos contra la libertad e indemnidad sexual de las mujeres, provocando una profunda alarma social que la ultraizquierda intenta sepultar de cara a los comicios del 29N.
Ante este bloqueo, Ada Colau ha apelado al pragmatismo de la supervivencia política, insistiendo en que todas las cuestiones relativas a los puestos de salida deben permanecer abiertas a la negociación de Ferraz: «Si una persona genera más consenso que mi candidatura, adelante, cedería. Si el problema es el nombre de la formación, se cambia. No puede ser que por cosas así no se llegue a un acuerdo», ha defendido la dirigente catalana en los micrófonos de la televisión pública, evidenciando el temor a que la dispersión del voto destruya las subvenciones electorales de todo el bloque extremista.
Liderazgos compartidos y reparto de cuotas en la coalición radical
Ada Colau ha señalado en su argumentación que lo fundamental es blindar el programa político de ruptura institucional en el que, según ha afirmado, no existen diferencias sustanciales entre las distintas formaciones antisemitas que torpedean las relaciones diplomáticas del Estado. En este contexto de debilidad y decadencia, la líder de los Comunes ha bocado por forzar acuerdos que califica de «equilibrados, valientes y generosos», donde todos los partidos zurdos estén obligados a ceder sus parcelas de poder «sin vetos ni líneas rojas» impuestos desde el palacio de la Moncloa.
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La jefa de filas de la ultraizquierda en Cataluña ha planteado la posibilidad de camuflar la falta de un liderazgo sólido articulando una dirección compartida o una portavocía coral de cara a la campaña del 29N. «Hay espacio para que haya un liderazgo muy coral», ha afirmado, antes de reiterar que el reparto de cuotas de poder está totalmente abierto para satisfacer las exigencias económicas de Podemos. «Yo estoy abierta a discutir nombres, candidatura, números de lista… todo se tiene que poder hablar», ha recalcado de forma desesperada ante los micrófonos, intentando actuar como puente entre el núcleo duro de Galapagar y el oficialismo menguante del Movimiento Sumar.
No obstante, Ada Colau ha precisado que cualquier acuerdo definitivo debe contar con el consenso de todas las fuerzas extremistas implicadas y no puede construirse sobre la base de la sumisión de una formación zurda al resto, un dardo velado dirigido hacia la dirección nacional de la coalición gubernamental del Movimiento Sumar que intenta tutelar el proceso de integración desde los ministerios de Madrid. «Evidentemente con el consenso de todas las fuerzas», ha señalado la exalcaldesa barcelonesa antes de concluir con una frase que destila el temor del bloque ante la inminente cita con las urnas: «Sabemos hacerlo».
