La envidia, una pandemia silenciosa

Antonio Morales Sánchez
FOTOGRAFÍA. ESPAÑA, MARZO, ABRIL Y MAYO 2020. El virus de Wuhan (Hubei) China, coronavirus (covid 19) azota a toda una España en mano de un Gobierno comunista negligente, irresponsables y totalitario del presidente Pedro Sánchez y vicepresidente Pablo Iglesias. Los sanitarios abandonados a su suerte, sin los equipos de protección individual (EPI) durante los primeros dos meses del covid 19 deben protegerse con bolsas de basura. Madrid, 16.06.2020. el sindicato de enfermeros SATSE confirma un total de 74.000 enfermeros contagiados, 5.500 grave, varios muertos por covid 19 y solo 3 de cada 10 con Tests de covid 19,. Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Pandemia porque la envidia está en progresión, destruye la nobleza y va asociada al mediocre, es un pecado capital que se sufre en silencio, pues el que la comete no obtiene placer, ya que más que vivir y disfrutar su vida, está pendiente de vigilar la prosperidad ajena, con lo cual, se da la paradoja de que, en el propio pecado lleva incluida su penitencia, deseando lo que otros tienen. 

Junto a lujuria, gula, avaricia, pereza, soberbia, e ira, según la doctrina cristiana, no son pecados capitales por su importancia, sino por lo que de ellos se deriva a lo largo de la historia, multitud de sentimientos mezquinos y abyectos.

Tres distintos ejemplos:

1-. Fábula popular

El rey de un de un país lejano muy interesado en indagar la naturaleza humana, citó ante su presencia a un súbdito de la corte que tenía un hermano con el que no guardaba buena relación; el rey le hizo una irrechazable propuesta, “Pídeme lo que quieras pero ten en cuenta que a tu hermano le otorgaré el doble de lo que tú desees”.

Tras unos segundos de silencio, debió pensar que si elegía un castillo, el hermano gozaría de dos y si era un condado de tierras, el doble para su oponente, entonces el súbdito dibujó una sonrisa macabra y le espetó al monarca, “Majestad quiero que me saquen un ojo y me dejen tuerto…”. Cómo hasta qué punto, puede llegar la envidia de desear tu propio mal para que al prójimo le resulte peor.

2-. “Amadeus”

“Amadeus”, el film de Milos Forman en el que Antonio Salieri, músico reputado en la corte austríaca que, padecía su enfermiza envidia hacia la genialidad insultante de Mozart.

Salieri percibe que Mozart goza de un don divino, del que éste no es consciente, dado lo irreverente de su conducta: no en vano Salieri ama la música como una vocación religiosa, ha hecho votos de castidad a cambio de que Dios le inspire en la faceta de compositor.

Pero, humillado primero, fascinado después por la obra de Mozart, acaba deduciendo que el don del joven genio es un menosprecio de Dios hacia su persona. Mozart es el instrumento que Dios utiliza para mofarse de la mediocridad de Salieri, dotando a éste de la capacidad para admirar la sublime música de Mozart.

Cada nueva obra estrenada por Mozart es recibida por Salieri como una bofetada del supremo, del que termina renunciando a su fe, mientras desea la muerte de su oponente que continúa escribiendo al dictado de Dios, según constata el respetable pérfido.

3-. Winston Churchill

Winston Churchill definió el socialismo en unas palabras antológicas que siguen vigentes: “Es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”.

Su clarividencia alude al desprecio a la iniciativa del individuo, la aversión al talento del emprendedor, a esquilmar con impuestos confiscatorios al que produce riqueza con el trabajo y el esfuerzo. Es la filosofía macabra que desincentiva el mérito del que persevera en mejorar, con la pueril escusa de que hay que corregir la desigualdad quitándoles a unos para ayudar a otros más pobres, asunto muy loable lo de la justicia social, pero mejor es un trabajo digno que una limosna esclava.

Y esta nefasta ideología que nos gobierna genera una envidia que estigmatiza al emprendedor y desmotiva la búsqueda de empleo. En estos tiempos, la envidia hacia el triunfador es asumida por el mediocre o vago para saciar su autocomplacencia más impúdica.

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