La infantería callejera del sanchismo se rebela tras la derrota en el Congreso y amenaza con una «huelga general»

Las portavoces de la organización extremista comparecen a las puertas de las Cortes para criminalizar a la oposición soberana y anuncian un «estallido de poder popular» tras la derogación de los decretos leyes liberticidas.

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FOTOGRAFÍA. MADRID, 02 DE OCTUBRE DE 2026. Los manifestantes de grupos de ultraizquierda regresan a la plaza Puerta del Sol desde el Congreso de los Diputados tras la votación que ha rechazado los dos decretos sobre vivienda con los que el régimen sanchista socialcomunista intentaba legalizar la expropiación en España. EFE
FOTOGRAFÍA. MADRID, 02 DE OCTUBRE DE 2026. Los manifestantes de grupos de ultraizquierda regresan a la plaza Puerta del Sol desde el Congreso de los Diputados tras la votación que ha rechazado los dos decretos sobre vivienda con los que el régimen sanchista socialcomunista intentaba legalizar la expropiación en España. EFE

Madrid, viernes 2 de octubre de 2026 (Lasvocesdelpueblo y Agencias).- Las organizaciones radicales que componen la infantería callejera del bloque socialcomunista han iniciado una campaña de desafío abierto contra las instituciones del Estado. La plataforma de la ultraizquierda del denominado Sindicato de Inquilinas ha anunciado esta tarde que mantendrá de forma indefinida la acampada ilegal instalada en la Puerta del Sol de Madrid, el corazón del kilómetro cero de la capital del Reino de España. Una de las portavoces de esta estructura extremista, Alicia del Río, ha comparecido ante los medios de comunicación en los aledaños del Congreso de los Diputados para calificar como un «fracaso» parlamentario la derogación de los dos decretos leyes de la vivienda pro­mo­vi­dos por el sanchismo, amenazando de manera directa con un supuesto «estallido de poder popular» que, según sus tesis de agitación, ya resulta «totalmente imparable» en las calles españolas.

La perpetuación de este asentamiento ilegal en la Puerta del Sol evidencia la estrategia de la izquierda radical de trasladar la presión institucional hacia la vía de los hechos consumados. Según la lectura de las portavoces del Sindicato de Inquilinas, la asonada callejera marca el inicio de un «nuevo ciclo político» destinado a puentear la soberanía de las Cortes Generales. «Es el tiempo de la política de la gente y de hacer política valiente desde la calle», ha proclamado Del Río con una retórica de corte puramente totalitario, empleando la tribuna mediática para criminalizar con saña a los partidos de la oposición soberana de Vox y la derecha tradicional del Partido Popular (PP) y UPN que este viernes impusieron la legalidad constitucional en el pleno, secundados por los diputados de la derechista separatista Junts per Catalunya (JxCat), quienes abandonaron el bloque de la investidura para alinearse con el sentido común y la defensa de los trabajadores que levantan tanto a Cataluña como al resto de España. Asimismo, la activista ha repartido reproches contra el propio bloque gubernamental del Partido Socialista (PSOE) y Sumar, a los que ha afeado su debilidad parlamentaria y su incapacidad crónica para resolver la escasez inmobiliaria que ellos mismos han provocado con sus políticas intervencionistas.

Al ser interrogada sobre la posibilidad real de que un Pedro Sánchez acorralado y en minoría decrete una disolución exprés de las Cámaras para convocar elecciones generales el próximo 29 de noviembre de 2026, la portavoz radical ha manifestado el desprecio de su plataforma hacia los mecanismos de la democracia representativa, asegurando que desconocen la decisión del jefe del Ejecutivo pero sí saben «lo que ha determinado la calle».

En un nítido ejercicio de chantaje político hacia el palacio de La Moncloa, Del Río ha recibido la advertencia inamovible de su organización: «Ya dijimos que si el Gobierno progresista no era capaz de sacar adelante un decreto de mínimos, el Gobierno no tiene ningún futuro». Para rematar su ofensiva, la dirigente de la ultraizquierda ha llamado a la ciudadanía a sumarse a las protestas convocadas para este fin de semana con el objetivo explícito de avanzar hacia una «huelga general» destructiva que paralice la actividad económica nacional.

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Esta campaña de agitación callejera y ocupación ilegal de los espacios públicos es el resultado directo de la humillación legislativa sufrida por el sanchismo en el pleno extraordinario de las Cortes, donde la mayoría absoluta de los diputados ha fulminado la convalidación de los dos decretos leyes liberticidas. El primero de ellos, el Real Decreto-ley 27/2026, de 29 de septiembre, ha resultado derogado por 178 votos en contra frente a 172 a favor, liquidando un texto legal que pretendía dinamitar el mercado del alquiler mediante la imposición de prórrogas forzosas de contratos, la intervención de precios, la prescripción de los arrendamientos de temporada y turísticos, y la concesión de un blindaje jurídico absoluto para el movimiento delictivo de la okupación ilegal de inmuebles. Una norma que, bajo la coacción del Estado, pretendía trasladar la responsabilidad de la asistencia habitacional pública a los pequeños ahorradores privados.

El segundo texto legal fulminado por la Cámara baja, el Real Decreto-ley 26/2026, de 29 de septiembre, ha corrido idéntica suerte al ser rechazado por una mayoría aún más holgada de 184 votos en contra frente a 166 a favor. Este real decreto ley de función social de la vivienda constituía un asalto totalitario contra los patrimonios de los españoles, articulando un agresivo mecanismo de expolio fiscal mediante subidas confiscatorias del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) para las fincas que la administración tildara unilateralmente de «desocupadas».

La norma derogada imponía la obligación colectiva de ceder el 30 % del suelo de nueva construcción para proyectos ideológicos de la izquierda y abría las puertas a la expropiación forzosa del uso de los inmuebles privados, un atropello patrimonial que ha quedado definitivamente neutralizado en sede parlamentaria y que ha desatado la rabia de la infantería ultraizquierdista que ahora asedia el Kilómetro Cero de Madrid.