Las noches tórridas desgastan el organismo y afectan al sistema inmunológico

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FOTOGRAFÍA. MURCIA (REGIÓN DE MURCIA), 17 DE AGOSTO DE 2025. Vista de un termómetro que marca 40 grados este domingo, en Murcia. El Ayuntamiento activa un dispositivo especial de atención a las personas sin hogar ante la alerta roja por calor en Murcia desde media mañana y hasta las 21:00 horas. Efe
FOTOGRAFÍA. MURCIA (REGIÓN DE MURCIA), 17 DE AGOSTO DE 2025. Las noches tórridas desgastan el organismo y afectan al sistema inmunológico. España en aviso especial por calor 38-40 ºC del domingo al miércoles. Vista de un termómetro que marca 40 grados este domingo, en Murcia. El Ayuntamiento activa un dispositivo especial de atención a las personas sin hogar ante la alerta roja por calor en Murcia desde media mañana y hasta las 21:00 horas. Efe

Barcelona (Cataluña) España, sábado 27 de junio de 2026 (Efe).- Las noches de calor extremo se han convertido en uno de los grandes riesgos asociados al aumento de las temperaturas en España. Dormir mal durante varios días consecutivos no es únicamente una cuestión de incomodidad: cuando se repiten las llamadas noches tórridas, aquellas en las que la temperatura mínima no baja de los 25 grados, el organismo comienza a sufrir un desgaste que puede afectar al sistema inmunológico, alterar el descanso y aumentar la irritabilidad.

Tras la primera ola de calor del año en España, que dejó al menos 212 muertes asociadas y convirtió el 22 y 23 de junio en el primer y segundo día más cálido registrado en un mes de junio desde, al menos, 1950, el profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Barcelona (UB) Ginés Viscor ha advertido de que este fenómeno climático es cada vez más frecuente y difícil de revertir.

El especialista explica que el problema de las noches calurosas va mucho más allá de la sensación de bochorno. Durante las horas previas al sueño, el cuerpo humano necesita reducir su temperatura interna para facilitar la conciliación del descanso y activar correctamente los procesos de reparación celular y recuperación de tejidos.

Cuando las temperaturas permanecen demasiado elevadas durante la noche, ese mecanismo natural falla. “Si esto se repite durante varias noches, nuestro cuerpo sale perjudicado”, señala Viscor, que alerta de un aumento del riesgo de enfermedades, una mayor vulnerabilidad del sistema inmunitario y alteraciones del estado de ánimo, como irritabilidad o cambios de humor.

El presidente de la Red Internacional de Investigación sobre Resiliencia Urbana (URNet), Lorenzo Chelleri, apunta que el principal problema durante los episodios de calor extremo no son únicamente los picos de 40 grados durante el día, sino la ausencia de un descenso térmico suficiente durante la noche.

Según explica, las ciudades funcionan como grandes acumuladores de calor debido a materiales como el asfalto y el hormigón, que absorben la energía durante las horas de sol y la liberan lentamente cuando cae la noche. Este fenómeno provoca que determinados barrios se conviertan en auténticas «trampas de calor», donde la temperatura permanece elevada incluso durante la madrugada.

Esta situación afecta especialmente al descanso porque el organismo depende en gran medida del entorno para poder enfriarse. Si la temperatura exterior impide que el cuerpo pierda calor, el sueño se vuelve menos profundo y menos reparador, generando cansancio acumulado y un mayor impacto sobre la salud.

Ante este escenario, Ginés Viscor recomienda medidas sencillas para mejorar la calidad del sueño durante las noches más calurosas. Entre ellas destaca el uso de ventiladores de techo, que considera una herramienta muy eficaz para favorecer la disipación del calor corporal. Los modelos actuales, asegura, son silenciosos y permiten generar una corriente de aire que mejora notablemente las condiciones para dormir.

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El experto diferencia esta solución del aire acondicionado, cuyo uso masivo puede generar problemas adicionales. Cuando numerosos aparatos funcionan al mismo tiempo en una misma zona, expulsan calor al exterior y pueden contribuir al aumento de las temperaturas urbanas, reforzando el fenómeno conocido como isla de calor.

Más allá de las medidas individuales, los especialistas reclaman cambios en la planificación de las ciudades. Viscor considera fundamental impulsar los llamados refugios climáticos, espacios como parques, bibliotecas o equipamientos públicos donde la población pueda protegerse del calor y evitar estar expuesta al estrés térmico durante todo el día.

También defiende la construcción de edificios más adaptados a las nuevas condiciones climáticas, capaces de mantener temperaturas adecuadas sin depender exclusivamente de un elevado consumo energético. Entre las medidas propuestas figuran aumentar la vegetación urbana, mejorar la planificación de los barrios y evitar concentraciones excesivas de edificios que dificulten la circulación del aire.

Uno de los colectivos más vulnerables ante las olas de calor son las personas mayores. Con el paso de los años disminuye la percepción de la sed, por lo que muchas personas pueden no detectar que necesitan beber incluso cuando su organismo ya está perdiendo líquidos.

Viscor insiste en la importancia de reforzar la hidratación en este grupo de población y reclama especial atención en residencias de mayores. Cuando la temperatura ambiente supera la corporal, el cuerpo activa la sudoración como principal mecanismo para evitar el sobrecalentamiento, pero ese proceso implica perder agua y electrolitos que deben ser recuperados.

El especialista recuerda que no basta con combatir el calor durante el día: las noches se han convertido en una pieza clave para entender el impacto sanitario del cambio climático. La falta de descanso provocada por temperaturas persistentemente altas puede convertirse en un factor de riesgo acumulativo para millones de personas.

España afronta así un nuevo escenario climático en el que las noches tropicales y tórridas dejan de ser episodios excepcionales para convertirse en un fenómeno cada vez más habitual, obligando a adaptar viviendas, ciudades y hábitos cotidianos para proteger la salud frente a un calor que ya no desaparece cuando cae el sol.