Resultados completo elecciones Comunidad Valenciana: auténtica debacle electoral del PP

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El presidente del PP Valenciano, Alberto Fabra, asume su marcha del Palacio tras perder más de 560.000 votos respecto a 2011 y pasar de 55 escaños a 31 – Los populares siguen como la fuerza más votada, pero dicen adiós a la mayoría absoluta y al poder. Los populares valencianos sufrieron ayer una auténtica debacle electoral. En realidad, el PPCV ganó las elecciones, pero fue su victoria más pírrica y amarga, así como la más inútil desde que hace veinte años se instaló en la Generalitat, en las diputaciones y en los principales ayuntamientos. Victoria, porque, a pesar de todo, la lista encabezada por Alberto Fabra, fue la más votada, e inútil, porque los votos cosechados (más de 635.000) y los 31 diputados en las Cortes no les sirven ni de lejos para mantenerse en el Palau. Entre los 55 escaños logrados en 2011 y los 31 que tendrá esta legislatura media un abismo. Ni si quiera un eventual apoyo de Ciudadanos, el partido al que han huido parte de sus votantes, les permitiría seguir en el poder. Juntos suman 44, a seis de la mayoría absoluta. En concreto, pasa de 22 a 12 diputados por Valencia; de 13 a 8 por Castelló y de 20 a once en Alicante. Y es que el partido de la gaviota, pese a ganar fue el gran derrotado de la jornada. Dijo adiós a la mayoría absoluta (lograda por primera vez en 1999) tras literalmente desplomarse. Pierde prácticamente la mitad de sus votos al pasar de un porcentaje del 50% en 2011 a un 26%. El PP se deja en el camino más de 560.000 votos y no sólo dirá adiós al Palau, sino, lo más probable, a las diputaciones y a las tres capitales de provincia. Un drama sin paliativos; informa Julia Ruiz (Levante).Captura de pantalla 2015-05-25 12.19.12

La conclusión es evidente: Fabra, el presidente que llegó al cargo por la dimisión de Camps no podrá cumplir su sueño de un nuevo mandato legitimado por las urnas y pasará la historia como el líder bajo cuyo mandato el PP se derrumbó. Sobre él se abre ahora un escenario mucho más complicado que el que ha tenido que lidiar estos cuatro años de arcas vacías y asuntos de corrupción: manejar un partido que pasa a la oposición tras dos décadas de poder y sobre el que se cierne una crisis interna difícil de calibrar.

De momento, Fabra está citado hoy en la calle Génova para analizar con Mariano Rajoy y el resto de barones el complejo escenario abierto tras las elecciones autonómicas y municipales. Lo más probable es que Rajoy, que dentro de unos meses se enfrenta a sus propio examen con las urnas, pida un cierre de filas. Fabra lo tendrá más difícil que otros de sus colegas para aguantar, ya que nunca ha logrado controlar el partido, si bien es cierto que su principal referente crítico, Alfonso Rus, está fuera fuego tras el escándalo de la grabaciones del caso Imelsa y su propio batacazo electoral en Xàtiva. Tampoco Rita Barberá, la hasta ayer todopoderosa alcaldesa de Valencia, tiene ya fuerzar moral para pedir al todavía presidente un paso atrás. «¿Quien ejecutará el golpe de Estado?», se preguntaba ayer un veterano del PP.

La jornada electoral de anoche en nada se pareció a las últimas diecinueve que de manera consecutiva ha ganado el partido. El primer aviso llegó con los resultados de las israelitas contratadas por Presidencia de la Generalitat. Solo Fabra y su entorno más próximo tuvo acceso a los datos antes de las 20 horas. Fue el secreto mejor guardado a lo largo de todo el día. Pasadas las 20 horas se difundió en la web de la Generalitat. El presidente votó por la mañana en un colegio electoral en Castelló y regresó a Valencia para seguir la evolución de la jornada desde su despacho con sus más estrechos colaboradores. Entrada la tarde, sobre las 20 horas fueron llegando los consellers, convocados para analizar los datos de la encuesta a pie de urna, que aún les daba un hilo de esperanza. La israelita contratada por el Consell otorgaba un empate técnico entre el bloque de la izquierda y el del PP con Ciudadanos. «Hay partido», aseguraban desde el Palau. El escrutinio se demoró, pero conforme avanzaba, el drama se mascaba ya en la Plaza de Manises.

También la desesperanza cundía en la sede del PP en la calle Quart. A primera hora de la tarde, la sala de prensa empezó a llenarse de cámaras y periodistas, pero pocas almas populares se dejaban caer por el edificio. La coordinadora general del PPCV, Isabel Bonig, llegó, una vez cerrados los colegios electorales, y desde allí siguió la evolución de los resultados. Poco a poco y a cuenta gotas fueron llegando cargos y militantes con caras cariacontecidas. El director de la campaña, Alfredo Castelló, fue el encargado de atender a los medios y de poner buena cara al mal tiempo. Con todo, hubo que esperar hasta casi la medianoche para que Fabra se desplazara al cuartel general, donde ya decenas de periodistas esperaban sus palabras.

El ambiente en la sede del PP poco tenía que ver con aquellas noches electorales que los populares celebraban hasta altas horas de la madrugada en el Hotel Alameda Palace de Valencia. La última fue mayo de 2011: Camps arrasó a pesar de Gürtel. Anoche no hubo champán ni alegría. Todo lo contrario, nervios y lágrimas. El temor a un fin de ciclo, que lleva meses planeando sobre la C. Valenciana, se convirtió ayer en cruda realidad. Y el protagonista, a su pesar, un Alberto Fabra que al filo de la medianoche acudió con algunos de sus consellers (Català, Llombart, Moragues y Buch) y la alcaldesa a la sede.

«Los valencianos piden otra manera de hacer las cosas», reconoció el presidente, quien, visiblemente abatido, asumió que la suma de las fuerzas de izquierda conducen «a una alternativa al PP» en la Generalitat «Hoy se escribe una nueva etapa en la Comunitat Valenciana y el PP estará siempre defendiendo los intereses de los valencianos», añadió. El presidente defendió que el PP ha sido la fuerza más votada, pero que el resultado era «malo», no sólo en la Generalitat, sino también en los municipios y se comprometió en trabajar para recuperar la confianza de los votantes y asegurar la estabilidad. Al acabar, recibió un sentido aplauso de los suyos y se abrazó, entre otros, al síndic Jorge Bellver. El delegado del Gobierno, Serafín Castellano, no pudo retener las lágrimas al despedirse de una apesadumbrada alcaldesa.

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