Testimonios perturbadores de masacre del Hamás en Israel

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FOTOGRAFÍA. JERUSALÉN (ISRAEL), 28 DE DICIEMBRE DE 2023. Detalle de la bandera nacional de Israel en la capital del país judío, Jerusalén. AJN

Jerusalén (Israel), viernes 29 de diciembre de 2023 (Lasvocesdelpueblo, Agencias).- Los testimonios perturbadores de masacre del Hamás del sábado 7 de octubre de 2023 en Israel con protagonistas heridas que tuvieron que improvisarse un escondite de supervivencia, parar su respiración y gravar con sus ojos escenas sin precedentes de violaciones sexuales con sometimiento como clavando un cuchillo varias veces en la espalda de la víctima violándola o descuartizarla después de violarla o dispararla en su vagina.

Por Jeffrey Gettleman, Anat Schwartz y Adam Sella, New York Times -NYT-, que informaron desde todo Israel y entrevistaron a más de 150 personas. Traducción al castellano realizada por Martín Solzi, AJN).

Al principio, se la conocía simplemente como «la mujer del vestido negro». En un video se la puede ver de espaldas, con el vestido roto, las piernas abiertas y la vagina expuesta. Su cara está irreconociblemente quemada y su mano derecha le cubre los ojos.

El video fue grabado en la madrugada del 8 de octubre por una mujer que buscaba a una amiga desaparecida en el Festival de música electrónica Super Nova (festival Rave) del sur de Israel donde, el día anterior, terroristas de Hamás masacraron a cientos de jóvenes israelíes.

El video se hizo viral y miles de personas respondieron desesperadas por saber si la mujer del vestido negro era su amiga, hermana o hija desaparecida.

Una familia sabía exactamente quién era: Gal Abdush, madre de dos hijos de una ciudad de clase trabajadora del centro de Israel, que desapareció de la fiesta esa noche con su marido.

Basándose principalmente en las pruebas de video -verificadas por NYT-, la policía israelí cree que Abdush fue violada, y se convirtió en un símbolo de los horrores infligidos a las mujeres y niñas israelíes durante los atentados del 7 de octubre.

Las autoridades israelíes afirman que en todos los lugares en los que atacaron los terroristas de Hamás -el festival de música, las bases militares a lo largo de la frontera de Gaza y los kibutzim o Kibutz (comunas agrícolas)- maltrataron a las mujeres.

Una investigación de dos meses llevada a cabo por el NYT reveló nuevos y dolorosos detalles, que demuestran que los ataques contra las mujeres del 7 de octubre no fueron hechos aislados, sino parte de un patrón más amplio de violencia de género.

Basándose en imágenes de video, fotografías, datos de GPS de celulares y entrevistas con más de 150 personas, entre testigos, personal médico, soldados y asesores sobre violaciones, el NYT identificó al menos siete lugares en los que, al parecer, mujeres y niñas israelíes fueron agredidas sexualmente o mutiladas.

Cuatro testigos describieron con todo lujo de detalles cómo habían visto a mujeres violadas y asesinadas en dos lugares distintos de la ruta 232, la misma en la que se encontró el cadáver semidesnudo de la Sra. Abdush, acostada en la calzada, en un tercer lugar.

NYT entrevistó a varios soldados y médicos voluntarios que describieron el hallazgo de más de 30 cadáveres de mujeres y niñas en el lugar de la violación y sus alrededores y en dos kibutzim en un estado similar al de la Sra. Abdush: con las piernas abiertas, la ropa arrancada y signos de abusos en los genitales.

Muchos de los relatos son difíciles de soportar, y las pruebas visuales son perturbadoras.

NYT vio fotografías del cadáver de una mujer que los equipos de emergencia descubrieron entre los escombros de un kibbutz asediado, con docenas de clavos clavados en los muslos y la ingle.

El NYT también vio un video, proporcionado por el ejército israelí, que mostraba a dos soldadas israelíes muertas en una base cercana a Gaza y que parecían haber recibido disparos directamente en la vagina.

Hamás negó hasta el momento las acusaciones israelíes de violencia sexual. Los activistas israelíes se indignaron porque el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, y la agencia ONU Mujeres no reconocieron las numerosas acusaciones hasta semanas después de los ataques.

Los investigadores de la unidad más importante de la policía nacional israelí, Lahav 433, no dejaron de reunir pruebas, pero no cifraron el número exacto de mujeres violadas, afirmando que la mayoría están muertas -y enterradas- y que nunca lo sabrán. Ninguna sobreviviente se expresó públicamente.

La policía israelí reconoció que, durante la conmoción y la confusión del 7 de octubre, el día más mortífero de la historia de Israel, no se centró en recoger muestras de semen de los cadáveres de las mujeres, solicitar autopsias o examinar de cerca las escenas del crimen. En ese momento, según las autoridades, estaban concentrados en repeler a Hamás e identificar a los muertos.

Una combinación de caos, enorme dolor y deberes religiosos judíos hizo que muchos cadáveres fueran enterrados lo más rápidamente posible. La mayoría nunca fueron examinados y, en algunos casos, como en el festival musical, donde más de 360 personas fueron masacradas en pocas horas, los cadáveres fueron transportados en camiones.

Las autoridades israelíes no saben cómo explicar a las familias lo que les ocurrió a sus seres queridos en sus últimos momentos. Los familiares de la Sra. Abdush, por ejemplo, nunca recibieron un certificado de defunción. Siguen buscando respuestas.

En los casos de violencia sexual generalizada durante una guerra, no es raro que las pruebas forenses sean limitadas, según los expertos.

«Los conflictos armados son muy caóticos», aseguró Adil Haque, profesor de Derecho en Rutgers y experto en crímenes de guerra. «La gente está más centrada en su seguridad que en construir un caso penal más adelante», agregó.

En muchas ocasiones, dijo, los casos de delitos sexuales se enjuician años después sobre la base del testimonio de víctimas y testigos.

«Puede que el testigo ocular ni siquiera sepa el nombre de la víctima. Pero si pueden testificar: «Vi cómo este grupo armado violaba a una mujer», puede ser suficiente», añadió.

Gritos sin palabras

Sapir, de 24 años, se convirtió en una de las testigos clave de la policía israelí. No quiere que se la identifique plenamente, alegando que sería acosada el resto de su vida si se revelara su apellido.

Sapir asistió al festival con varios amigos y proporcionó a los investigadores un testimonio gráfico. También habló con NYT, en una entrevista de dos horas en una cafetería del sur de Israel en la que relató cómo grupos de hombres armados violaron y mataron al menos a cinco mujeres.

Dijo que a las 8 de la mañana del 7 de octubre estaba escondida bajo las ramas de un árbol, junto a la ruta 232, a unos seis kilómetros al suroeste de la fiesta. Le habían disparado por la espalda y se sentía débil. Se cubrió con hierba seca y se quedó lo más quieta que pudo.

A unos 15 metros de su escondite, explicó, vio motos, autos y camiones que se acercaban. Además señaló que vio a «unos 100 hombres», la mayoría de ellos vestidos con uniforme militar y botas de combate, entrando y saliendo de los vehículos. Dijo que los hombres se congregaron a lo largo de la ruta y se pasaron fusiles de asalto, granadas, pequeños misiles y mujeres malheridas.

«Era como un punto de reunión», expresó.

La primera víctima que vio era una mujer joven que tenía la espalda ensangrentada y los pantalones bajados hasta las rodillas. Un hombre la tiró del pelo y la obligó a agacharse. Otro la penetró, dijo Sapir, y cada vez que ella se estremecía, el terrorista le clavaba un cuchillo en la espalda.

Sapir mencionó que luego vio a otra mujer «destrozada en pedazos». Mientras un terrorista la violaba, otro sacó un cúter y le cortó un pecho, añadió.

«Uno seguía violándola y el otro le arrojaba el pecho a otra persona, que jugaba con él, lo tiraba y caía a la carretera», relató Sapir.

Sapir también contó que los hombres le cortaron la cara y luego la mujer cayó fuera de su vista. Alrededor de la misma hora, dijo, vio a otras tres mujeres violadas y a terroristas que llevaban las cabezas cortadas de otras tres mujeres.

Sapir proporcionó fotografías de su escondite y de sus heridas, y los agentes de policía difundieron un video en el que, con la cara desenfocada, Sapir relata parte de lo que vio.

Yura Karol, consultor de seguridad de 22 años, dijo que estaba escondido en el mismo lugar, y se lo puede ver en una de las fotos de Sapir. Él y Sapir formaban parte de un grupo de amigos que se habían reunido en la fiesta. En una entrevista, Karol dijo que casi no levantó la cabeza para mirar a la ruta pero recordó que vio cómo violaban y mataban a una mujer.

Desde ese día, dijo Sapir, luchó contra una dolorosa erupción que se extendió por todo su torso, y apenas puede dormir, despertándose por la noche, con el corazón palpitante, cubierto de sudor.

«Ese día me convertí en un animal. Estaba emocionalmente distante, aguda, sólo la adrenalina de la supervivencia. Miré todo aquello como si lo estuviera fotografiando con mis ojos, sin olvidar ningún detalle. Me decía a mí misma: Debo recordarlo todo», afirmó Sapir.

Esa misma mañana, a lo largo de la ruta 232 pero en un lugar distinto, a unos dos kilómetros al suroeste de la zona de la fiesta, Raz Cohen -un joven israelí que también había asistido al festival y había trabajado recientemente en la República Democrática del Congo entrenando a soldados congoleños- dijo que se había escondido en un arroyo seco. En una entrevista de hora y media en un restaurante de Tel Aviv, señaló que le sirvió para protegerse de los terroristas que peinaban la zona y disparaban a todo el que encontraban.

A unos 40 metros delante de él, recordó, se detuvo una camioneta cuyas puertas se abrieron de golpe.

Cohen dijo que entonces vio a cinco hombres, todos ellos con cuchillos y uno con un martillo, que arrastraban a una mujer por el suelo. Era joven, estaba desnuda y gritaba.

«Todos se reunieron a su alrededor. Ella estaba parada. Empezaron a violarla. Vi a los hombres formando un semicírculo a su alrededor. Uno la penetró y ella empezó a gritar. Todavía recuerdo su voz, eran gritos sin palabras», expresó Cohen.

«Entonces uno de ellos levanta un cuchillo», relató Cohen, «y la masacran».

Shoam Gueta, uno de los amigos de Raz y diseñador de moda, mencionó que los dos estaban escondidos juntos en el lecho del arroyo. Gueta dijo que vio al menos a cuatro hombres salir de la camioneta y atacar a la mujer. Además, explicó que los terroristas le estaban «hablando, riéndose y gritando», y que uno de ellos la apuñaló con un cuchillo repetidamente, «literalmente descuartizándola».

Horas más tarde, la primera oleada de técnicos voluntarios de urgencias médicas llegó al lugar del festival. En las entrevistas, cuatro de ellos dijeron que habían descubierto cuerpos de mujeres muertas con las piernas abiertas y sin ropa interior -algunas con las manos atadas con cuerdas- en la zona de la fiesta, a lo largo de la ruta, en la zona de estacionamiento y en los campos abiertos alrededor del lugar del festival.

Jamal Waraki, médico voluntario del equipo de respuesta a emergencias de la ONG ZAKA, relató que no puede quitarse de la cabeza a una joven con un chaleco de cuero encontrada entre el escenario principal y el bar.

«Tenía las manos atadas a la espalda. Estaba agachada, medio desnuda, con la ropa interior enrollada por debajo de las rodillas», explicó Waraki.

Yinon Rivlin, miembro del equipo de producción del festival que perdió a dos hermanos en los ataques, afirmó que tras esconderse de los asesinos, salió de una zanja y se dirigió a la zona de estacionamiento, al este de la fiesta, a lo largo de la ruta 232, en busca de sobrevivientes.

Cerca de la autopista, dijo, encontró el cuerpo de una mujer joven, boca abajo, sin pantalones ni ropa interior, con las piernas abiertas. Rivlin señaló que la zona de la vagina de la mujer parecía haberse quitado, «como si alguien la hubiera desgarrado».

Se hicieron descubrimientos similares en dos kibutzim, Be’eri y Kfar Aza. Ocho médicos voluntarios y dos soldados israelíes declararon a NYT que en al menos seis casas diferentes se habían encontrado con un total de al menos 24 cadáveres de mujeres y niñas desnudas o semidesnudas, algunas mutiladas, otras atadas y en ocasiones solas.

Un paramédico de una unidad de comandos israelí dijo que había encontrado los cadáveres de dos adolescentes en una habitación de Be’eri. Una estaba acostada de perfil, con la ropa interior rota y con lastimaduras en la ingle. La otra estaba acostada boca abajo, con el pantalón por las rodillas, la cola descubierta y la espalda manchada con semen.

Como su trabajo consistía en buscar sobrevivientes, relató el paramédico, siguió moviéndose y no documentó la escena. Los vecinos de las dos niñas asesinadas -hermanas de 13 y 16 años- dijeron que sus cuerpos habían sido encontrados solos, separados del resto de su familia.

El ejército israelí permitió que el paramédico hablara con los periodistas con la condición de que no fuera identificado porque sirve en una unidad de élite.

Muchos de los muertos fueron trasladados a la base militar de Shura, en el centro de Israel, para su identificación. También aquí los testigos mencionaron haber visto signos de violencia sexual.

Shari Mendes, una arquitecta llamada como soldado de reserva para ayudar a preparar los cuerpos de las soldados para su entierro, describió haber visto a cuatro con signos de violencia sexual, entre ellas algunas con «mucha sangre en la zona pélvica».

Una dentista, la capitana Maayan, que trabajaba en el mismo centro de identificación, agregó que había visto al menos 10 cadáveres de mujeres soldado de puestos de observación de Gaza con signos de violencia sexual.

La capitana Maayan pidió ser identificada sólo por su rango y apellido debido a lo delicado del tema, señalando que había visto varios cadáveres con cortes en la vagina y ropa interior empapada en sangre y uno al que le habían arrancado las uñas.

La investigación

A las autoridades israelíes no les faltan pruebas de video de los atentados del 7 de octubre. Reunieron horas de grabaciones de cámaras corporales de Hamás, cámaras de seguridad y celulares que muestran a terroristas de Hamás matando a civiles y muchas imágenes de cadáveres mutilados.

Sin embargo, Moshe Fintzy, superintendente adjunto y alto portavoz de la policía nacional israelí, expresó: «Tenemos cero autopsias, cero», haciendo una O con la mano derecha.

Tras el atentado, según la policía, se enviaron forenses a la base militar de Shura para ayudar a identificar los cientos de cadáveres (según las autoridades israelíes, ese día murieron unas 1.200 personas).

Los forenses trabajaron con rapidez para dar a las familias de los desaparecidos una sensación de tranquilidad y determinar, mediante un proceso de eliminación, quién había muerto y quién permanecía secuestrado en Gaza.

Según la tradición judía, los funerales se celebran con prontitud. El resultado fue que muchos cadáveres con signos de abusos sexuales fueron enterrados sin exámenes médicos, lo que significa que las posibles pruebas yacen ahora enterradas bajo tierra. Expertos forenses internacionales explicaron que sería posible recuperar algunas pruebas de los cadáveres, pero que sería difícil.

El Sr. Fintzy dijo que las fuerzas de seguridad israelíes seguían encontrando imágenes que demostraban que las mujeres habían sido maltratadas. Sentado en su escritorio de un imponente edificio de la policía en Jerusalem, abrió su teléfono y mostró el video de los dos soldados con disparos en la vagina, que, según mencionó, fue grabado por terroristas de Hamás y recuperado recientemente por soldados israelíes.

Una colega sentada a su lado, Mirit Ben Mayor, superintendente jefe de policía, expresó que creía que la brutalidad contra las mujeres era una combinación de dos fuerzas feroces, «el odio a los judíos y el odio a las mujeres».

Algunos trabajadores de urgencias médicas desearían haber documentado mejor lo que vieron. En las entrevistas remarcaron que habían trasladado cadáveres y limpiado escenas de matanza. Tratando de ser respetuosos con los muertos, destruyeron pruebas sin darse cuenta.

Muchos de los voluntarios que trabajan para ZAKA, el equipo de respuesta de emergencia, son judíos religiosos y se rigen por normas estrictas que imponen un profundo respeto por los muertos.

«No saque fotos porque no se nos permite sacar fotos. En retrospectiva, me arrepiento», lamentó Yossi Landau, voluntario de ZAKA.

Hay al menos tres mujeres y un hombre que fueron agredidos sexualmente y sobrevivieron, según Gil Horev, portavoz del Ministerio de Bienestar y Asuntos Sociales de Israel. «Ninguno de ellos quiso venir físicamente para recibir tratamiento», explicó. Dos terapeutas dijeron que estaban trabajando con una mujer que fue violada en grupo en el festival y que no estaba en condiciones de hablar con investigadores o periodistas.

El trauma de la agresión sexual puede ser tan fuerte que a veces los sobrevivientes no hablan de ello durante años, explicaron varios consejeros de violación.

«Mucha gente busca la prueba dorada, la de una mujer que testifique sobre lo que le ocurrió. Pero no busquen eso, no presionen a esa mujer», expresó Orit Sulitzeanu, directora ejecutiva de la Asociación de Centros de Crisis por Violación de Israel. «Los cadáveres cuentan la historia», agregó.

La mujer del vestido negro

Una de las últimas imágenes de la señora Abdush con vida -captada por una cámara de seguridad ubicada en la puerta de su casa- la muestra saliendo de su hogar con su marido, Nagi, a las 2:30 de la madrugada del 7 de octubre para ir a la fiesta electrónica.

Él llevaba vaqueros y una camiseta negra. Ella llevaba un vestido negro corto, un chal negro atado a la cintura y botas. Al salir, dio un trago a un vaso (su cuñado recuerda que era Red Bull y vodka) y se ríe.

«Hay que vivir la vida como si fueran los últimos momentos». Ése era su lema, dicen sus hermanas.

Al amanecer, cientos de terroristas cercaron la fiesta desde varias direcciones, bloqueando las salidas. La pareja se subió a su Audi y escribió una serie de mensajes mientras se desplazabas.

«Estamos en la frontera», escribió Abdush a su familia. «Nos vamos.»

«Explosiones», agregó.

Su marido hizo sus propias llamadas a su familia, dejando un mensaje de audio final para su hermano, Nissim, a las 7:44 a.m. «Cuida de los niños. Te quiero», expresó.

Se escucharon disparos y el mensaje se detuvo.

Esa misma noche, Eden Wessely, mecánico de autos, se dirigió al lugar de la fiesta con tres amigos y encontró a la Sra. Abdush semi desnuda en la ruta junto a su auto quemado, a unos nueve kilómetros al norte del lugar. No vio el cuerpo del Sr. Abdush.

Wessely vio otros vehículos quemados y otros cadáveres, y grabó videos de varios, con la esperanza de que ayudaran a los familiares a identificar a los desaparecidos. Cuando publicó el video de la mujer del vestido negro en su cuenta de Instagram, recibió un aluvión de mensajes.

«Hola, según tu descripción de la mujer del vestido negro, ¿era rubia?», decía un mensaje.

«Eden, la mujer que describiste con el vestido negro, ¿recuerdas el color de sus ojos?», decía otro.

Algunos miembros de la familia Abdush vieron ese video y otra versión del mismo filmada por uno de los amigos de la Sra. Wessely. Inmediatamente sospecharon que el cadáver era el de la Sra. Abdush y, por la forma en que se encontró su cuerpo, temieron que hubiera sido violada.

Pero mantuvieron vivo un destello de esperanza de que, de algún modo, no fuera cierto.

Los videos también llamaron la atención de las autoridades israelíes, que poco después del 7 de octubre empezaron a reunir pruebas de las atrocidades cometidas. Incluyeron imágenes del cadáver de la Sra. Abdush en una presentación realizada ante gobiernos extranjeros y organizaciones de medios de comunicación, utilizando a la Sra. Abdush como representación de la violencia cometida contra las mujeres aquel día.

Una semana después de que se encontrara su cadáver, tres asistentes sociales del gobierno se presentaron en la puerta de la casa de la familia en Kiryat Ekron, una pequeña ciudad del centro de Israel, y les dieron la noticia de que la Sra. Abdush, de 34 años, había sido encontrada muerta.

Pero el único documento que recibió la familia fue una carta de una página del presidente de Israel, Isaac Herzog, expresando sus condolencias y enviando un abrazo. El cadáver del Sr. Abdush, de 35 años, fue identificado dos días después del de su esposa. Estaba gravemente quemado y los investigadores determinaron quién era basándose en una muestra de ADN y en su anillo de boda.

Ambos estaban en pareja desde la adolescencia. Para la familia, parece que fue ayer cuando el Sr. Abdush se dirigía a su trabajo para arreglar calentadores de agua, con una bolsa de herramientas colgada al hombro, y la Sra. Abdush cocinaba puré de papas y schnitzel para sus dos hijos, Eliav, de 10 años, y Rafael, de 7 que ahora son huérfanos.

Eliav y Rafael se quedaron a dormir en casa de una tía la noche en que sus padres fueron asesinados. La madre y el padre de la Sra. Abdush solicitaron la custodia permanente, y todo el mundo está colaborando para ayudar.

Noche tras noche, Eti Bracha, la madre de la Sra. Abdush, se acuesta con los niños hasta que se duermen. Hace unas semanas, relató que intentó salir discretamente de su dormitorio cuando el niño más pequeño la detuvo.

«Abuela», le dijo, «quiero hacerte una pregunta».

«Cariño», le dijo ella, «puedes preguntar lo que quieras».

«Abuela, ¿cómo murió mamá?».

Nuestra cobertura de la guerra entre Israel y Hamás

Un acontecimiento traumático: Por encima de las divisiones religiosas y políticas, los israelíes están empezando a asumir lo que el ataque terrorista dirigido por Hamás del 7 de octubre significó para Israel como Estado, para los israelíes como sociedad y para sus ciudadanos como individuos.

Número de muertos en Gaza: El número de residentes de Gaza muertos durante la guerra de Israel en el territorio superó el de cualquier otro conflicto árabe con Israel en más de 40 años. La mayoría de los expertos afirman que lo más probable es que la cifra sea inferior a la real.

Perfil bajo: La guerra de Gaza puso a los Hutíes, una milicia yemení, en el punto de mira mundial. Mientras el grupo crea el caos en el Mar Rojo disparando misiles hacia Israel, Arabia Saudita prefiere mirar desde afuera.

Operaciones en Cisjordania: Desde los atentados del 7 de octubre dirigidos por Hamás contra Israel, el barrio de Jenín, en la Cisjordania ocupada por Israel, fue el centro de lo que los funcionarios israelíes describen como operaciones antiterroristas.

Una Navidad apagada: La guerra en Gaza llevó a la ciudad cisjordana de Belén, tradicionalmente considerada el lugar de nacimiento de Jesús, a moderar sus celebraciones navideñas.