Ana María Torrijos: «¿Qué está pasando? Los datos de las encuestas de intención de voto a un año de las elecciones»

Ana María Torrijos Hernández

Los datos de las encuestas de intención de voto a un año de las elecciones, han provocado un trepidante revuelo informativo, cuya consecuencia inmediata han sido los constantes debates políticos en casi todas las televisiones generalistas; buen síntoma en una Sociedad democrática, si algunas de esas tertulias no hubieran derivado en pasarelas de puro márquetin, para uso y disfrute de espectadores, consumidores de un producto de máxima «rentabilidad», pero que esconde bajo el etiquetado un escenario inseguro y peligroso.

Las prácticas políticas y financieras irresponsables que desde el poder se han realizado, han debilitado y hasta anulado la actividad interna nacional. Los ciudadanos faltos de resortes organizativos que les permitan dirigir todos aquellos espacios sociales propios de un pueblo responsable ante la libertad, se despertarán de la arcadia feliz prometida, como si los síntomas de la debacle no hubieran sido antes visibles.

La corrupción generalizada, el desmoronamiento del mundo laboral, la debilidad de las estructures del Estado y la juventud sin horizontes, nos obliga a una profunda reflexión. Tenemos derecho a vivir con normalidad, sin sorpresas desestabilizadoras, sin mercaderes que solapen la soberanía nacional. La soberanía reside en todos nosotros y somos únicamente nosotros los que tenemos que decidir quiénes gestionen con eficacia y honestidad el interés público.

En los últimos años se ha ido acuñando un modelo de vida efímero y falto de escrúpulos: el éxito fácil, el abandono del esfuerzo, la descalificación del otro, la huida del saber de las aulas, el creer que todo es relativo, que un delito no tiene castigo penal, que el robo es ejercicio habitual entre los gobernantes.

Los cantos de sirena a ritmo nacionalista, con la fractura del Estado de derecho por no respetar el imperio de la ley o a ritmo populista con promesas inviables de sueldo para todos y fuera del capital, nos enfrentan unos contra otros inoculando el odio por no pertenecer a la tribu elegida o por formar parte de una clase social diferente.

Tenemos que hacer visible, adecuada a nuestros tiempos, la frase «¡qué buen pueblo si tuviera buen señor!» para reconquistar la libertad, la justicia y la paz social.

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