“Hubiera tenido que marcharme antes de Cataluña”, «El sermón del bufón»

Lasvocesdelpueblo
15.01.2019. Fotografía facilitada por Albert Boadella, que llega este sábado, 19 de enero, al Festival de Invierno de Torrelavega como actor para presentar "El sermón del bufón" y como presidente de Tabarnia para reconocer que de su carrera solo se arrepiente de una cosa: "Hubiera tenido que marcharme antes de Cataluña". Efe

Efe – De sus rifirrafes con la política, en muy conocida aquella reunión de Boadella con Jordi Pujol en su época de ejecutivo de Banca Catalana, en la que el más tarde president le acusó de “no hacer cultura catalana” porque se dedicaba al mimo. Torrelavega (Cantabria) España, martes 15 de enero de 2019. FOTOGRAFÍA: 15.01.2019. Fotografía facilitada por Albert Boadella, que llega este sábado, 19 de enero, al Festival de Invierno de Torrelavega como actor para presentar “El sermón del bufón” y como presidente de Tabarnia para reconocer que de su carrera solo se arrepiente de una cosa: “Hubiera tenido que marcharme antes de Cataluña”. Efe

Albert Boadella (Barcelona, 1943) llega este sábado, 19 de enero, a Torrelavega como actor para presentar “El sermón del bufón” y como presidente de Tabarnia para reconocer que de su carrera solo se arrepiente de una cosa: “Hubiera tenido que marcharme antes de Cataluña”.

Asegura que el “El sermón del bufón” es el relato teatral de su propia experiencia humana y profesional, de la que saca como moraleja que “el humor es el antídoto contra el fundamentalismo” y que como artista ha perdido “mucho tiempo peleando contra el nacionalismo catalán. Era una batalla perdida de antemano”.

En una entrevista telefónica con EFE, reconoce, con cierta desazón, que mucha gente le conoce ahora más por Tabarnia que por 58 años de Els Joglars, aunque “el único consuelo es que Tabarnia también puede entenderse como una continuación del impulso satírico de Joglars”, pero el fervor de los miles de espectadores que aclamaron a la compañía no se lo va a quitar “nadie”.

Premiado en su profesión, a Boadella la polémica le ha acompañado durante años aunque reconoce que es “un ciudadano encantado de haberse conocido”, lo cual significa que tiene “gran habilidad para dorar muy bien” sus propios errores.

“El sermón del bufón” tiene, como toda obra de teatro, su sermón que es que si se aprende a reír sobre las propias adversidades la vida es un camino relativamente agradable para el que lo practica y para el entorno, pues afirma que no es posible contar lo trágico de la vida sin sentido del humor.

Sin perder nunca ese sentido del humor, Albert Boadella desdobla en la obra su personalidad entre el niño y el viejo artista, entre el indómito y el cívico, entre el histriónico y el reflexivo, además de realizar un repaso mordaz al oficio de comediante y una mirada irónica a su agitada vida con Els Joglars de fondo.

Las proyecciones de los fragmentos más relevantes de sus obras se entremezclan con osadas reflexiones sobre la belleza y la transgresión, los tabús de la modernidad, el estímulo que ejercen los enemigos o la realidad como supremo objetivo.

El polifacético artista -que desde mediados de los 70 que no se subía a un escenario de forma regular-, asegura que el teatro no es el arte del director o del escritor, “es el arte del actor, pues sin él no hay teatro”.

“Durante muchos años los actores me representaban a mí y esta vez decidí representarme directamente sin intermediarios”, por eso “El sermón del bufón” es un Boadella “en libertad” que no teme a las críticas por lo que dice o hace en el escenario.

“Quien no tiene críticas es que está muerto. Soy de naturaleza guerrera y por ello tengo más que agradecer a mis enemigos que a mis partidarios. No hay mayor estímulo para salir a combatir que una buena caterva de adversarios. Por eso la jubilación es un paso decisivo a la muerte cerebral”, afirma.

Desde esa experiencia de 56 años de profesión, considera que el teatro siempre ha sido una plataforma política desde los griegos, pues “hay un teatro que su política es mirar a otra parte y otro que expresa con valentía la realidad circundante”, aunque su fuente de inspiración siempre ha sido la realidad, la cual resulta “mucho más imaginativa que la ficción”.

De sus rifirrafes con la política, en muy conocida aquella reunión de Boadella con Jordi Pujol en su época de ejecutivo de Banca Catalana, en la que el más tarde president le acusó de “no hacer cultura catalana” porque se dedicaba al mimo.

“Este primer encuentro me dio la medida exacta del personaje destinado a salvar la patria oprimida y rápidamente me puse del otro lado para conservar la dignidad y la cartera”, concluye.

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