A punto de morir un soldado español intoxicado tras una fumigación en su puesto de trabajo

¡Sánchez! ¡Sánchez! ¡Sánchez, espero verte algún día en el banquillo de los acusados para posteriormente verte condenado entre rejas por el resto de tu vida! El daño que ya has hecho a nuestro pueblo es irreparable y eso que siempre he escuchado que en la vida todo tiene solución menos la muerte. Lo tuyo no tiene precio; la justicia que merece España es verte tras los muros de la prisión de Alcalá Meco

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FOTOGRAFÍA. SAN FERNANDO (CÁDIZ) ANDALUCÍA (REINO DE ESPAÑA), FECHA IMAGEN NO CONCRETADA. FECHA HECHOS RELACIONADOS, SÁBADO SANTO 30 DE MARZO DE 2024. A punto de morir un soldado español intoxicado tras una fumigación en su puesto de trabajo. En la imagen, el soldado de Infantería de Marina del Reino de España, Juan Carlos González (15 de junio del año 1978).
FOTOGRAFÍA. SAN FERNANDO (CÁDIZ) ANDALUCÍA (REINO DE ESPAÑA), FECHA IMAGEN NO CONCRETADA. FECHA HECHOS RELACIONADOS, SÁBADO SANTO 30 DE MARZO DE 2024. A punto de morir un soldado español intoxicado tras una fumigación en su puesto de trabajo. En la imagen, el soldado de Infantería de Marina del Reino de España, Juan Carlos González (15 de junio del año 1978). "El sufrimiento para nuestro soldado Juan Carlos González comenzó el día 23 de octubre del año 2003. Ese día, este buen hombre fiel servidor a su patria, entraba de puesto de Guardia en el Acuartelamiento Tercio de la Armada en San Fernando (Cádiz)". Crédito cedido por el propio héroe de las Fuerzas Armadas Juan Carlos González a su compañero soldado de Infantería Ligera del Reino de España, Agustín Ángel Fariña Peña/Lasvocesdelpueblo (Ñ Pueblo)

Barcelona (Reino de España), Sábado Santo 30 de marzo de 2024 (Agustín Ángel Fariña Peña).- A punto de morir un soldado español intoxicado tras una fumigación en su puesto de trabajo. Sinceramente creo que escribiendo en una Columna como ésta, especializada en los aberrantes casos de militares del Reino de España, nunca terminaré de hacerlo. Donde un Ministerio de Defensa oculta a la ciudadanía cientos de casos donde injustamente se le ha destrozado la vida a grandes soldados, como el caso que os traigo en el día de hoy. A Defensa les da exactamente igual lo que les ocurra a los valientes soldados españoles, sea en acto de servicio o no, sea en misiones internacionales, etc.. Aquí lo que impera es la Ley; su Ley: la del antiguo Oeste, esa que solamente premia y regala pensiones a lo diestro y siniestro a los que en su día decidieron ser Suboficiales y Oficiales, a los de la Tropa, los más importantes, los que más peligro corren jugándose su integridad física y hasta su propia vida, no; a esos, no. ¡Que son escoria! Porque así es. Y es la realidad en un país en pleno siglo XXI, como el nuestro; mucho alardear de vanguardistas, pero en ocasiones tratan ciertos casos como si viéramos en algún pobre país africano tercermundista.

El caso del soldado de Infantería de Marina Juan Carlos González es otro triste y lamentable episodio que lamentablemente se da más de lo común dentro de nuestras Fuerzas Armadas, pero lo de siempre: quién tiene el poder y el dinero para comprar a los medios de comunicación vendidos al fascismo, al comunismo y a un Gobierno Socio-terrorista-independentista que ha traicionado a todo su pueblo incluyendo a sus propios votantes es lo que tiene. Ahí tenéis a nuestro flamante presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez-Castejón —el felón o como a mi me gusta llamarlo: «El sepulturero»—, quien en su momento dijo que «el gasto en Defensa es un gasto superfluo». Pero, luego llegó la pandemia del Coronavirus y dichas palabras suyas se las tuvo que tragar y no por sí solas, se las hizo tragar nuestro propio Ejército; sobre todo el de Tierra quién estuvo ahí, pie con pie arrimando el hombro con todos nosotros, en la calle, jugándoselo absolutamente todo. ¡Sánchez! ¡Sánchez! ¡Sánchez, espero verte algún día en el banquillo de los acusados para posteriormente verte condenado entre rejas por el resto de tu vida! El daño que ya has hecho a nuestro pueblo es irreparable y eso que siempre he escuchado que en la vida todo tiene solución menos la muerte. Lo tuyo no tiene precio; la justicia que merece España es verte tras los muros de la prisión de Alcalá Meco.

El exsoldado de Infantería de Marina Juan Carlos González nació un 15 de junio del año 1978. Tomó la decisión de hacerse soldado profesional de Tropa y Marinería por el gran orgullo que sería para el, representar en carne y hueso lo que corría por sus venas, una sangre roja y amarilla como la preciosa estela de nuestra enseña nacional. Pero su gran ilusión de pertenecer a nuestras Fuerzas Armadas se desvaneció muy pronto (2000/2005), ya que por una mala praxis por parte del Mando, quedó con secuelas que a la postre terminó con su expulsión definitiva del Ejército, terminando así con su gran sueño injustamente y, encima, sin ser reconocido por parte de los servicios médicos militares, como que su patología/enfermedad había sido causa/efecto del servicio porque sí, ese día, el bueno del jerezano de Juan Carlos González estaba cumpliendo como el que más, en su puesto de trabajo.

El sufrimiento para nuestro soldado comenzó el día 23 de octubre del año 2003. Ese día, este buen hombre fiel servidor a su patria, entraba de puesto de Guardia en el Acuartelamiento Tercio de la Armada en San Fernando (Cádiz). Casualmente, el mismo día se había ordenado por parte de sus superiores fumigar el puesto de Guardia del cuartel. El Oficial jefe de esa Guardia, tras la citada fumigación, ordena al soldado González que vigile la puerta de entrada y salida de la vigilancia por parte de la guardia. Él pidió una mascarilla, lógicamente aquello no era nada saludable, más bien tóxico, pero no le dieron nada; nada de nada. Y como buen obediente soldado, acató la orden y se puso en plena vigilancia. Hasta ahí todo bien hasta que cayó la noche y ya de madrugada, estando de centinela, comenzó a sentirse bastante mal. Todo comenzó con mareos, para minutos más tarde pasar a dolores de cabeza, vómitos y sin saber por qué, finalmente perdió la conciencia. Cuando despertó, no se lo podía creer: estaba en una cama, hospitalizado en el ya desaparecido Hospital naval de San Carlos.

¡Y a partir de aquí, qué os voy yo a contar! Más y más de lo mismo. ¡Ya no nos vales! ¡Ya no sirves para el Ejército! ¡Y ala! Marginado, apartado del resto como quién tiene la peste hasta la hora final de la inevitable expulsión del Ejército por pérdida de actitud psicofísica. Su ingreso médico fue bastante largo; estuvo un mes en cama y de dicho mes una semana en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Aún recuerda, cuando despertó por primera vez, cómo se sentía «muy mareado» y lo veía todo «muy borroso». Este exsoldado estuvo muy grave a punto de morir como otros cientos de casos más que son ocultados por la ministra de Defensa, María Margarita Robles Fernández (Margarita Robles), y sus Generales del Ministerio de Defensa.

Cuando mejoró, según sus propias palabras, «el Ministerio de Defensa le contestó que podría seguir realizando su trabajo como soldado profesional, pero como apto con limitaciones (APL), en destinos, por ejemplo, de carácter burocrático, sin realizar misiones internacionales ni maniobras, sin hacer puestos de guardia, etc.». O sea, que podría seguir realizando su gran sueño de pertenecer al Ejército español, pero rebajado de todo tipo de servicios. Juan Carlos González quedó disponible, que viene a decir en palabras dentro del vocabulario tan especial y extenso de nuestro Ejército, a quedar pendiente de asignación de un nuevo destino; destino que debía de concederle el por aquel entonces, excmo. Sr. Jefe Almirante de la Zona Marina del Estrecho.

Tras todo esto, el soldado renovó su compromiso con las Fuerzas Armadas en el mes de diciembre del 2004. Por fin y en mayo del año 2005, a nuestro gran soldado se le asigna su nuevo destino, cayendo destinado en el Campo de Adiestramiento de la Sierra del Retín. Es ahí donde se siente traicionado y doblemente engañado ya que, ilógicamente y tras todo lo sufrido, le vuelven a nombrar para realizar servicios de Guardia, cuando ya y supuestamente al mismo, le había contestado Defensa, que entre otras cosas no volvería a realizar dichas Guardias. Pero lo peor estaba por venir y llegaba como un enorme jarrón de agua helada que caía sobre el cuerpo del joven soldado. Llegó el día más negro y es que, sin previo aviso, —y me reitero en ello, tras volver a renovar con las Fuerzas Armadas— así sin más, a Juan Carlos González lo despiden del Ejército como una auténtica mierda, de la noche a la mañana. Ni se le realiza un acto de despedida con su traje de gala, ni nada de nada, vestido de faena, se le comunica la más que triste noticia para él, que debía de abandonar de inmediato el acuartelamiento y, a su vez, ver truncada así su carrera como militar profesional de Tropa y Marinería.

Ya si hablamos del grado de discapacidad que le otorgan los servicios sanitarios de la Marina española, es para reír por no llorar: un mísero 5%. Sí, increíble. ¿Verdad? ¿Y por qué? Por más de lo mismo que llevo dos meses relatando en mis artículos por este medio de comunicación. Al militar de carrera con accidente sea o no sea en acto de servicio, su pensión, al soldado que ha quedado más que justificado que todo lo vivido y sufrido ha sido en acto de servicio, nada de nada. «¡Eres una cucaracha!». Y como tal fuera, te vuelves a las alcantarillas. Y yo me pregunto: ¿En serio por qué el Ministerio de Defensa español tiene tan diferencia de trato de unos a los otros? ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué eres más ser humano, portando en tu galón, ser un mando a partir de Suboficial, que una franja roja, como Soldado raso? Esta es una de tantas y tantas varas de doble medir que tiene Defensa; esa misma Defensa que de muros hacia fuera, hacia el ciudadano, se muestra como ejemplo a seguir, pero quienes como yo y unos pocos más la conocemos de sus muros hacia dentro, la historia cambia por completo, de forma radical.

Hoy en día, Juan Carlos González, como yo mismo y unos cuantos más, seguimos luchando para que se nos de la Justicia que merecemos porque no es de recibo entrar en unas Fuerzas Armadas pletórico, en los mejores años de tu juventud, lleno de energía, salud, vitalidad, entusiasmo y mil cosas más y que en el mismo transcurso de tu gran sueño alcanzado, dentro de tu vida militar, cuando sufres un accidente que bien te deja secuelas de por vida -tanto físicas como psicológicas- te traten peor que a un perro abandonado lleno de sarna. ¿No se supone que si yo juro ante la bandera, entre otras cosas, «derramar hasta mi última gota de sangre en defensa de España y los españoles» que quién está ahí en el poder militar ha de ser mi gran Aliado y no mi mayor Enemigo? ¡Pueblo, ésta es la auténtica verdad de la era del Ejército profesional español! No te dejes engañar más ni que te cuenten historias para no dormir porque no puede haber algo peor en la vida, que la gran sabiduría de los ignorantes.

Hoy, seguimos luchando en los altos Juzgados civiles de España, nuestro país. Hoy, es un día más de lucha, pero también para nosotros es un día más de sufrimiento, de pesadillas por las noches, de no saber en muchos de los casos, si es mejor seguir viviendo o rendirse con la propia vida y abandonarla porque no es justo que en el destino te tocara lidiar con tales y aberrantes injusticias. Amigo Juan Carlos González, te animo a seguir y a persistir en tu lucha porque ellos son los burgueses acomodados, pero nosotros los auténticos y valiosos soldados españoles. Hoy, no te rindas compañero mío, tampoco lo hagas mañana. ¡Nunca! Porque pagarán los traidores a sus soldados, a su vez, a su patria, esos que se encuentran escondidos entre nuestras propias filas como ratas. Ganaremos la batalla hermano mío; ganaremos porque recuerda siempre una última cosa que te quiero decir —desde este rinconcito tan humilde donde me dejan escribir para sacar los casos militares más graves de toda nuestra historia— y es que: «Dios le da las batallas más grandes y sufridas a sus mejores soldados».

¡A España servir hasta morir!

Soldado de Infantería Ligera del Reino de España,

Agustín Ángel Fariña Peña